Universia Knowledge Wharton. El crecimiento económico de América Latina se ha visto acompañado por políticas sociales modernas e innovadoras desde el año 2000, lo que ha favorecido una importante reducción de la desigualdad y de la pobreza en la mayoría de los países de la región. Esto ha provocado que se cree y extienda una incipiente clase media cuya progresión en los próximos años marcará el devenir de los países latinoamericanos, señalan expertos de diferentes organismos internacionales e instituciones educativas.

En concreto, un artículo de la Comisión Económica para América Latina de Naciones Unidas (Cepal) titulado Cambia y crece la clase media en América Latina, publicado en abril de este año, destaca que en los diez países más poblados de la región el número absoluto de hogares de estrato medio se elevó de 56 millones a 128 en los últimos 16 años. Como es lógico, este fuerte crecimiento de la clase media no ha sido uniforme a lo largo de la región. Un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) asegura en su informe Perspectivas económicas para América Latina 2011 que el porcentaje de las clases medias en el total de la población se mueve en un abanico que va de Uruguay, donde cerca del 56% de la población está constituida por estratos medios, a Bolivia y Colombia, que cuentan con unos estratos medios que representan aproximadamente un tercio de su población, pasando por México y Chile, donde este grupo representa más o menos el 50% de la población.

Según este organismo de la ONU, diversos factores posibilitaron esos cambios: “En la historia corta cabe destacar a nivel macro las mayores facilidades de financiación que tuvieron los países de la región y la fuerte demanda por muchos de los productos regionales exportables. En la historia larga conviene recordar transformaciones de desarrollo lento, como la reducción de la tasa de dependencia familiar y el aceleramiento de la incorporación de mujeres al mercado laboral”.

Todo esto ha configurado una clase media con unas características propias "que la hacen diferente del estereotipo de concepto que tenemos de la clase media en la mayoría de los países de la OCDE", señalaba Ángel Gurría, su Secretario General, en el discurso de presentación en Argentina del informe de la institución mencionado anteriormente. Su poder adquisitivo, su nivel educativo y su nivel de seguridad del empleo, decía, "son diferentes a los de las economías más avanzadas".

Por eso, para él, cuando se habla de clase media latinoamericana realmente se hace referencia a un segmento de la población que ha superado la pobreza, pero que todavía se encuentra en una situación muy vulnerable. "Se trata de gente que en la mayoría de los casos no cuenta con una titulación universitaria, que carece de un trabajo estable y que está lejos de disfrutar de una situación económica medianamente cómoda". La clase media latinoamericana, decía, vive bajo la amenaza real de movilidad social descendente.

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Pero, ¿qué aportan los segmentos medios de la sociedad a los países latinoamericanos? Para Carlos Malamud, Catedrático de Historia de América de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) de España e investigador Principal de América Latina del Real Instituto Elcano, “las clases medias generan mejores expectativas de futuro y contribuyen a la economía del país al aumentar su consumo”. En segundo lugar, considera que el crecimiento económico de esta parte de la población “va a acompañado de una mejora de la educación, lo que crea una mano de obra más cualificada que se traduce en un aumento de la competitividad del país”. Y en tercer lugar, cree que estos segmentos de la población “suelen apostar por conservar el sistema político y social”, por lo que generan más estabilidad.

El estudio de la OCDE apunta que históricamente, los hogares de clase media han favorecido el desarrollo económico mediante su vigorosa acumulación de capital, tanto material (industria, equipamiento o vivienda) como humano (educación y salud). De forma más reciente, "los crecientes ingresos de los estratos medios de numerosas economías en desarrollo han suscitado un entusiasmo renovado por la perspectiva de su consolidación en una clase media estable que pueda actuar como posible motor del consumo y de la demanda nacional”, apunta la OCDE en su estudio. Una clase media fuerte no sólo es buena directamente para el desarrollo económico, sino que también puede influir en él indirectamente al respaldar programas políticos y plataformas electorales razonables, en concreto, el tipo de políticas sociales educativas y laborales progresistas que promueven un crecimiento incluyente.

Las aportaciones reales y tangibles de las clases medias latinoamericanas a la sociedad y la economía varían de unas naciones a otras, como explica Malamud: “Hay países donde el impulso a la economía de estos estrato de la población es ya una realidad, como en Brasil, donde se está viviendo un gran boom del consumo. Sin embargo, esto no ocurre en todos los sitios. En Perú, por ejemplo, los segmentos medios todavía no se creen su posición y su nuevo estatus, por lo que no se están lanzando a consumir”.

Cepal muestra en su estudio algunos datos que evidencian el aumento del gasto de los hogares en los países latinoamericanos en los últimos años, como la masificación del crédito al consumo que ha implicado un mayor acceso a bienes duraderos y a ciertos servicios. Según el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial, entre 1990 y 2006 el crédito doméstico creció del 30% al 55% del Producto Interior Bruto (PIB) en la región, siendo mayor la expansión en el Mercosur, bloque comercial formado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay.

El problema de la desigualdad persiste
. El incremento de la clase media tiene muchas aportaciones positivas, sin embargo, no es una garantía para frenar uno de los mayores problemas que sufre Latinoamérica: la desigualdad. “El aumento de la clase media va normalmente acompañado de un aumento del ingreso de los hogares de estratos bajos. Ello permite que una fracción de los hogares pobres dejen de serlo pero no necesariamente implica que disminuya la desigualdad en la distribución del ingreso”, advierte Arturo León, economista y consultor de Cepal.

León argumenta que los aumentos del ingreso pueden beneficiar también, incluso en mayor medida, a hogares de ingresos altos, con lo cual la desigualdad puede mantenerse o aumentar. "De hecho en los países examinados en el estudio Cambia y crece la clase media en América Latina (Argentina, Brasil, Chile, México y Perú) no hubo cambios muy significativos en materia de desigualdad, aunque en algunos países de la región se constataron leves disminuciones del coeficiente de Gini [utilizado para mediar la desigualdad en los ingresos] en el período cubierto por el estudio (1990 – 2006/2007). Lo anterior no impide que se atenúen las diferencias en los patrones de consumo, tendencia que como se señala en el estudio en parte ha sido posible debido al mayor acceso al crédito, especialmente de los hogares de ingresos medios y bajos”, señala.

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En la misma línea, Malamud considera que el aumento de la clase media y reducción de la desigualdad no tienen que ir de la mano. “La reducción de la desigualdad no se ha producido de la misma manera que la reducción de la pobreza. Brasil es de nuevo un ejemplo de un país en el que esto sí que ha ocurrido, pero no es algo que se produzca de forma rápida, sino que es una evolución lenta. Además, depende de las políticas públicas y no de la situación individual de las personas que mejoran”, sostiene.

El futuro desarrollo de las clases medias en Latinoamérica dependerá de la evolución de la economía y de las políticas sociales y fiscales que desarrollen los gobiernos para consolidar este estrato de la población que tanto ha crecido en los últimos años. Y a su vez, como si se tratase de una pescadilla que se muerde la cola, las clases medias son las que determinan la configuración de las políticas fiscales y un contrato social renovado.

“Es probable que el crecimiento esperado en algunos países en los próximos años permita incorporar a hogares de estratos bajos a patrones de consumo y estilos de vida característicos de los estratos o clases medias. Sin embargo, el fuerte aumento del precio de los alimentos, de los combustibles y de los servicios básicos (electricidad, gas, agua, entre otros) puede frenar la tendencia a la mejora del ingreso real que se observó en varios países latinoamericanos desde comienzos de la década de los años 90. Debido a la falta de información el estudio de Cepal no abarcó los años posteriores a 2007 de modo que no disponemos de evidencia acerca de los efectos de la crisis. Pero sin duda el proceso de rápida expansión de la clase media previo a 2008 debe haberse visto afectado por la caída del ritmo de crecimiento económico que trajo consigo la crisis”, manifiesta Arturo León.

La OCDE cree vital de cara a los próximos años evitar que los estratos medios caigan en las filas de los desfavorecidos, por lo que los gobiernos tendrán que reforzar su resistencia y promover la movilidad social ascendente, y considera que una de las mejores maneras de hacerlo es mediante la mejora de la educación. “Entre otras medidas posibles, cabe destacar asimismo la financiación de la educación terciaria mediante becas y préstamos y la instauración de políticas redistributivas y de respaldo de los ingresos”, apunta el organismo.

Para llevar a cabo políticas sociales en esta dirección, los gobiernos tendrán que tener disponible un presupuesto que inevitablemente debe salir de los impuestos. Pero al mismo tiempo, las políticas fiscales se están viendo influidas de forma directa por el desarrollo de las clases medias.

Para Malamud, de momento, “el papel que desempeñan los estratos medios en la configuración de las políticas fiscales de los gobiernos de la región es muy pobre porque el desarrollo de las propias políticas fiscales es escaso”. “La presión fiscal es muy baja en casi toda la región, porque no hay una visión generalizada de que se deben pagar los impuestos. El cambio de esta situación dependerá de cómo los políticos sean capaces de instaurar la idea de que los salarios y el pago de los impuestos contribuyen a la mejora económica y social del país”, explica.

“La expansión de los estratos medios tiene un doble efecto en las finanzas públicas y en las políticas fiscales”, señala Arturo León. “Por un lado, aumentan los ingresos fiscales, especialmente los provenientes de los impuestos indirectos (del IVA) debido a la fuerte expansión del consumo que acompaña al engrosamiento de las clases medias y a la elevada importancia relativa de esos impuestos en la carga tributaria de los países de la región”, explica. “Por otro, los nuevos estratos medios presionan crecientemente las finanzas públicas que implican mayores gastos del estado en servicios que demandan más recursos, como por ejemplo un mayor financiamiento público de la educación superior, cuyo acceso permite a los estratos medios consolidarse en la estructura social. También presionan por más protección social en la medida que la incorporación a empleos formales implica acceder a una mayor protección social. Esto se ve acrecentado por la rápida incorporación de mujeres a empleos formales, uno de los factores que explican el incremento del ingreso de los hogares que se han incorporado a la clase media en América Latina”, concluye.