Son muchos los retos a los que se enfrenta la economía española en estos momentos. El país tiene la mayor tasa de desempleo en Europa Occidental (alrededor del 20%), una creciente deuda nacional y un sistema de pensiones en entredicho que hacen que mucha gente se pregunte si la quinta economía en tamaño de la Unión Europea necesitará un plan de rescate similar a los concedidos a Grecia e Irlanda.

El conservador José María Aznar, que fue presidente del gobierno español desde 1996 a 2004, señalaba durante una reciente entrevista en Wharton que su país está pasando en estos momentos un duro test. A pesar de los épicos retos a los que se enfrenta España, la solución a los problemas del país es, según Aznar, muy sencilla: más disciplina fiscal. “El estado español en estos momentos es insostenible, política y financieramente”, afirmaba Aznar. No obstante España –desde 2004 gobernado por el partido socialista-, podría recuperarse con un programa audaz que incluya no sólo la reducción del déficit sino también la disminución de los impuestos y una mayor privatización.

España y el resto de países europeos pueden de forma individual recuperar su competitividad, pero para tener éxito se necesita “un país más flexible con menos costes”, señalaba Aznar. Además de reducir los impuestos, Aznar instaba a las naciones a resolver el problema de los elevados costes laborales y los caros programas de bienestar que existen en toda la Unión Europa.
En España, los sucesores de Aznar se enfrentan a la difícil tarea de llevar a cabo ese tipo de reformas y además contar con la aprobación de la opinión pública. La propuesta de aumentar la edad de jubilación de 65 a 67 años –similar al plan que causó problemas sociales generalizados en Francia-, y otras medidas de austeridad están causando malestar entre los sindicatos españoles. Esto incluye la breve huelga “salvaje” de los controladores aéreos en diciembre, una huelga que los trabajadores iniciaron sin la autorización de los sindicatos, en parte para protestar por el tipo de privatizaciones que Aznar apoya.

Pero Aznar se mantiene fiel a los principios conservadores que le guiaron durante sus ocho años como presidente del gobierno. Estos principios se resumen en su defensa del libre mercado y el gobierno democrático; de una alianza fuerte entre Europa y Estados Unidos; de una Unión Europea fuerte donde el euro se encuentre en sus cimientos económicos; del libre mercado global y de fuertes medidas para hacer frente al terrorismo y a la amenaza de proliferación nuclear. En su opinión, la alianza de Europa con Estados Unidos es particularmente crítica porque comparten valores “basados en la libertad, la democracia, el imperio de la ley en el gobierno, el liberalismo, la transparencia, una economía libre y la igualdad entre hombres y mujeres”.
Durante su mandato en España se crearon cinco millones de empleos –cerca del 60% de todo el empleo creado en la zona euro-, y su deuda nacional se redujo. El propio Aznar fue uno de los principales defensores del euro como divisa común europea. Nada parecía indicar que el Partido Popular no fuese a continuar en el poder en 2004, pero los ataques terroristas que se produjeron esa primavera en Madrid inclinaron la balanza política hacia los socialistas.

Desde que dejó el gobierno, Aznar ha dirigido un think tank vinculado estrechamente al Partido Popular, ha impartido algunos cursos en la Universidad de Georgetown en Washington DC y ha sido consejero de News Corp, propiedad de Rupert Murdoch.

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“Un continente en declive”. En su conferencia en Wharton Aznar ofreció una visión muy general. No obstante, Aznar tuvo tiempo para criticar las políticas liberales de otros gobiernos, incluyendo el aumento del gasto en Estados Unidos bajo la presidencia de Barack Obama. “No comprendo cómo es posible reducir la deuda con más deuda”, decía.
Aznar expresaba el mismo nivel de desconcierto, alzando los brazos al cielo, por el alboroto que se ha formado en Francia por el incremento de la edad de jubilación a los 62 años, inferior todavía a la edad de jubilación en España, incluso antes de la actual propuesta. “¡No es 70!”, señalaba Aznar. “¡Es 62!”. Según Aznar se necesitan grandes reformas en el mercado de trabajo europeo para cambiar las crecientes tasas de desempleo entre los jóvenes.

No obstante, Aznar también recordaba que son muchas las cosas que han cambiado en el mundo desde que dejó su puesto, en particular el rápido crecimiento del poder económico asiático y la cada vez menor capacidad tanto de Europa como de Estados Unidos para ejercer su poder político. “En este mundo, Europa es un continente en declive; un continente rico obviamente, un continente rico pero en declive”, decía Aznar.
Asimismo, Aznar señalaba su sorpresa por el hecho de que la propuesta estadounidense para instar a China a reevaluar su moneda fuese rechazada por el resto de poderes económicos del G-20, una decisión que, en su opinión, no habría sucedido en los años en que él fue presidente. “Esto significa que la situación estratégica que había en el mundo tras el colapso de la URSS ha desaparecido”.

Al igual que muchos otros líderes mundiales, Aznar expresaba cierta decepción por la incapacidad de las medidas de seguridad internas del gobierno estadounidense para prevenir la publicación masiva de telegramas clasificados del Departamento de Estado y otros documentos importantes en la página web de Wikileaks y principales periódicos. No obstante, Aznar señalaba que Internet ha atestado un golpe a los intentos anteriores de mantener la privacidad y que los líderes mundiales deben actuar en consecuencia. “En el mundo de Internet, la privacidad no existe. Pero la confianza debe existir”.

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La forja de una alianza transatlántica. No obstante, Aznar sostenía que la ascensión de Asia y la posición cada vez más débil de Europa Occidental y Estados Unidos hacen imprescindible una fuerte alianza transatlántica, incluso en un momento en que los burócratas americanos podrían estar prestando más atención a la marcha de China y otras partes de la cuenca del Pacífico.
Según Aznar, la Europa moderna básicamente debe su existencia a la alianza histórica con Estados Unidos. Como presidente, Aznar había abogado por la ampliación -y concesión de mayores poderes- de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), declarando que una fuerte alianza militar podría contribuir a proteger la expansión de los ideales occidentales, como la democracia y el libre mercado. Un vínculo más fuerte entre Estados Unidos y Europa podría también –en su opinión-, contribuir a rechazar toda tentación a dar la espalda al libre comercio global y a acercarse al proteccionismo en reacción a la presente crisis económica.

“El proteccionismo fue la peor consecuencia adoptada por los países en los años 30”, señalaba Aznar refiriéndose a la Gran Depresión. “Adoptar medidas proteccionistas fue terrible para la economía mundial… Si los chinos, o el gobierno de Brasil, o los gobiernos de otras economías emergentes defienden el libre comercio mientras Estados Unidos y Europa defienden medidas proteccionistas, éste no es –en mi opinión-, el camino adecuado. Esa no es una buena decisión para el mundo en este momento”.
Otro motivo por el que Aznar apoya una alianza transatlántica fuerte es que ayudará a crear una postura única en la lucha contra el terrorismo internacional. Este es un tema muy importante para él personalmente, aunque no entró en detalles sobre el incidente de 1995 cuando su coche blindado le protegió de la bomba del grupo vasco separatista ETA que iba dirigida a su persona.
“En Washington se puede visitar el memorial a la Guerra de Corea en el que se puede leer una inscripción que dice La libertad no es libre”, explicaba Aznar. “Hay gente a la que no le gusta, a la que lo le gusta la democracia, y están intentando destruirla”. El ex presidente del gobierno expresó su preocupación por el hecho de que Estados Unidos se haya vuelto demasiado despreocupado en su lucha contra el terrorismo porque no se ha producido ningún ataque en territorio estadounidense desde hace prácticamente una década.

Aznar también sostenía que un vínculo fuerte entre naciones occidentales es necesario para luchar contra lo que él considera una creciente amenaza de proliferación nuclear global. “Si Irán se convierte en una potencia nuclear, muchos cambios podrían suceder en el mundo. Pero uno es seguro: otros muchos países podrían también tomar la decisión de convertirse en potencial nucleares”, sugería Aznar. “Imaginemos un mundo con 30 potencias nucleares”.

 

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No obstante, parece obvio que la capacidad de Europa para crear un frente unido en cualquier tema podría sufrir si las dificultades económicas de algunos miembros clave de la Unión Europea –y la potencial necesidad de rescates u otro tipo de intervención-, anima el renacimiento de nacionalismos y la falta de unión en el continente. Aznar expresaba su disconformidad sobre el modo en que se gestionó el rescate financiero masivo de Grecia. “Creo que sería más responsable aceptar que Grecia entrase en suspensión de pagos, reestructurar su deuda y aceptar que algunas empresas privadas sufriesen las consecuencias”. Parte del problema, señalaba, es que, en base al modelo griego, es prácticamente imposible organizar un rescate para cada país europeo que lo necesite. Los futuros rescates, añadía, deben incluir más requisitos, imponiendo el tipo de reformas que nos gustaría ver en España y en el resto del mundo.