La Junta Europea de Riesgo Sistémico, la solución propuesta por Europa para evitar que se repita la crisis financiera, sostiene su primera reunión este jueves sabiendo que debe probar su efectividad incluso sin tener poderes formales de obligatoriedad.

La nueva "super-reguladora" está diseñada para tener un ojo avizor sobre el sistema financiero de Europa y alertar sobre cualquier problema que surja de manera que las autoridades correspondientes actúen.

Si la Junta Europea de Riesgo Sistémico (ESRB, por su sigla en inglés) no es satisfecha, tiene la opción de hacer públicas sus objeciones y dejar el resto a los poderes persuasivos de los mercados financieros.

La junta incluye a los principales banqueros centrales del continente, en una mesa de 37 miembros que reúne además a los jefes de las autoridades bancarias, de intermediación y seguros y al comisario de Asuntos Económicos y Monetarios de la Unión Europea (UE), Olli Rehn.

Los críticos se quejan de que sin ninguna herramienta de obligatoriedad formal, la entidad será demasiado débil para obligar a los países o autoridades a reaccionar a sus advertencias.

Las susceptibilidades podrían también dificultar su efectividad, ya que los políticos podrían argumentar que una advertencia mayor podría ser un detonador de una crisis.

"La pregunta clave es si la junta puede manejar los problemas que son relevantes ahora, tales como la crisis de deuda soberana y si los tenedores de bonos pueden ser obligados a absorber pérdidas sin que se produzca una nueva crisis", dijo Daniel Gros, director del Centro para Estudios Políticos Europeos en Bruselas.

Las advertencias de ESRB tendrá códigos de colores para reflejar la urgencia de la amenaza. La junta reunirá información de varias fuentes, tales como las pruebas de resistencia llevadas a cabo por miembros como la Autoridad Bancaria Europea y análisis de información ya disponibles.