Washington. Las mayores economías del mundo trataban este viernes de superar sus diferencias para elaborar un plan que deje a la economía mundial menos expuesta a auges y caídas muy bruscas.

El desafío de lograr que el G-20 se ponga de acuerdo sobre cómo detectar y enfrentar los peligros para el crecimiento mundial se produce en medio de los temores de las autoridades por las amenazas más inmediatas, como el alto precio del crudo, las enormes deudas y la tensión en Oriente Medio.

China, en el centro del ambicioso plan de política económica global, señaló que dejará que su controlada moneda, el yuan, suba de precio a su propio ritmo.

Aún así, el Grupo de las 20 mayores economías desarrolladas y emergentes del mundo (G-20), el principal foro mundial de coordinación económica, quiere hallar maneras de aislar a la economía de algunos desequilibrios que llevaron a la crisis del 2007-2009 y a la peor recesión global de la posguerra.

El ministro de Finanzas canadiense, Jim Flaherty, dijo que abordar los desajustes entre los países exportadores ricos y los endeudados, que ha sido una peste para la economía global por largo tiempo, era una prioridad del G-20, que representa un 85% de la producción mundial.

Pero ha sido difícil llegar a acuerdos sobre cómo reformar al sistema financiero mundial ahora que la crisis ya pasó. El G-20 está tratando de estrechar las diferencias sobre el plan para abordar los desequilibrios a tiempo para la cumbre de líderes de noviembre.

Incluso si hubiera acuerdo, los países no estarán obligados a seguir ninguna recomendación ya que los acuerdos no son vinculantes, pero los funcionarios esperan que la presión mutua surja efecto.

Hay una división entre las grandes economías emergentes, lideradas por el grupo Brics de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, y las desarrolladas como Estados Unidos.

Los líderes del Brics insistieron en su llamado por un sistema monetario menos dependiente del dólar en una cumbre en China esta semana.


El gobernador del banco central chino, Zhou Xiaochuan, se quedó en su país para participar de la cumbre Brics pero se aseguró de que su voz se escuchara en Washington respecto al tema clave de la reforma cambiaria, al reiterar que la reforma al tipo de cambio en China se llevará a cabo gradualmente.

Funcionarios de Estados Unidos dijeron antes del encuentro del G-20 que la flexibilidad cambiaria era vital para corregir el problema de los superávits excesivos.

El presidente sudafricano, Jacob Zuma, de visita en China, criticó a Estados Unidos por su política monetaria ultra-expansiva y su excesivo gasto que, según dijo, amenazaban a la economía mundial.

El programa de compra de bonos de la Reserva Federal por US$2 billones, destinado a estimular la economía estadounidense, ha sido acusado de rebajar el precio del dólar y generar olas desestabilizadoras de dinero especulativo a los mercados emergentes.

Un panorama incierto complica adicionalmente las cosas. Señales de recuperación en algunos países ricos han llevado a sus bancos centrales a elevar sus tasas de interés.

Pero los altos precios del petróleo y los alimentos amenazan con desacelerar el crecimiento y empeorar la agitación en algunos países en desarrollo.

Además, está la crisis de deuda soberana de la zona euro, los desacuerdos políticos sobre el enorme déficit estadounidense y el daño que sufrió Japón por el terremoto y el tsunami del mes pasado.

Funcionarios del G-20 intentaban el viernes presionar por para alcanzar un acuerdo sobre cómo aplicar pautas para identificar países con excesos de déficit o superávit.

"Es una cuestión de credibilidad para el G-20 que lleguemos este fin de semana a un acuerdo sobre las pautas indicativas", dijo el comisionado de Asuntos Monetarios de la Unión Europea, Olli Rehn.

No se espera que el G-20 nombre países específicos que gasten o ahorren demasiado, pero si lo hiciera, estados Unidos y China casi con certeza encabezarían la lista.

El Fondo Monetario Internacional (FMI), que realiza su asamblea semestral este fin de semana, advirtió a las autoridades que no sean complacientes con sus perspectivas de recuperación simplemente porque lo peor de la crisis ya pasó.