Cuba, la República socialista del mar Caribe de apenas 11 millones de habitantes, se enfrenta a un año histórico desde el punto de vista económico y social. A partir de ahora, la isla será testigo de la puesta en marcha de un nuevo modelo económico que traerá consigo la gradual entrada a la iniciativa privada o "cuentapropismo", los impuestos y la desaparición de la cartilla de racionamiento, que durante 48 años ha proporcionado a sus habitantes productos y víveres a precios subvencionados y que podría conservarse sólo para un reducido grupo de población menos favorecida.

Pero, a corto plazo, lo que más impacto tendrá será el despido en los próximos meses de 500.000 empleados públicos que tendrán que ser absorbidos por el sector privado. Esta cifra aumentaría hasta un millón trescientos mil en los próximos tres años o el 40% de los empleados con el objetivo de reducir los costes del Estado, mejorar la eficiencia y la productividad de la deteriorada economía cubana.

El país sufre importantes deficiencias de tipo estructural, como la escasez de bienes intermedios para el proceso productivo o las distorsiones en los precios como consecuencia de un tipo de cambio oficial sobrevaluado, a lo que hay que sumar factores externos. Entre ellos, el castigo ocasionado por tres huracanes que en 2008 dejaron pérdidas por valor de US$10.000 millones y la recesión global que incidió muy negativamente en los ingresos procedentes del turismo y de las exportaciones de níquel, dos de sus principales fuentes de ingresos. Según datos de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina), el PIB de Cuba se situó en el 1,4% en 2009 y en el 1,9% en 2010, frente al 4,1% de 2008.

Con la reforma del modelo económico cubano, que no ruptura con la Revolución iniciada en 1959, se pretende rectificar errores. Entre ellos, el más importante "creer que alguien sabía de socialismo, o que alguien sabía de cómo se construye el socialismo", dijo el ex presidente Fidel Castro el pasado mes de noviembre, recordando un discurso considerado histórico que dio en la Universidad de La Habana en 2005. Un año después, en 2006, Fidel Castro cedía la presidencia a su hermano Raúl por motivos de salud, convirtiéndose éste último en el acicate de las reformas económicas en la isla.

Desde que asumiera el poder, Raúl Castro ha pronunciado numerosos discursos en los que se quejaba de la baja productividad de los trabajadores cubanos y de las estrecheces fiscales del gobierno. Ha llegado a afirmar "no podemos continuar gastando por encima de los ingresos ya que sería comernos el futuro y poner en riesgo la supervivencia misma de la Revolución".

Entre las novedades de la reforma está la autorización para que los cubanos elijan entre las 178 actividades por cuenta propia y se conviertan en taxistas, exploten pequeños restaurantes o abran peluquerías. Los ciudadanos podrán, por ejemplo, vender sus productos o servicios a entidades estatales, comercializar productos alimenticios que antes estaban prohibidos, abrir cuentas y acceder a crédito bancario. Por otro lado, habrá más libertad para la producción agraria y se introducirá algo de propiedad privada y de mercado con el objetivo de sortear el desafío que supone importar el 80% de los productos que se consumen en la isla. En el sector de la construcción se permitirá también la edificación de viviendas que ayudará a aliviar la situación de déficit y precariedad de las construcciones.

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El carácter definitivo de las reformas. Paralelamente, el Partido Comunista Cubano (PCC), dio a conocer en noviembre un documento de 32 páginas para el debate nacional en el que se incluían las directrices del nuevo modelo económico que se concretará durante el VI Congreso del Partido en abril de este año. Rafael Pampillón, profesor de Entorno Económico de IE Business School, en Madrid, señala que será en esta cita cuando se de impulso a estas medidas muy en línea con las que se tomaron durante el Periodo Especial, época de crisis que siguió a la caída de la Unión Soviética en los 90 y que significó el cese de las ayudas soviéticas a la isla.
"Aquellas medidas fueron más por el lado de permitir la inversión extranjera, ahora se optará más por el estímulo a la iniciativa privada", señala Pampillón. Por otro lado, las reformas de los 90 fueron de carácter temporal, ya que en seguida se pusieron trabas al sector privado "sobre todo debido a las suspicacias del poder que veían la posibilidad de que provocara desigualdades sociales y tergiversara el sentido ortodoxo de la Revolución", añade Carlos Malamud, investigador principal para América Latina del Real Instituto Elcano.

Según explica el investigador, otra diferencia importante es que, por aquél entonces, Fidel Castro estaba todavía en la cúspide de su liderazgo "y había futuro. Pero actualmente existe el convencimiento de que no hay tiempo, y que éste se acaba. Fidel está totalmente fuera de juego y a su hermano Raúl le queda poco tiempo en el poder [tiene 80 años]".
Y añade que, desde el punto de vista económico, también hay sensación de que el tiempo se agota. En los 90 se creía que con las reformas se podía ganar tiempo para salir de la situación de estancamiento económico, pero hoy en día, dice, "Raúl Castro y sus más inmediatos colaboradores tienen la certeza de que el país está al borde del abismo y para que estos cambios puedan implantarse deben ser definitivos".

En resumen, Pampillón señala que la idea de las reformas es hacer convivir, como en el caso de China y Vietnam, "dos economías: una planificada y otra de mercado, en la que habrá que instrumentalizar una política monetaria, crear un sistema de recaudación fiscal, etc".

El problema de la financiación. Pero los expertos opinan que esto plantea enormes desafíos. Para empezar porque es muy difícil conseguir financiación para crear esos negocios. Sin ella, el plan que ha presentado Raúl Castro es imposible, y lograrla, en opinión de Agustín Ulied, profesor de Economía de ESADE, en Barcelona, es muy complicado. "Uno de cada cuatro empleos públicos va a desaparecer a medio plazo y se compensará a los trabajadores desempleados con un mes por cada 10 años trabajados. Si el sueldo medio en Cuba es de 14 euros (US$19)y se ha trabajado por ejemplo 20 años, ¿qué negocio se va a crear con 28 euros (US$38)?, se pregunta. "Menos si no hay garantías de que las reformas son consistentes", añade.

En su opinión, la única salida que tiene Cuba es que la ayuda llegue de organismos internacionales o por medio de un cambio de actitud del Gobierno americano. "EE.UU. puede ser la tabla de salvación de Cuba si hay un cambio ideológico importante en la isla". De momento, el anuncio de reformas en Cuba se ha traducido en gestos como los anunciados a principios de este año de que se suavizará las restricciones de viajes y el envío de remesas a cubanos que no sean familiares.
Sin embargo, el levantamiento total del embargo comercial que tiene EEUU en contra de Cuba desde los años 60 no tendría visos de hacerse efectivo pronto porque, según explica Malamud, "requiere de la intervención del Congreso y, en este momento, es de mayoría republicana, contraria a su eliminación, así que va a ser complicado. Dependerá del margen de iniciativa que tenga el presidente Obama".

Esto a pesar de que hay quien como Lourdes Casanova, profesora del departamento de Estrategia de Insead, en Francia, opina que "un levantamiento del embargo ayudaría a acelerar el cambio económico en Cuba en tanto en cuanto el régimen cubano perdería parte de su ‘excusa’ para mantenerse en una actitud cerrada". Pero lo que veremos en los próximos meses es, según los expertos, gestos por ambas partes porque, según explica Pampillón, "lo que quieren los cubanos en estos momentos es llegar a acuerdos económicos con EEUU y éste pedirá cosas a cambio".
De momento, Pampillón cree que la única financiación que se va a conseguir en la isla es la proveniente del exterior, a través de las remesas de los inmigrantes o de la inversión directa, tal y como ocurrió durante el Periodo Especial en áreas como el turismo, cemento, construcción, etc. "porque no creo que nadie se atreva a dar crédito por ahora".

 

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Derechos de propiedad y otros obstáculos. Junto con la financiación, los expertos consideran fundamental establecer y respetar los derechos de propiedad. Pampillón señala que "todavía está por ver cómo se va a asegurar a la gente que su negocio será suyo de verdad y no se lo van a expropiar. Será necesario contar con leyes que recojan en algún sistema de registro de la propiedad y que den seguridad jurídica al que inicia un negocio". Él también cree que existen dudas sobre hasta qué punto se querrán formalizar iniciativas empresariales si eso les supone pagar "impuestos que son un poco leoninos". Y por si fuera poco, los permisos y la burocracia representan, en su opinión, un freno para la gestión de las solicitudes de actividad empresarial. "Los cubanos no están acostumbrados a la diligencia para favorecer la iniciativa empresarial".

Malamud añade que también hace falta un mercado interno que funcione efectivamente, donde los trabajadores del sector privado puedan aprovisionarse. "Por ejemplo, han empezado a aflorar en la Habana puestos callejeros de comida, de cafés, nuevos paladares… todos ellos requieren de insumos: alimentos, bebidas y demás, y hace falta un mercado que funcione", comenta.
Otro reto que la actualización del socialismo traerá consigo será la formación de los desempleados públicos para desempeñar unos oficios como el de albañil o fontanero que requieren destrezas poco habituales en Cuba, donde sobran ingenieros o médicos cuya formación era destacada hace algunas generaciones, "pero ahora se ha quedado obsoleta", señala Ulied.
También será necesario un cambio de mentalidad acerca del papel que jugarán los pequeños empresarios en la economía de la isla. "Profesionales como médicos, funcionarios, etc. podrían ver con malos ojos estas iniciativas porque se van a quedar al margen de los beneficios que produzcan", señala Pampillón, quien añade que fueron justamente estos recelos los que frenaron las reformas de los años 90.

Así las cosas, se da por descontado que las reformas traigan consigo cierto malestar social. Malamud comenta que éste podría venir por dos vías: primero, por el retiro de los subsidios al consumo, vía la eliminación de la cartilla de racionamiento y, en segundo lugar, por el agresivo plan de disminución del empleo público. La magnitud del mismo y sus efectos dependerán "de aquellos sectores del establishment que comiencen a verse perjudicados por las reformas". Por un lado, dice, "estaría el malestar social y la oposición desde dentro (del partido) que podría llegar a ser muy fuerte".

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La inaplazable apertura ideológica. Cuba cuenta con pocos ases bajo la manga. El apoyo económico que le ofrece Venezuela en forma de petróleo podría tener los días contados si el izquierdista Hugo Chávez no asegura su poder en las elecciones presidenciales de 2012.
Brasil que también ha expresado su voluntad de apoyar a la isla asesorando a los futuros negocios y cooperativas tiene serias dudas de que el régimen de los Castro se sostenga. De hecho, documentos revelados por WikiLeaks muestran que existen reservas acerca de que la isla pueda asumir una transformación similar a la de China, porque "China es una civilización, Cuba no. No tienen paciencia, recursos u organización para seguir el modelo chino", dijo Marco Aurelio García, asesor de Lula y la actual presidenta Dilma Rousseff en asuntos internacionales, en una reunión con la diplomacia estadounidense. Además, García manifestó la disposición de Brasil a ayudar a Cuba "siempre que sean los propios cubanos los que definan el camino que quieren seguir".

Por todo ello, Ulied cree que en la isla se avecina un drama humano. Él cree que Cuba ha perdido unos dos o tres años preciosos, porque cuando Raúl Castro llegó de forma definitiva al poder en 2008 –en 2006 asumió de forma temporal por la enfermedad de su hermano- la situación económica no estaba tan mal. Si se hubieran acometido las reformas entonces, él piensa que Cuba podría haber seguido los pasos de Vietnam -tampoco cree que de China porque la isla no cuenta con los recursos ni la población del gigante asiático-. Esto le hubiera permitido "mantener la ideología y el partido e ir abriendo la economía poco a poco. Pero se ha esperado tanto para hacer las reformas y las cosas están tan mal que ahora el cambio tiene que ser tan profundo que no se puede mantener la ideología", dice.

En un principio, añade, "los cubanos querrán experimentar con las reformas a nivel interno y si los resultados no son muy buenos se irán abriendo al exterior". Y aunque él cree que en la isla se sigue creyendo en Fidel y existe una buena base ideológica "ésta se puede cambiar de la noche a la mañana". En su opinión, incluso en el partido mentalmente se piensa que estas reformas irán seguidas de un cambio de ideología. "En este momento es la única posibilidad. Han tardado mucho en darse cuenta de que se han quedado solos en el mundo. Es un problema a nivel de su inserción empresarial en el mundo, en la internacionalización de la empresa, y les va a costar mucho subirse al carro de los nuevos tiempos", concluye.