El 2016 será un año en el que las finanzas públicas tendrán que sortear cuatro desafíos, entre tre los que destacan reafirmar la disciplina fiscal, incrementar los ingresos públicos, hacer frente a los bajos precios del petróleo y erradicar la desigualdad, reconoció Rodrigo Barros.

El titular de la Unidad de Política de Ingresos en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) insistió en que el siguiente año la economía mexicana se enfrentará probablemente a mayores desafíos que los que tuvo en el 2015, debido a que prevalecerá la incertidumbre en los mercados financieros internacionales.

“En lo referente al precio del petróleo, ha emergido un nuevo riesgo relacionado con la conclusión de un acuerdo internacional relativo al programa nuclear de Irán, mismo que podría aumentar la oferta mundial de hidrocarburos con una presión a la baja hacia los precios (del crudo)”, alertó.

Durante su participación en el foro Sistema Nacional de Presupuesto: hacia una reingeniería del ingreso y gasto público, que organizó el Partido Acción Nacional (PAN), Barros reconoció que además de los desafíos ya mencionados, también se deben sumar factores como lo que suceda en la economía griega y el alza en las tasas de interés de Estados Unidos.

Fausto Hernández, investigador del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), indicó que si bien las reformas que impulsó el gobierno federal se han aplaudido, éstas no atacan los problemas fundamentales del país.

“En este contexto lleno de desafíos es indispensable que el paquete económico del 2016 sea una fuente de solidez y estabilidad para el resto de la economía, para que pueda dar certidumbre de que las finanzas públicas son plenamente sostenibles”, añadió.

Desde una perspectiva de mediano plazo, dijo, lo más importante es atender los desafíos que existen en materia de ingresos públicos; el primero de ellos se refiere al nivel de recaudación, que si bien ha aumentado, sigue ubicándose en niveles inferiores a los que se observan en economías con mayores o mismos niveles de desarrollo que nuestro país.

En materia de desigualdad, Barros indicó que la Secretaría de Hacienda comparte la visión de que es alarmantemente elevada en nuestro país y ello hace necesario implementar todas las herramientas de políticas públicas que existen para que puedan contribuir a atenuarla.

En cuanto al combate a la informalidad, refirió: “Sería importante consolidar las ganancias que se han logrado en los últimos dos años para acelerar la incorporación de la formalidad de todas las unidades económicas del país”.

Bajo este orden de ideas, el funcionario reconoció que el 2016 será un año sumamente complejo y lleno de desafíos, en el que se requiere actuar con responsabilidad para continuar avanzando en reafirmar y establecer la disciplina fiscal como una política de Estado.

“Afortunadamente, México cuenta con instrumentos que permiten hacerle frente a los choques internacionales y reducir su impacto en los ingresos públicos”, consideró. En este sentido, destacó el programa de coberturas petroleras, que permiten hacerle frente a un menor precio del petróleo.

Otro instrumento con el que cuentan las finanzas públicas, dijo, es la política fiscal vigente, que permitió fortalecer la recaudación tributaria no petrolera; con información a mayo se observa que creció 28% con relación al año anterior, y se espera que en el 2016 siga con un desempeño ascendente.

Reformas no resuelven problemáticas. Fausto Hernández, investigador del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), indicó que si bien las reformas que impulsó el gobierno federal se han aplaudido, éstas no atacan los problemas fundamentales del país, que son: impulsar el crecimiento económico, disminuir la pobreza y promover la desigualdad del ingreso.

“Después de 30 años de reformas, vemos que hay bajas tasas de crecimiento, altos niveles de pobreza y desigualdad en la distribución del ingreso. Entonces, ¿realmente la solución eran las reformas estructurales?”, cuestionó.

En primera instancia, mencionó que en los últimos años la economía mexicana mantiene un crecimiento promedio de 2,5%, mientras que en el crecimiento de la pobreza, la tendencia se mantiene en un alza de 20%.

Refirió que el diseño de las finanzas públicas no ha ayudado a resolver los problemas anteriores.

“El problema no radica en cómo presupuestamos, sino en la ausencia de un buen diagnóstico y su consecuente política pública que coadyuve a la concepción de los objetivos”.