Tokio.  Japón y Corea del Sur salieron este jueves al ruedo para poner paños fríos a una creciente disputa global sobre los tipos de cambio, comprometiéndose a trabajar con otros países para enfrentar los desafíos derivados de los desequilibrios que afectan a los mercados cambiarios.

Japón fue blanco de críticas el mes pasado cuando intervino para poner freno a la apreciación del yen, mientras que Corea del Sur ha comprado dólares constantemente para mantener débil su divisa, el won, comprando un estimado de US$11.000 millones en las últimas dos semanas.

Luego que el yen ignorara la intervención del mes pasado y escalara a un nuevo máximo de 15 años este jueves, el primer ministro japonés, Naoto Kan, advirtió que Tokio estaba listo para responder con firmeza a las fluctuaciones bruscas en los tipos de cambio.

Pero el mandatario dijo también que cooperaría con sus socios del Grupo de los Siete para resolver los problemas en el mercado cambiario.

En un tono similar, el presidente de Corea del Sur, Lee Myung-bak, quien presidirá el encuentro del próximo mes de los líderes del Grupo de los 20 en Seúl, dijo que el foro debería discutir la coordinación de las políticas cambiarias.

El debate sobre si es correcto que los países intervengan en su tipo de cambio y la manera en que esto podría ocurrir está enfrentando a los países ricos con sus colegas emergentes de Asia y América Latina, y sería uno de los temas más conflictivos dentro de los encuentros del G-7 y el Fondo Monetario Internacional que comienzan el viernes.

Líderes de Occidente temen que los esfuerzos de las economías emergentes para debilitar sus divisas como forma de impulsar sus exportaciones puedan retrasar la frágil recuperación económica global.

Funcionarios de países en desarrollo señalan que las bajas tasas de interés en los países ricos están derivando en masivos flujos de capital hacia sus mercados, fortaleciendo sus monedas y elevando los precios de las acciones, propiedades y otros activos.

Para evitar esto, países desde Corea del Sur hasta Brasil han adoptado medidas para restringir los flujos de capital o han recurrido a intervenciones en el mercado para controlar el alza de sus monedas, generando temores de que estas medidas aisladas puedan derivar en una devastadora "guerra cambiaria".

En una señal de lo espinoso del tema, dos prestamistas globales ofrecieron versiones enfrentadas sobre las consecuencias de frenar los flujos de capital.

El presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, dijo que las economías emergentes deberían considerar medidas para contener los flujos de capital, mientras que un alto funcionario del FMI definió estas medidas como "indeseables".

El subdirector gerente del FMI, Naoyuki Shinohara, dijo que era natural y favorable que el dinero buscara economías con fuerte crecimiento, por lo que las autoridades no deberían tratar de frenar estos flujos o usar la intervención para defender metas cambiarias específicas.