Ciudad de México. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) refirió en un reporte que el marco regulatorio que México ha desarrollado para atraer inversión extranjera directa (IED) ha sido insuficiente tanto para asegurar su entrada como para garantizar que se generen los beneficios.

Según el estudio de la Cepal, México es uno de los países de mayor atractivo para la inversión extranjera directa,  publica La Jornada, pero está fallando en garantizar el cumplimiento de los beneficios.

El análisis del organismo detalla que ese atractivo responde a la estabilidad política y macroeconómica, su localización geográfica estratégica, su oferta de mano de obra calificada y competitiva, así como el acceso preferencial al mercado de 46 países mediante su red de tratados de libre comercio y la protección que ofrecen los Acuerdos de Promoción y Protección Recíproca de Inversiones (APPRI).

La especialista Luz María de la Mora Sánchez, señala en el informe, que los flujos de capital extranjero recibidos por México anualmente representan alrededor de 2% del producto interno bruto (PIB) y se espera que con la reforma energética la cifra llegue a 3% del PIB.

Explica que en el marco legal vigente, tiene pocas restricciones y otorga previsibilidad y seguridad al inversionista extranjero, "factores que han sido determinantes para convertir a México en un país atractivo para la IED". No obstante, dice que la dinámica de la IED ha acentuado las disparidades en el desarrollo regional pues las áreas rezagadas no han sido capaces por sí mismas de constituirse en polos de atracción de capital extranjero.

El gobierno mexicano ha confiado el atractivo del país para el capital extranjero a la aplicación de un marco regulatorio, sin intervenir proactivamente en como incide sobre el desarrollo del país.

Añadió que durante la etapa de restricción a la IED en México, los gobiernos en turno establecieron reglas que limitaron las actividades en las que el capital extranjero podía participar y que la Ley para Promover la Inversión Mexicana y Regular la Inversión Extranjera de 1973 concibió a ésta como un complemento de la inversión nacional para poder hacerse de tecnología y conocimientos a los que de otro modo no se habría podido tener acceso.

Aunque inicialmente, la perspectiva era salvaguardar la independencia económica y utilizar al capital extranjero para acelerar y apuntalar el proceso de industrialización, las cosas cambiaron a partir de los años 90, con la liberalización de la economía y la amplia desregulación de la IED.

Desde entonces, el gobierno mexicano ha confiado el atractivo del país para el capital extranjero a la aplicación de un marco regulatorio a partir de leyes y reglamentos que permiten la participación de ese capital en una diversidad de actividades, sin intervenir proactivamente en la forma en la que la IED podría incidir sobre el desarrollo del país.

A esto se suma la baja inversión que el país realiza en investigación y desarrollo, que apenas llega a 0.5% del PIB, lo cual frena el desarrollo tecnológico y los beneficios de la transferencia de tecnologías avanzadas.

En consecuencia, el estudio de la Cepal advierte que México requiere con urgencia de una política proactiva de atracción de IED con una mejor articulación entre las necesidades del desarrollo del país con los intereses de las empresas extranjeras.