La incertidumbre es la condición misma que impele al hombre a desplegar sus poderes.
Erich Fromm

En economía conductual, uno de los temas de estudio son los sesgos conductuales que, desde una perspectiva psicológica, llevan a las personas a tomar decisiones desviadas de lo que racionalmente les conviene en términos económicos.

Los estudios clasifican dos tipos de sesgos: los cognitivos, que son estrictamente desviaciones de la perspectiva racional y que mayormente se derivan de la falta de conocimiento o información sobre un tema.

El segundo tipo son los sesgos emocionales, relacionados directamente con naturaleza de la psicología humana, por lo que no puede ser atacado simplemente con mayor información.

El primer tipo (sesgo cognitivo) podemos ejemplificarlo con lo siguiente: si a todas las personas que juegan un sorteo de Melate les informamos que la probabilidad de que ganen el premio es de uno en 32 millones y les mostramos puntualmente lo que ello representa, muy probablemente un número de personas dejarán de jugar, porque la información anula el sesgo.

Para ejemplificar el segundo caso (sesgo emocional), piense en un grupo de personas con sobrepeso cuya condición se debe al exceso de consumo de alimentos de alto contenido calórico o grasas. Si les damos información precisa y puntual sobre el efecto de esos alimentos en su salud y cuáles son los alimentos que deben evitar, encontraremos un efecto muy reducido, en la mayoría de los casos, en su conducta.

El llamado sesgo de incertidumbre tiene implicaciones importantes en las decisiones económicas de las personas; se refiere a que las personas tienen una marcada aversión a los momentos de incertidumbre, que entre otras cosas les impide evaluar adecuadamente aun en su propia perspectiva el riesgo.

Este sesgo se consideraba del tipo emocional. Se pensaba que ante condiciones de incertidumbre, las personas evitan tomar decisiones (o toman malas decisiones), por el efecto psicológico que dicha situación les provoca.

Pero una reciente investigación titulada “Behavioral Finance: The aversion to uncertainty bias in individual financial decisions” (Fernandes, Castro, Matsumoto y Chagas), parece mostrar que, por lo menos en algunos casos, este sesgo de incertidumbre opera como un sesgo cognitivo.

El estudio probó inicialmente que este sesgo de incertidumbre puede ser disminuido brindando información a las personas, contrario a lo que en otros estudios se había mostrado. Finalmente, el estudio mostró que este sesgo de aversión a la incertidumbre es más notorio en hombres que en mujeres, y aun cuando se trata de un estudio muy puntual y de alcance limitado, la conclusión es relevante para efectos de nuestra propia planeación financiera.

Porque nuestra aversión a la incertidumbre —que nos puede llevar a no tomar decisiones o peor aun a que éstas sean equivocadas— puede ser disminuida si nos allegamos de información puntual, entendible y precisa sobre el tema que nos ocupa.

En momentos como los que hoy vive el mundo financiero, donde la volatilidad financiera, de tipo de cambio y la incertidumbre derivada de los problemas de credibilidad gubernamental, entre otros, genera una enorme incertidumbre respecto de la evolución futura de la economía, contar con información puntual, sólida y preferentemente no ideologiszada es un muy buen elemento para apoyar nuestras decisiones financieras.

El conocimiento en este caso puede llevarnos a decisiones que realmente convengan a nuestro mejor interés económico futuro.

Contra mi costumbre, quiero aprovechar el espacio para sumarme a la campaña #3DE3, con la que exijamos a aquellos que se postulen a puestos elección popular que publiquen sus declaraciones patrimonial, de intereses y de impuestos, como un primer paso para asegurar la transparencia de quienes elegimos, y para tener una herramienta de seguimiento y evaluación futura de su conducta.