El índice de confianza del consumidor brasileño en la economía del país cayó en febrero a 100 puntos, su menor nivel desde junio de 2001, informó la Confederación Nacional de la Industria (CNI).

La confianza del consumidor en febrero bajó un 4% con respecto a enero y un 8,1% en la comparación con el mismo mes de 2014, según la patronal de la industria brasileña, que mide este indicador mensualmente en asociación con el Instituto Brasileño de Opinión Pública (Ibope).

La tasa de confianza, que acumuló cuatro meses de caída consecutiva, se ubicó en febrero más de 10 puntos por debajo del promedio histórico del indicador (110,9 puntos).

De acuerdo con la CNI, la caída de la confianza del consumidor fue provocada por un empeoramiento de la percepción de los brasileños sobre la inflación, el empleo y su renta personal en los próximos meses.

Los consumidores, según el sondeo que escuchó a 2.002 personas en 142 municipios, igualmente dijeron estar en peor situación financiera que en febrero del año pasado, más endeudados y comprando menos bienes de alto valor.

Otro indicador de la confianza del consumidor, el medido por el centro privado de estudios económicos Fundación Getulio Vargas, también registró una fuerte caída del mismo.

Según la Fundación Getulio Vargas, el Índice de Confianza del Consumidor (ICC) cayó desde 89,8 puntos en enero hasta 85,4 puntos en febrero, su menor nivel desde que comenzó a ser medido en septiembre de 2005.

El ICC se ubicó en febrero 9,3 puntos por debajo del registrado a comienzos de 2009 (94,7 puntos), cuando el país enfrentó los efectos de la crisis económica de entonces.

De acuerdo con la Fundación, esa caída fue provocada por la aceleración de la inflación en Brasil, el aumento de las tasas de interés y el empeoramiento de las condiciones en el mercado de trabajo.

"Esa combinación de aumento de la inflación, seguimiento de la tendencia de elevación de los tipos y peores perspectivas para el mercado de trabajo, así como el aumento del riesgo de un racionamiento hídrico y energético, provocó una ola de pesimismo entre los consumidores a comienzos de 2015", según el economista Tabi Thuler Santos, responsable por el estudio.

Las regiones más pobladas de Brasil enfrentan actualmente la peor crisis hídrica en los últimos 30 años y la escasez de agua puede obligar al Gobierno a racionar su suministro y a imponer un racionamiento eléctrico ya que la mayor parte de la energía generada por el país tiene origen en plantas hidroeléctricas.

De acuerdo con Santos, la percepción negativa sobre el rumbo de la economía brasileña "puede contribuir a profundizar la desaceleración del nivel de actividad económica".

La economía brasileña se desaceleró en 2014 y este año puede sufrir una retracción del 0,50%, según las últimas proyecciones de los analistas del mercado financiero.