Sao Paulo. Los industriales brasileños expresaron este jueves su "preocupación" con la situación económica que atraviesa el gigante latinoamericano, el cual está previsto que cierre el año con un crecimiento inferior al 1% y una inflación próxima al techo de la meta establecido por el gobierno (6,50%).

El presidente de la Federación de Industria del Estado de Sao Paulo, Paulo Skaf, afirmó que el sector industrial cerrará 2014 con un retroceso del 1,7% y empleará a 150.000 personas menos este ejercicio.

"Estamos preocupados porque vamos a cerrar un año sin crecimiento económico, con crecimiento negativo en la industria y entraremos en otro año que no será muy diferente. No tenemos nada que conmemorar", dijo Skaf en un encuentro con periodistas celebrado hoy en Sao Paulo.

Entre enero y septiembre la economía brasileña creció un 0,20%, según datos oficiales, y el gobierno espera que el próximo año la expansión del producto interior bruto (PIB) se sitúe en el 0,80%.

El titular de la Fiesp se mostró "ansioso" por escuchar las medidas "concretas" del nuevo equipo económico de la presidenta Dilma Rousseff, al tiempo que destacó la "calidad" y "profesionalidad" de Joaquim Levy, futuro ministro de Hacienda, y de Nelson Barbosa, próximo titular de Planificación.

La jefe de Estado también nombró recientemente como nuevo ministro de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior al expresidente de la patronal industrial Armando Monteiro, quien tendrá por delante el desafío de impulsar uno de los sectores más golpeados por la crisis.

Skaf subrayó que, en opinión del mayor gremio industrial de Brasil, el Gobierno debe reducir la tasa básica de interés (situada en el 11,75%), combatir la volatilidad del real brasileño, aumentar las concesiones y estimular las exportaciones.

Sin embargo, se opuso firmemente a un posible aumento de los impuestos por parte del gobierno, una medida que, en caso de ser adoptada para equilibrar las cuentas públicas, será rechaza por al industria de forma "enérgica".

El titular de la Fiesp también destacó la "gravedad" de la crisis hídrica que desde hace meses golpea a Sao Paulo, el estado más poblado de Brasil, aunque consideró improbable un racionamiento de energía el próximo año.