En abril se pusieron en evidencia las dificultades que enfrentaba la economía griega para poder hacer frente al pago de su abultada deuda pública, lo que impactó negativamente en los mercados financieros del mundo y abrió una interrogante sobre la sostenibilidad de la deuda de otros países europeos en situación similar. Más allá de la implementación del salvataje de la deuda por parte de la Unión Europea en acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), surge la lógica preocupación sobre las posibles repercusiones que ello podría tener sobre los países emergentes, como los de América Latina, y en especial en Uruguay.

Los canales a través de los cuales se transmiten estos fenómenos son diversos: en primer lugar, los canales financieros y de las expectativas de los agentes, y más adelante los canales comerciales, con llegada más directa a la economía real. En cuanto al canal financiero, a pesar del impacto negativo de la crisis europea sobre las bolsas de valores de los principales países latinoamericanos, Uruguay se encuentra fuera de estos círculos, dado el poco desarrollo del mercado de capitales en el país.

Los resultados negativos más notorios en esta área se pueden percibir en el incremento del riesgo-país, que pasó de un mínimo de 152 puntos básicos (pbs) a inicios de abril, a 220 pbs a mediados de mayo, encareciendo las posibles nuevas colocaciones de deuda que el gobierno uruguayo precise llevar adelante en los mercados externos. Sin embargo, la variable que más preocupa en la actualidad a los agentes económicos, ya sean consumidores o empresarios, es el tipo de cambio.

Uruguay ha recibido en el último año un ingreso de capitales muy importante, lo que ha influido en la apreciación de la moneda uruguaya (el peso) respecto al dólar, y al promedio de las monedas de los principales socios comerciales de Uruguay, generando una importante pérdida de competitividad. Uruguay posee una economía fuertemente dolarizada (casi 80% de los depósitos bancarios están nominados en dólares), y gran parte de las transacciones se realizan en esta moneda, por lo que el precio del dólar no sólo afecta al comercio exterior, sino también al patrimonio y a las expectativas de los consumidores.

¿Qué puede esperarse para los próximos meses? Las economías de América Latina continuarán atrayendo capitales de inversión, aunque también los especulativos, ya que esta parte del mundo es vista como más segura y nuestras economías han logrado sobreponerse rápidamente al impacto de la crisis internacional iniciada en septiembre de 2008, con la caída de Lehman Brothers.

Sin embargo, la economía estadounidense también se está recuperando -el FMI espera que este año crezca más de 3%-, por lo que también va a atraer capitales, manteniendo y profundizando la recuperación del dólar frente al euro, un repunte que se viene dando desde que se agravaron los problemas de las economías de la eurozona.

Seguramente, por tanto, las monedas de los países latinoamericanos tenderán a apreciarse frente al euro, aunque no es claro cómo se comportarán ante el dólar. La apreciación monetaria frente al euro repercutirá en la competitividad de las economías de la región, las que seguramente se encarecerán frente a las europeas, lo que sumado a la menor demanda de estos países, debido a la menor actividad económica, hará caer las exportaciones de América Latina hacia estos mercados.

Sin embargo, hay otro impacto importante que no hay que dejar de tomar en cuenta, que es la posible evolución de los precios de los commodities, tanto de alimentos como de materias primas, principales exportaciones de América Latina.

Uruguay en ese espacio tiene una posición especial, ya que es exportador neto de alimentos, básicamente cereales, oleaginosos y carne vacuna, pero es importador neto de petróleo, así como de metales y otras materias primas que no produce. La posible caída de los precios de los commodities para Uruguay repercutiría, por tanto, en forma diversa: mientras que la disminución de los precios de los alimentos y algunas materias primas como lana, madera y celulosa provocaría una caída en el valor total exportado, la contracción del precio del petróleo, así como el de los metales, haría caer el costo de las materias primas importadas, generando un impacto positivo, tanto en la rentabilidad de las empresas que lo utilizan como insumo, como en los precios finales de esos productos.

Igualmente, la suerte que corra la economía uruguaya está atada a la de sus dos grandes vecinos: Argentina y Brasil. Los lazos que unen a las tres economías van más allá del Mercosur y las relaciones meramente comerciales, ya que en las expectativas de los uruguayos siempre están presentes estas economías. En qué medida la crisis de la deuda griega terminará afectando a Uruguay, eso dependerá de una cadena de circunstancias, en las que la política económica uruguaya tiene pocas posibilidades de influir, dado que se trata de una economía pequeña y abierta, sujeta a las condiciones que se le imponen desde afuera. Sin embargo, es fundamental mantener el cuidado de los equilibrios macroeconómicos básicos y continuar avanzando en la mejora de las condiciones sociales de la población.