Caracas. Latinoamérica debe realizar un esfuerzo mayor para reducir los efectos de las crisis y avanzar hacia una arquitectura financiera y monetaria más autónoma para favorecer el crecimiento y estabilidad de sus economías, según indica el análisis del Sistema Económico Latinoamericano (Sela).

"La región necesita caminar con mayor firmeza hacia un espacio financiero y monetario común, donde se pueda crear un fondo de contingencia para hacer frente a la inestabilidad internacional, ataques especulativos, requerimientos de liquidez", aseguró el secretario permanente del Sela, José Rivera, al instalar la reunión en la que 27 países debatirán el tema.

El evento, que culmina este en la sede del Sela en Caracas, se realiza en conjunto con el Banco Central de Venezuela (BCV).

En los últimos 37 años América Latina ha pasado por 103 crisis económicas entre problemas bancarios, de deuda y monetarios. Sin embargo, la reciente coyuntura no se originó en la región, lo que le facilitó enfrentarla con mejores recursos.

Además, los embates de la crisis global propiciaron iniciativas en materia de cooperación financiera y monetaria que se sumaron a las ya existentes.

"La cooperación ha dado pasos importantes en lo financiero, como el Banco del Alba, el sucre, el pago en moneda local entre Brasil y Argentina" señala Rivera sobre las recientes propuestas.

Las instituciones y acuerdos precios a la debacle de 2008, también dieron su aporte, como lo señaló Jaime Stay, de la Universidad Autónoma de México, al presentar los documentos base de la reunión del Sela donde se hace un balance la experiencia acumulada y de la visión latina del tema.

"Hay problemas en el funcionamiento", asegura Stay sobre los múltiples mecanismos de integración financiera de la región, "pero no cabe duda de que da cuenta de una historia de las cuales hay que sacar lecciones para lo que quiera realizar".

Por su parte, André Biancareli, docente de la Universidad de Campinas en Brasil, señala que los mecanismos vigentes "necesitan ser complementados con un esfuerzo mayor de cooperación en términos de las políticas nacionales".

Agrega que "es muy difícil lograr avances y reducir la vulnerabilidad externa sin un mayor diálogo macroeconómico e incluso institucionalidad con un norte común que es crecimiento económico, empleo y reducción de desigualdad social".

El Sela señala que los líderes latinoamericanos deben procurar una posición común en temas globales como el foro para debatir la reforma, las regulaciones, las instituciones financieras internacionales y el funcionamiento del sistema monetario mundial.

Además, el organismo propone tres ejes fundamentales de acción, afirmó Stay. El primero es un banco de desarrollo autónomo, sustentable y más flexible en cuando a la condicionalidad de sus préstamos.

El segundo es un fondo regional de contingencia, para enfrentar crisis de liquidez y finalmente establecer un espacio monetario regional.

Venezuela aporta. Sin entrar en detalles políticos sobre los mecanismos de integración y cooperación de la región, el Sela destaca que Venezuela es uno de los países que pone su aporte en la búsqueda de una nueva arquitectura financiera y monetaria en América Latina.

"Venezuela es un activo promotor de los esfuerzos. Está contribuyendo positivamente en esta dirección", señala Rivera.

En el documento del Sela reseña que como parte del programa de PDV Caribe, parte del acuerdo Petrocaribe, entre 2005 y 2008, Venezuela ha financiado a largo plazo US$3.000 millones en la venta de petróleo a los países integrantes de ese bloque, lo que ha representado para ellos "un ahorro superior a US$1.400 millones".

Críticas globales. La reforma mundial de las finanzas y el régimen monetario es un tema que despertó por el ruido de la crisis global. Sin embargo, el avance en esa materia es muy poco a escala planetaria.

Rubín Villavicencio, gerente de relaciones internacionales del Banco Central de Venezuela, señaló que contrario a lo esperado, el Grupo de los veinte países más ricos (G20), "está afianzando el sistema financiero y monetario surgido de los acuerdos de Bretton Woods", en referencia al orden económico imperante desde que terminó la Segunda Guerra Mundial.

Stay concuerda con esa idea y señala que el espacio ideal para este debate debe ser Organización de Naciones Unidas (ONU) porque resuelve el tema de la representatividad que no existe en el G20.