Dieciocho economías de la región incrementaron en 54%, durante el primer semestre de 2011 -con relación a igual período de 2010-, su nivel de inversión extranjera directa, según cifras entregadas este martes por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

Sin embargo, este indicador tiene un correlativo negativo en el exterior, donde la región ha mostrado una fuerte caída en sus inversiones, las cuales tuvieron un saldo negativo durante el primer semestre.

La Cepal estima que a fines de 2011 las entradas de IED tendrán un muy buen resultado, lo que podría significar un nuevo récord histórico, confirmando las estimaciones realizadas en mayo.

“Los actuales flujos de inversión ratifican el buen desempeño de las economías de América Latina y el Caribe, pese al escenario de turbulencias económicas. En materia de IED nuestro mensaje a los países ha sido -y ahora lo reitero enfáticamente- que aprovechen estos ingresos con políticas de desarrollo productivo e innovación”, dijo la secretaria ejecutiva del organismo, Alicia Bárcena.

Colombia recibió inversiones por una cifra cercana a los US$7.000 millones, 91% superior al primer semestre de 2010 e incluso por sobre el total de la inversión de 2010.

El aumento de los ingresos de IED se explica por la estabilidad y el dinamismo económico en la mayoría de los países y los altos precios de las materias primas, que continúan incentivando la inversión en minería e hidrocarburos, particularmente en América del Sur.

No obstante, a pesar de las buenas perspectivas respecto de la IED, la crisis de deuda soberana en los países europeos, el dilema fiscal de Estados Unidos y la volatilidad financiera global ponen cierta cuota de incertidumbre sobre el financiamiento de las empresas transnacionales y sus futuros planes de inversión, así como sobre el comportamiento económico de la región.

Durante 2011 se ha destacado el desempeño de Brasil, que alcanzó US$44.000 millones de IED entre enero y agosto, una cifra 157% mayor a la registrada en 2010. Esto se explica tanto por nuevos aportes de capital como por un fuerte aumento de los préstamos entre compañías.

Colombia recibió inversiones por una cifra cercana a los US$7.000 millones, 91% superior al primer semestre de 2010 e incluso por sobre el total de la inversión de 2010. Las inversiones se han concentrado principalmente en el sector de hidrocarburos y minería.

Venezuela volvió a mostrar un saldo positivo de IED, con un monto de US$1.184 millones. Por el contrario, Argentina, Chile, México y Paraguay muestran una moderada reducción en sus entradas de IED.

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En América Central todos los países registraron aumentos significativos, con Costa Rica y Panamá como principales receptores de IED en la subregión. Por último, República Dominicana, principal receptor en el Caribe, incrementó sus ingresos de IED en 30%, los que están especialmente asociados al sector minero.

Por el contrario, se observa que las inversiones de empresas latinoamericanas en el exterior –las denominadas translatinas- han mostrado una abrupta caída en los primeros meses de 2011. Esto se explica principalmente por la situación de Brasil, que registró un saldo negativo de US$10.800 millones.

Esta situación, lejos de reflejar un abandono de sus operaciones en el exterior, indica que las empresas brasileñas han reducido su dinamismo inversor en 2011 y que estarían aprovechando oportunidades de negocio en el mercado doméstico y protegiéndose en casa de la incertidumbre en el actual escenario global. Las translatinas brasileñas muestran un fuerte ingreso de capitales desde filiales en el exterior hacia sus casas matrices.

Por su parte México, el mayor inversionista de la región en 2010, materializó inversiones en torno a US$1.000 millones en el primer semestre, apenas 10% de las realizadas en igual período de 2010. De manera menos pronunciada, las inversiones de translatinas chilenas en el exterior se redujeron 30%.

De los principales países inversores, solo Colombia mantiene el dinamismo en el exterior. En 2011, las empresas colombianas están siendo especialmente activas en sectores como electricidad, agua y gas, y en servicios financieros.

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