De las que un día fueron las prósperas economías de Europa, aquellas Italia, Irlanda, Holanda, Portugal, Grecia, España y Gran Bretaña, no quedan muchas buenas reflexiones.

Esas que alardeaban de sus magnas inversiones internacionales, de su adecuado crecimiento de capital, de las formas en que los ministros de Hacienda ganaban premios por la implementación de sus buenas políticas y reglas fiscales acompañados del tratamiento que le daban —junto con sus bancos centrales— a las reservas de sus arcas. De esas que, sin proyectar una posible caída libre, no midieron las consecuencias de que la prosperidad que se estaba ganando al debe podría ser perjudicial para su salud. Para su salud financiera.

Ahora, con una combinación de gastos desmesurado, de deudas casi impagables, de reestructuraciones fallidas y tasas de desempleo en cifras inesperadas y difíciles de controlar, la pujante Europa no levanta cabeza y por cuenta no sólo de las calificadoras de riesgo, sino de sus mismas cifras negativas de crecimiento, le está diciendo al mundo que la realidad es poco alentadora.

Gran Bretaña, por ejemplo, se contrajo 0,2% en los tres primeros meses de 2012. La libra esterlina ha perdido fuerza frente a otras monedas internacionales. Y su primer ministro, David Cameron, ha repetido hasta la saciedad que “una situación muy difícil acaba de volverse más difícil”.

En España la crisis se profundiza. El desempleo llegó al 25%, Standard & Poor’s rebajó su calificación, los recortes no dan espera y los miles de manifestantes que se han tomado las calles de Madrid y Barcelona, jalonados por los sindicatos, siguen llamando a la huelga generalizada en 55 distintas ciudades del país de forma permanente. Y qué decir de Italia, Irlanda, Portugal y la más ahogada y convaleciente, Grecia. El futuro no es alentador. Pero, más allá de reconocer que las cifras rojas no pararán y que los líderes de Europa confían en las decisiones que la fuerte Alemania tome le puedan dar un aire a este clamor que grita la Eurozona, hay que preguntarse: ¿qué tanto este cúmulo de malas noticias podría afectar a América Latina, a Colombia?

Nos toca o no. En 2008, cuando se hizo evidente la crisis en Estados Unidos provocada por la burbuja hipotecaria, estaba claro que la demanda de productos colombianos en el exterior bajaría y que los empleos para los inmigrantes también.

“España en marzo de 2009 cayó en recesión. Y esos dos países eran los principales proveedores de remesas de Colombia, que para el momento era de US$4.100 millones al año. Entonces sucedió que para los años venideros esa cifra decreció un 9%”, relata Ricardo Rodríguez, profesor de finanzas internacionales del Politécnico Grancolombiano. Cayeron las exportaciones y muchas empresas tuvieron que despedir personal porque no tenían clientes, agrega.

Hoy, cuatro años después de ese complicado escenario, la realidad es que países como España, Francia y Grecia no pasan su mejor momento. Alemania está un poco mejor y Estados Unidos se recupera lentamente. China no crece igual y Brasil tampoco. La Reserva Federal no sube las tasas de interés, mientras que el Banco de la República sí. Los colombianos que tienen capitales en el exterior los están trayendo al país porque les renta mejor aquí. Y, en resumidas cuentas, apunta Rodríguez, “Colombia se ha visto favorecido en que la situación global no le ha afectado. Pero hay que recordar algo: como está hoy en día no se sabe si puede aguantar”. No se sabe si la entrada de capital extranjero continuará, si se trata de más inversión directa que indirecta, de cuáles son los reales capitales golondrina y qué tipo de tratamiento tributario se les está dando a los nuevos inversionistas.

Y aparece una segunda posición. La cuestión es que Europa aún no es ese socio comercial fuerte que sí es Estados Unidos para Colombia, razón por la cual, detalla Juana Téllez, jefe de investigaciones económicas del BBVA, no hay por qué ver una afectación importante para América Latina ni para Colombia en el corto o mediano plazo. “Somos más expuestos a Estados Unidos y Asia como región y ya nos veníamos preparando para cosas que ya sabíamos, y cuando ya prevenimos, la afectación es menor o nula. Estaba por descontado que Europa no va a crecer este año, entonces bajo esa premisa se hacían los estudios económicos para que no se diera afectación aquí”.

Una posición muy similar comparte Daniel Niño, experto en investigaciones económicas, quien aclara que “los momentos más conflictivos en cuanto a que el crecimiento mundial se iba a deteriorar ya lo vivimos y lo hemos visto en varios de nuestros países socios, no sólo en Europa, sino en países de nuestra región. Observamos que se desaceleraron las exportaciones tradicionales y las no tradicionales, que la banca europea tiene problemas serios porque existe una menor expansión tanto en su presencia en América Latina como en financiación de comercio exterior. Los bancos de allá vendieron en Colombia, también lo hicieron en Chile, y eso va a continuar, pero es algo que ya era previsible”.

Reflexiona sobre lo que se ha logrado hacer y sobre lo que podría pasar en el país. Y lo primero es que se han contenido los riesgos de liquidez. Pero lo que hay que tener presente es si se llega a dar un momento en que los bancos comerciales quieran acaparar dólares y euros y no prestarlos, habría una afectación al comercio exterior. Pero lo que hay que mirar son los otros riesgos: “¿qué pasaría si hay deterioro propio de la región a causa de temas políticos en Venezuela o Argentina, que están asociados con otra cosa que no es Europa? ¿Cómo se desarrolla el proceso político y cómo sigue avanzando la caída económica en Argentina? Eso es lo que hay que mirar, porque lo de España o el Reino Unido, mucho de eso ya estaba contemplado con la reducción de calificación. Ya se esperaba. Ahora lo que surge es cómo se portará el vecindario”.

Y como reza el adagio, en medio de las crisis es cuando surgen las oportunidades, también están los que piensan que la coyuntura que está viviendo Europa es el momento justo para aprovechar esas fugas de capital y atraerlo a Colombia. “Lo que está sucediendo allá nos da oportunidades aquí. Muchas empresas de allá se están viniendo para acá, porque son grandes en negocios como la infraestructura. Al contrario de lo que muchos piensan, se están generando opciones laborales en el país, ellos tienen el capital y el conocimiento, y nosotros la necesidad”, asegura Álvaro José Isaza, presidente de Asesorías e Inversiones. El mismo experto en mercado de capitales, quien observa cómo cualquier efecto en el mercado europeo podría afectar al colombiano, de ahí que insista en que este es el momento para que los capitales invertidos allá lo hagan aquí, teniendo en cuenta que está más seguro en este mercado como posición geográfica.

Será por esta enumeración de razones que los analistas chilenos, peruanos y colombianos han coincidido en varias ocasiones al afirmar que desde mayo del año pasado, cuando se vio el recrudecimiento de Grecia, los gobiernos venían trabajando el tema fiscal. No en vano, en el pasado World Economic Forum, los protagonistas dejaron de ser las viejas potencias económicas. Esas que dieron un paso al costado para escuchar, con un tanto de asombro y más de resignación, los aprendizajes de las economías emergentes, aquellas que, en medio de tropiezos y obstáculos, aprendieron a crecer en medio de las adversidades. Será por eso que la crisis de Europa, la que tiene del cuello a países como España, no parece estar en la agencia de naciones como Colombia.