El mensaje que la presidenta de la Fed, Janet Yellen, ha tratado de permear a los mercados internacionales en los últimos meses es que la economía de Estados Unidos estaba lista para digerir el primer incremento en las tasas de los Fondos Federales en ocho años, y que era muy probable que aconteciera antes de que finalizara 2015. El mensaje estaba calando y los mercados empezaron a descontar la posibilidad de ese primer apretón monetario.

Pero las turbulencias financieras de este verano pueden echar los planes abajo. En ese contexto, el discurso del mayor exponente de la Fed en Jackson Hole, el vicepresidente Stanley Fischer, no quiso pecar de complaciente. No quiso descartar que la Fed pueda aún subir las tasas en septiembre. La Fed tiene su orgullo y no quiere que sus planes se vean alterados, más si es debido a los avatares de los mercados financieros, quienes parecen siempre empeñados en condicionarlos en sus decisiones de política monetaria.

Por eso la Fed trata de mantener lo más que puede los argumentos a favor de un incremento en las tasas de interés, y así los defendió en Jackson Hole. Sin embargo, por muchos malabarismos que trate de hacer la Fed, la realidad es que dentro de quince días tendrá que replantearse muy en serio si pretende mantener sus planes o si es mejor suspenderlos de momento. Aquí mostramos los argumentos de la Fed, y algunos contraargumentos que se pueden esgrimir.

Cuatro argumentos. Argumento uno: la economía de Estados Unidos marcha bien, con un mercado laboral robusto y muy cercano al pleno empleo.
El PIB del segundo trimestre sorprendió con un crecimiento más poderoso de lo esperado, de 3,7%, comparado con una magra expansión de 0,6% en el primer trimestre, lo que dejó claro que el tropiezo de inicios de año fue un bache pasajero asociado sobre todo a las inclementes condiciones climatológicas. Por el lado del mercado laboral, la tasa de desempleo se ubica en 5,3%, la más baja desde abril de 2008 y consistente con la noción de pleno empleo.

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Contraargumento: todavía hay indicadores que reflejan una elevada capacidad ociosa en el mercado laboral.

Esos indicadores los señala la propia Fed. Se trata de una baja tasa de participación, la menor desde el año de 1977; un alto desempleo de larga duración, quienes representan 27% de los desempleados; o el elevado número de trabajadores que labora a tiempo parcial deseando un puesto de trabajo de tiempo completo. Estos indicadores revelan que existe una mayor capacidad ociosa en el mercado de trabajo de la que en sí sugiere la tasa de desempleo. Eso explica, en buena medida, que el crecimiento de los salarios se haya mantenido deprimido, sin generar presiones preocupantes de precios. Las remuneraciones por hora se incrementaron un 2.1% en julio, en línea con el promedio observado desde el final de la recesión.

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Argumento dos: aunque la inflación permanece contenida y por debajo del objetivo de 2%, se espera que pronto emerjan presiones de precios que la hagan repuntar.
En su discurso, Fischer declaró que “hay buenas razones para pensar que la inflación se moverá al alza conforme se disipen las fuerzas que están conteniendo a la inflación baja”. Esa declaración fue la que más se propagó en los medios durante el fin de semana. Dos de las fuerzas que han permitido que la inflación se mantenga deprimida son la caída abrupta de los precios del petróleo y la apreciación del dólar contra las principales divisas del mundo, las cuales cataloga de factores temporales.

Contraargumento: Sin embargo, a la hora de dar las razones por las que la Fed podría mostrarse “razonablemente segura de que la inflación regresará a su objetivo de 2% en el mediano plazo” suena poco convincente. De hecho, ese grado de confianza lo condiciona a la nueva información que vaya recibiendo y a las implicaciones que tenga sobre las perspectivas económicas, por lo que elude de momento emitir un juicio.
Es más, quizás las presiones en el corto plazo sean aún a la baja, dado que los recientes acontecimientos han golpeado más a las materias primas y han fortalecido un poco más al dólar. Así se observó en el deflactor del gasto de consumo de julio publicado el viernes: la tasa anual de la inflación general apenas fue de 0.3% en tanto la subyacente, excluyendo alimentos y energía, descendió a 1.2%, la más baja en cuatro años, luego de haberse mantenido sin cambios en 1.3% durante seis meses. Una subida de tasas en Estados Unidos, a su vez, significaría otro descalabro en las materias primas e implicaría una mayor apreciación del dólar, alimentando la tendencia a la baja en la inflación.

Tercer argumento: mejor reaccionar hoy antes de que sea demasiado tarde.
La justificación es que, con la inflación baja, la Fed puede conducir un ciclo de subida de tasas de manera lenta y gradual. Por el contrario, si esperan demasiado, la economía podría sobrecalentarse y verse así forzados a aumentar las tasas de manera abrupta y precipitada, ocasionando mayores turbulencias.

Contraargumento: si la inflación aún está baja no hay necesidad de reaccionar cuando los costos de hacerlo pueden superar a los beneficios en un contexto de inestabilidad global. Fischer concluye su discurso advirtiendo que la mejor manera de lograr los objetivos de política monetaria para Estados Unidos es “sirviendo también a los de la economía global”.

Cuarto argumento: déjenme siquiera intentar una subida de tasas y luego vemos.
La Fed quiere dar ya el paso para ver qué pasa. Pero al mismo tiempo, trata de restar importancia a ese hecho. Para calmar a los mercados, hace mucho énfasis en que sólo será una subida de tasas, y que para nada significa que irá acompañada de nuevos aumentos en el corto plazo, sino que la política monetaria seguirá siendo muy acomodaticia.

Contraargumento: encontrar el momento ideal es complicado. La Fed no sólo mira el estado de la economía de Estados Unidos, sino también lo que sucede en el resto de economías del mundo. Fischer, en consecuencia, comentó que “en este momento” siguen los acontecimientos en China así como sus potenciales efectos en otras economías “más cerca de lo habitual”.

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El dato de empleo. El dato de empleo de este viernes volverá a ser de suma importancia. Y lo mejor para no comprometer a la Fed y a los mercados es que venga una cifra débil, menor de lo esperado. El consenso prevé que se creen 223,000 empleos en agosto comparado con 215,000 en el mes previo. La tasa de desempleo podría reducirse otra décima para situarse en 5.2 por ciento. Y las remuneraciones por hora podrían incrementarse un 0.2% respecto al mes previo, lo que arrojaría una tasa anual de 2.0%, inferior a la tasa de 2.1% registrada en julio. Un dato demasiado poderoso suscitaría más dudas y volatilidad en los mercados financieros.

Que la Fed salga de la extraordinaria expansión monetaria de los últimos años va a costar sangre, sudor y lágrimas. Quizás algún día logre subir las tasas un peldaño, o dos. Pero tal y como pinta el panorama, nos atrevemos a decir que es muy probable que antes de que la Fed lleve las tasas al módico 1.0%, haya claudicado y haya anunciado un QE4.