Madrid/Berlín. Los líderes europeos se mostraban inusualmente divididos antes de una crucial cumbre esta semana, en medio de la renovada negativa de la canciller alemana, Angela Merkel, a aceptar la emisión de bonos comunes en la zona euro y a apoyar las súplicas de España e Italia para que se tomen medidas urgentes.

Los costes de endeudamiento de Roma y Madrid se han disparado a niveles que al menos en el caso de España no serían sostenibles en el tiempo.

El presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, dijo este miércoles que pediría a los otros líderes europeos que permitan que los fondos de rescate de la zona euro o el Banco Central Europeo estabilicen los mercados financieros, que tienen en la mira a España por los problemas en su sistema bancario tras el estallido de la burbuja inmobiliaria.

En una presentación en el Congreso de su país antes de un encuentro de los jefes de gobierno europeos previsto para el jueves y viernes en Bruselas, Rajoy advirtió que España no podría seguir financiándose indefinidamente en los mercados si el rendimiento de su bono a 10 años continúa cerca del 7%.

"Lo más importante hoy es poder financiarnos en los mercados. No podemos durante mucho tiempo financiarnos a los precios a los que nos estamos financiando (...) con las primas de riesgo como las que tenemos en España y otros países es muy difícil que la economía pueda crecer," dijo Rajoy durante la sesión de control al Gobierno en el Congreso de los Diputados.

Incluso cuando hay profundos desacuerdos, los líderes de la UE intentan por lo general mostrar una posición unificada antes de las cumbres, conscientes de la presión que ejercen los mercados.

Sin embargo, esta vez las diferencias han quedado al descubierto, especialmente tras la partida del presidente francés Nicolas Sarkozy, aliado de Merkel, y por el hecho de que Roma y Madrid han intentado introducirse en el eje franco-alemán.

Los líderes de Alemania, Francia, España e Italia mantuvieron una conferencia de prensa el viernes pasado donde las divisiones quedaron inusualmente al desnudo.

Hollande dijo que debía haber más solidaridad en Europa antes de que los países puedan ceder más soberanía sobre sus presupuestos, mientras que Merkel dijo que no aceptaría compartir las cargas de la deuda sin un mayor control fiscal.

Ambos mandatarios tendrán una cena de trabajo en París el miércoles, en lo que será una oportunidad para recomponer los lazos. Un intento inicial por suavizar las diferencias se produjo en un encuentro de los ministros de Finanzas de los cuatro países celebrado el martes por la noche, tras el cual no se realizaron declaraciones.

En Roma, el primer ministro italiano, Mario Monti, dijo que no aceptaría declaraciones preparadas de antemano para la cumbre y aseguró estar dispuesto a negociar hasta la noche del domingo de ser necesario para acordar medidas que tranquilicen a los mercados.

Con el apoyo de Hollande, Monti presiona para que los fondos de rescate de la zona euro sean usados para ayudar a contener el alza de los diferenciales de la deuda de los países que respetan las reglas presupuestarias de la UE.

Rajoy, por su parte, buscaría que el Banco Central Europeo reviva su programa de compra de bonos.

No obstante, estas propuestas son rechazadas tenazmente por Alemania, la mayor economía europea y el principal contribuyente del bloque.

Merkel dijo el miércoles que no hay soluciones rápidas ni fáciles para poner fin a la crisis de deuda y señaló que los líderes europeos deben evitar hacer promesas precipitadas que no puedan cumplir.

En un discurso ante la Cámara Baja del parlamento alemán, Merkel reiteró su opinión de que la deuda mutualizada, o eurobonos, sería una política equivocada y sostuvo que Alemania, la principal economía de Europa, no tiene recursos ilimitados.

"Es imperativo que no hagamos promesas que no podamos cumplir y que apliquemos lo que hemos acordado," expresó Merkel en medio de fuertes aplausos.

"La responsabilidad compartida sólo podrá ocurrir cuando existan suficientes controles," añadió.

Las bolsas subieron la semana pasada con la esperanza de que la cumbre número 20 desde el estallido de la crisis presentara medidas drásticas. Desde entonces, los inversores han reducido sus expectativas.

Las acciones europeas subían el miércoles y el euro permanecía plano, en un clima de cautela antes de la cumbre.