-¿Usted tiene una historia particular con Cuba?

-Aprendí español en La Habana, durante el gobierno de Fulgencio Batista, cuando viví con mi familia ahí. Tiempo después pude volver como miembro de las Naciones Unidas, cuando la Universidad de La Habana quería poner en marcha un programa de economía occidental en conjunto con la Universidad de Ottawa; por lo que contaban con fondos canadienses para poder impartir teoría económica a cubanos que allí se formaban, y también a extranjeros que llegaban de todo el mundo a estudiar ese posgrado. La única condición que pidió el gobierno de Fidel, en ese minuto, fue que existieran profesores de economía cercanos a América Latina, y así fue cómo entré de nuevo a Cuba.

-¿Cómo un ingeniero eléctrico que prestaba servicios en el ejército de Estado Unidos termina como economista en Chile?

-Bueno, es cierto. Estuve dentro de un batallón del ejército, instalado en varios países. Tuve la suerte de estar en España y Europa, volver a servir a los Estados Unidos, pero lo más emocionante fue estar estacionado en la Antártida. Fueron tres años en total dentro de las fuerzas armadas. Al terminar esa etapa, me di cuenta que la ingeniería no me gustaba, así que hice mis maletas y fui a la Universidad de Columbia, en Nueva York.

Quizás por haber pasado por tantos países fue naciendo en mí el interés por el desarrollo económico. Es más, tenía la idea en un principio que, con los avances, la revolución industrial y la tecnología, sería posible en un futuro cercano derrotar a la pobreza y ponerle fin. Entonces, con esas ideas en la cabeza tenía que encontrar una ocupación que fuera en esa ayuda, y así nació la idea de estudiar economía. Dentro de mis ideas locas ir ayudando a salir de la pobreza a los países de la región me parecía lo más justo, pero no pensé que Chile iba a ser el hueso más duro de todos.

-¿Qué lo hizo llegar a Chile y qué lo atrajo de su modelo económico?

-Cuando estudias economía, es recomendable que estés donde se encuentra ubicado tu centro de estudio. En este caso, Latinoamérica era mi centro, y por ende, decidí instalarme en Chile utilizando la excusa de hacer mi tesis doctoral sobre el país y América Latina. De Chile me atraía mucho, durante el año 1965 que, en ese entonces, el gobierno de Eduardo Frei Montalva se había propuesto lo que se denominó la "tercera vía de desarrollo", es decir, la construcción de un modelo ni capitalista ni socialista; un experimento que Frei llamó la "revolución en libertad", lo cual me pareció algo muy interesante de venir a estudiar.

Al terminar mi doctorado, residía en Chile ya con esposa y un par de hijas. Y estando en Santiago me llagaron ofertas para trabajar en el Perú y de la Fundación Ford como profesor asociado, las cuales no tomé. Tiempo después fue la Universidad de Harvard la que me ofreció una posición muy atractiva en Colombia, pero a cargo de una oficina de economía y estudios. Acepté sin pensar mucho. Cuando estaba con mi familia listo para partir, con las maletas hechas, y después de haber vendido nuestro departamento por US$9.800, se me comunicó de Harvard que se había perdido el financiamiento y no había trabajo. El escenario volvió a cambiar y nos quedamos en Chile. Tuvimos que arrendar nuestro viejo departamento que habíamos vendido el día anterior. Pero la suerte volvería a llamar, porque de inmediato pude en la Flacso integrar un grupo de trabajo y después pasé a trabajar en Cepal.  Chile se convirtió en mi lugar de residencia.

-¿Qué postura tenía con el gobierno de Salvador Allende?

-Yo fui un opositor leal a Salvador Allende. Siempre estuve ligado a la Democracia Cristiana. Tuve una visión crítica del gobierno de Allende, pero nunca tan crítica como sus propios partidarios. Ahora si comparamos ese Chile con el momento actual del país, ahí sí que el país se debatía entre dos modelos y formas de vida totalmente distintas. Ahí hablábamos de un socialismo extremo o como se entendía en dicha época, no como el que se entiende ahora, el de Suecia, por ejemplo. En ese entonces era el modelo soviético, con todos los sistemas de producción en manos del Estado desde el punto de vista económico, lo cual siempre he creído que es errado.

Cuando cayó Allende, rápidamente quede en la oposición, de nuevo...

Fotograma de "Chicago Boys", documental del 2015

 

CARÁCTER EXPORTADOR

-Y eso nos lleva a las políticas económicas que implantó la dictadura de Augusto Pinochet, donde encontramos antecedentes a la crisis social de Chile hoy. ¿Usted dice dictadura o gobierno de Pinochet?

-Tienes razón en tu afirmación y es buena la pregunta también: yo le digo dictadura, porque eso fue para mí. Déjame contarte que como miembro de Naciones Unidas se me asignó una secretaria chilena de familia de clase alta, que provenía de uno de los mejores colegios del país. Cada vez que yo escribía el borrador de un informe e incluía la palabra "golpe militar", ella sutilmente lo corregía por "pronunciamiento militar"; al principio no me percaté, sino que fueron otros economistas de afuera que me hicieron la observación de aquella sutileza. No hay que poner en duda el poder de las secretarias jamás.

-¿La influencia del grupo de economistas chilenos formados en la Universidad de Chicago, conocidos también como los "Chicago Boys", la vio de cerca entonces?

-Sí, y ahí hay un punto interesante, ya que la Universidad de Chicago convive con dos corazones, uno que es la formación de economistas de élite mundial muy pro capitalistas, y sociólogos de los más reconocidos del mundo con tendencia muy marcada hacia la izquierda. Por otro lado, y sin ánimo de caricaturizar a nadie, la filosofía de la escuela de Chicago es afirmar sin duda alguna que el mercado funciona, y funciona bien; es decir, puede tener pequeñas fallas, pero si ellas existen deben revertirse con más soluciones de mercado, ya que es el único sistema que ha llevado al desarrollo económico a las grandes potencias del mundo. Es más, está la convicción, en dicha escuela de economía, que las posibles fallas en el sistema vienen de la política económica o de los gobernantes, pero no de un Estado.

-Entonces, cuando se producen estallidos sociales o asoman grietas en el modelo capitalista, por ejemplo, como lo que ocurre en Chile, ¿de dónde se originan esas fracturas?

-Lo que dirían los defensores de dicha teoría es que alguien está interviniendo en el mercado, y si extirpamos esa intervención, todo va a volver a funcionar de buena forma.

Ahora, los Chicago Boys tenían un gran mérito, pensando que comenzaron su labor en los años 70 y 80 en Chile... Reivindicaron que el mercado era fuente de desarrollo en un momento en el que en el mundo era muy impopular hacerlo. Por otro lado, otra medida positiva que dejaron fue el cuestionamiento de la doctrina que afirmaba que un país para desarrollarse debía apoyar la industrialización nacional por medio de la aplicación de aranceles a las importaciones. Eso fue crucial, porque en ese minuto se dieron cuenta que un país pequeño como Chile debía tener un carácter eminentemente exportador, por ello, una política de proteccionismo iba a ir en camino de resguardar un mercado enano, como el chileno. Entonces, la decisión de impulsar la vocación de productos para exportación fue la correcta y trascendental para los avances posteriores.

-¿Dónde se equivocaron?

-Fuiste formal en tu pregunta, porque “equivocación” no es lo como yo lo llamaría: diría derechamente desastre, y eso refleja lo que fueron en la política macroeconómica. El intento de bajar la inflación, que algún momento llego al 60% durante Allende, a través del control de dinero y dejar que los precios bajen a donde bajen, te dan ahí las causas principales de la recesión económica que afecto al país durante los años 74 y 75. Y con elementos muy parecidos se llega a la gran recesión económica de los años 82 y 83.

Las políticas macroeconómicas de los Chicago Boys llevaron al país a dos importantes recesiones brutales, que no tienen perdón de Dios. Ante las que cualquier economista te va a decir o más bien le va a ser muy difícil explicar por qué una recesión económica puede ser positiva para un país. Lo anterior, me recuerda una anécdota de un profesor de Harvard que hacía clases a los economistas chilenos en la Universidad de Chicago: ese catedrático me contó que formaba a estos economistas y que ellos después volvían a su país, trabajaban un mes en la banca y ya ganaban más dinero que él, que llevaba más de 30 años de profesor en Chicago. Por eso, ese profesor encontraba muy raro el éxito financiero y económico de los chilenos en tan poco tiempo. Bueno, las crisis económicas posteriores quizás le dieron la respuesta ante esa suspicacia.

 

SILENCIO SEPULCRAL

-¿Comparte la teoría del colapso del modelo económico o el fin del “oasis” chileno? 

-Primero, no comparto la tesis que solo existe una teoría definitoria del porqué hoy Chile llegó a esta crisis social. Hay una que va con la desprotección y fragilidad social, y esa es una teoría; es quizás la teoría del 20% de la población que hoy en Chile suele votar por la coalición política del Frente Amplio (FA). Pero el afán por cambiarlo todo de una sola vez, a veces te impide ver bien el camino a seguir... Por ejemplo, una vez las Juventudes Comunistas de Chile hicieron un encuentro solo de estudiantes de economía de toda la región. Repletaron un teatro donde hablaban de diferentes modelos y teorías económicas, y yo en lo personal compartía muchas de las críticas que se hacían al sistema capitalista. Al final del foro, me tocó exponer y les hice una pregunta: "¿qué país real se asemeja en algo a tu modelo ideal de nación?". El cuestionamiento produjo un silencio sepulcral. Algunos intentaron decir China, pero inmediatamente voces de otros estudiantes los contradecían. Por otro lado, nadie dijo Cuba o Venezuela. Lo extraño es que nadie tampoco dijo Suecia, Noruega o esos nuevos Estados de bienestar. Y ¿por qué no los nombraron? Porque esos países son insuficientemente revolucionarios.

Solo cuando el silencio del auditorio dio paso al fin de la conferencia y cuando me iba se me acerca un estudiante y me dice: "el país real que más se asemeja a mi ideal es lo que Chile habría sido si Salvador Allende hubiera continuado en el poder".

-Entonces, esa opinión por parte de la ciudadanía, de un cambio en el sistema económico, ¿cómo se encausa de buena forma?

-Mi punto es que ese 20% de la población solo ve una cara del problema, y no lo mira en sus múltiples dimensiones, donde fácilmente puedes ponerle 20 críticas de fondo al sistema económico chileno actual y compartirlas todas. Pero donde hay mucho menos consenso es en el país ideal al cual tú quieres apuntar. Cuando levanté la pregunta a los economistas de izquierda, ninguno dijo Suecia o Finlandia, por ejemplo. Entonces, por eso recomiendo separar la crítica de la alternativa que se sugiere; en las alternativas hay mucho menos consenso, porque no ha habido una discusión seria al respecto a la hora de proponer.

EQUIDAD CON PRODUCTIVIDAD

-¿Cuáles son los elementos clave de la economía chilena que impulsarían un nuevo modelo de desarrollo?

-Buena pregunta. Yo creo que si eres un país como Chile, debes ver tus fortalezas económicas. Primero, tienes una vocación eminentemente exportadora, con un sistema de propiedad privada. Ese sector tiene un rol protagónico en el crecimiento, quizás no único, pero tiene importancia relevante. Si esos son tus ejes, yo pienso que habría que dar mucho apoyo en cómo construir algo más moderno, reconociendo dichas características… pero yo antes de criticar reconozco el enorme progreso que ha tenido Chile, ni siquiera obviando las dimensiones de igualdad, donde también se ha avanzado. Entre 1950 y 1985 el PIB per cápita en Chile subió en 37% en 35 años. En los siguientes 34 años, el mismo indicador, creció más de tres veces, es decir 225%, no solo aumentando en las clases de privilegio, sino también en la clase media baja. Hay un indicador que me encanta y que es muy gráfico: si tomas en cuenta que a comienzos de los 90 la mitad de las familias chilenas no tenía refrigerador, la mitad de los hogares tampoco poseía máquina para lavar ropa. Hoy, las familias catalogadas como pobres tienen tantos refrigeradores como la familia promedio en los años noventa. Entonces, sí han existido notables avances y eso no se puede desconocer.

-Usted ha sido un defensor del programa AUGE de salud chileno, donde hoy también se plantean fuertes críticas.

-Así es. La gente se ha olvidado de lo que ha sido ese programa de salud, donde han existido enormes avances; y, por otro lado, he sido muy crítico a lo pendiente que queda por hacer. Un dato concreto es que hoy día Chile tiene una expectativa de vida de seis meses más que la de Estados Unidos, gastando la mitad en el porcentaje del PIB para ello. Entonces, junto con mostrar lo que queda por hacer, me gusta no denigrar lo que se hizo. Yo creo que hoy hay mucha ignorancia en la crítica al sistema económico chileno, y quizás la palabra ignorancia es fuerte… No sé por qué a alguien que tiene 25 años le tiene que interesar cómo era la situación económica en 1990, pero quizás intelectualmente sí le debiera interesar, si es que está haciendo una crítica sobre si el país ha progresado o no. Es muy importante ver todo lo que se avanzó y ver todo lo que queda por hacer.

La minimización del progreso que se ha hecho en Chile es peligrosa, por eso tampoco comparto cuando no apuntan a ninguna solución. A modo de ejemplo, todos deseamos la equidad de Suecia, pero para eso tenemos que tener la productividad de Suecia; esos dos elementos van de la mano.

-Ahora, las dimensiones no económicas de la crisis también son factor en la discusión.

-Así es, y esas son las más irritantes para la población. Ahí tienes por ejemplo "cursos de ética" para empresarios que se coluden o estafan a casi todo el país. Ahí tienes la comprobación de que Chile aún no es una sociedad con fuertes bases meritocráticas o mucho menos meritocrática de lo que era 50 años atrás. Por ende, sigue siendo un país clasista.