El crecimiento acelerado de la economía brasileña, podría tener efectos positivos en el mediano plazo en las calificaciones soberanas de otros países de la región, señala Moody’s Investors Service en un nuevo reporte.

"Brasil no es la China de América Latina, al menos no todavía, principalmente porque el flujo comercial y de capital en la región es limitado", indicó Sergio Valderrama, analista de Moody’s.

Sin embargo, si el desempeño económico del país sudamericano se torna un factor de empuje, "podría derramar efectos positivos que pudieran contribuir al fortalecimiento de las calificaciones soberanas de la región en los próximos años", dijo Valderrama.

Si bien las economías de América Latina, no son tan abiertas ni tan integradas regionalmente como las asiáticas, esta condición está cambiando gradualmente, indicó el analista.  

Respecto de la apertura comercial de la región, ésta incrementó a 55% del PIB entre 2006 y 2009 a diferencia del 40% de finales de la década de los noventa, lo cual está todavía por debajo de la marca de 110% de Asia.

"El auge económico del que goza Brasil actualmente, la mayor estabilidad macroeconómica y las mejores perspectivas de crecimiento de mediano plazo podrían tener efectos positivos directos e indirectos en otros países de Sudamérica, debido al gran tamaño de su economía", indicó el analista.

El PIB de Brasil de US$2.200 millones excede el PIB de US$1.500 millones  del resto de Sudamérica.

El impacto directo de Brasil en sus vecinos incluye mayores niveles de comercialización de bienes y servicios, así como inversión extranjera directa, señala el reporte de Moody’s, mientras que la influencia indirecta incluye un mejor sentir del mercado con respecto a la región en los mercados financieros internacionales y el hecho de que Brasil es un modelo a seguir en cuanto a buenas políticas económicas.

"Los países vecinos están observando de cerca a Brasil", comentó Valderrama. “El atractivo del país se ha reforzado por el liderazgo que emana del Presidente Lula da Silva y por el éxito de sus políticas económicas, que muy probablemente continúen prácticamente sin cambio con el nuevo gobierno.”

Frente al papel de liderazgo que juega Brasil en la región, este podría servir para contrarrestar la influencia política de países que se han dedicado a estilos de gobierno de confrontación y políticas económicas poco ortodoxas.