Sao Paulo. La inflación de Brasil se desaceleró levemente en febrero en la comparación mensual, pero la tasa anual subió por sobre el 6% por primera vez en más de dos años, lo que remarca el desafío que enfrenta el gobierno en una economía en franca expansión.

La inflación supone un gran dolor de cabeza para el nuevo Gobierno de la presidenta Dilma Rousseff, que está aplicando recortes presupuestarios para ayudar a enfriar las presiones sobre los precios al consumidor en la mayor economía de Latinoamérica.

El referencial Indice Nacional de Precios al Consumidor Amplio (IPCA) de Brasil se elevó un 0,80% en febrero, una desaceleración frente al incremento del 0,83% de enero, informó este viernes el estatal Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE).

Se esperaba que el índice trepara a un 0,85%, según la mediana de los pronósticos de 17 economistas en un sondeo de Reuters, que fluctuaron entre un alza del 0,73% y 0,90%.

Aunque la inflación mensual se desaceleró, la inflación a 12 meses se ubicó por sobre el 6% por primera vez desde noviembre del 2008.

En los 12 meses hasta febrero, el índice de precios IPCA subió un 6,01%, frente a un alza del 5,99% en los 12 meses hasta enero.

Eso supera con creces el centro de la meta del Banco Central de una inflación del 4,5% anual para este año, con una tolerancia de dos puntos porcentuales hacia arriba o abajo.

Tasa de interés.

El espectro de una aceleración de la inflación en un país que sufrió hiperinflación hasta la década de los noventa también ha llevado al Banco Central a elevar la tasa de interés dos veces este año, más recientemente el miércoles, cuando aumentó la llamada tasa Selic a un 11,75% desde un 11,25% anual.

Analistas dicen que vendrán más alzas de la tasa de interés y otras medidas para endurecer las condiciones monetarias en la medida en que los precios amenacen con subir más allá del tope del rango de la meta del Banco Central.

Los economistas consultados en el sondeo semanal Focus del Banco Central entre entidades financieras publicado el lunes elevaron sus pronósticos para el índice IPCA a fin de año por duodécima semana consecutiva, a un 5,8%.

El jueves, después de que datos mostraron que la economía creció en el 2010 a su mayor ritmo desde 1986, la presidenta Rousseff aseguró a los mercados de que el Gobierno no permitirá que la inflación se salga de control.

En una señal de que la inflación podría desacelerarse en los próximos meses, los precios de los alimentos subieron mucho menos en febrero que en enero. Un reciente salto en el costo de los alimentos ha preocupado a los gobiernos en todo el mundo.

La valorización del real complica además la lucha del país contra el alza de precios, dado que un alza de tasas para contener la inflación haría subir más a la moneda, quitando competitividad a las exportaciones.

El real se apreció un 4,6% frente al dólar el año pasado, luego de fortalecerse un 34% en el 2009. Eso ha afectado a la industria, que ha debido luchar para igualar el robusto crecimiento de otros sectores de la economía.

Mayores tasas de interés agregarían combustible al alza de la moneda porque los costos del crédito en Brasil, que son de los más altos del mundo, atraer a inversores de todas partes que buscan mayores retornos.

Brasil no es el único mercado emergente que trata de equilibrar la apreciación de su moneda con el aumento de los precios.

En Latinoamérica, Chile anunció una intervención cambiaria de US$12.000 millones este año y la llamada "guerra cambiaria internacional" ha avivado las discusiones y acusaciones entre las mayores economías del mundo, incluyendo a China y Estados Unidos.