La excusa del gobierno argentino para desestimar las colocaciones de deuda que le ofrecieron diversos bancos internacionales no fueron solo las altas tasas, sino también el peligro de que el dinero sea embargado por los fondos buitres que no aceptaron ninguno de los dos canjes de deuda que la nación trasandina ejecutó con los acreedores privados, después de la cesación de pagos declarada en 2001.

La iniciativa del Ejecutivo, a través del estudio de abogados contratado en Estados Unidos, consiste en solicitar al juez Thomas Griesa que aplique en esta suerte de "quiebra soberana" el mismo criterio que rige para las reestructuraciones de deudas entre privados, indica La Nación.

En este caso, si un acuerdo de refinanciación ha sido aceptado por la mayoría de los que reclamaba, el resto debe allanarse a esas condiciones y pierde el derecho a seguir litigando.

De acuerdo a fuentes conocedoras de las negociaciones, "lo que está tan claro para las cuestiones entre privados, no lo está cuando hay un Estado involucrado, con lo cual el resultado es incierto".

Por eso el cambio de estrategia, donde lo importante ahora es solucionar en primera instancia los problemas con el Club de París. Y para eludir al Fondo Monetario Internacional, la idea es pagar en cuotas, pero pocas. Siempre apelando a las reservas, publica el mismo medio.

Con la deuda del Club de París regularizada, Argentina mostraría una proporción mayor todavía de los pasivos regularizados. "Una decisión favorable de la justicia de los Estados Unidos sería todavía más probable", dicen los informantes.