A pesar de haberse colocado como la sexta mayor economía mundial en 2011, Brasil todavía se enfrenta a una serie de problemas internos en su estructura que desentona del papel que el país ha ganado en el panorama internacional en los últimos años.

El conjunto de obstáculos internos que enfrenta el país, conocido como el "Coste Brasil", impide un crecimiento más sólido de la economía, minando la eficiencia de la industria nacional y la competitividad de los productos brasileños, algo que, según los especialistas, las recientes caídas de la tasa de interés dejaron todavía más evidente.

"Durante mucho tiempo, las empresas se aprovecharon de los altos intereses para ganar dinero, aplicando sus beneficios en el mercado financiero esperando un retorno mayor, aunque actualmente este escenario está cambiando", explicó el economista Joao Lacerda a Xinhua.

Con las aplicaciones financieras menos rentables, las empresas brasileñas empiezan ahora a colocarlas en el sector productivo, invirtiendo en la expansión de los propios negocios, con lo que el "Coste Brasil" acaba siendo más transparente, en opinión de los analistas.

Hace apenas unas semanas, el gobierno brasileño anunció un paquete de 133.000 millones de reales (US$65.000 millones) en concesiones al sector privado de carreteras y ferroviarias del país para los próximos 25 años, en un intento de arreglar los graves problemas de infraestructura que padece Brasil.

Aunque la decisión fue muy celebrada, todavía hay un largo camino por recorrer.

Según un estudio de la consultora Manpower en 41 países, Brasil es el segundo país que tiene más dificultades para encontrar profesionales calificados, apenas detrás de Japón, que tiene problemas debido al envejecimiento de su población.

Un estudio del Departamento de Competitividad de Tecnología (Decomtec), de la Federación de las Industrias del Estado de Sao Paulo (Fiesp) apunta que las empresas brasileñas tienen unos gastos extras anuales de 17.000 millones de reales (US$8.000 millones) debido a la precariedad de la infraestructura nacional, en especial de las carreteras y los puertos.

Tal situación acaba provocando un aumento en el precio del producto final.

Así, el estudio mostró como casi 30% del precio final de la tonelada de soja que se produce en el estado de Mato Grosso (centro del país) y que termina en el puerto de Santos (sureste) para ser exportada es apenas de gastos de transporte.

Otro problema que enfrenta Brasil es el alto precio de la energía eléctrica, a pesar de que 70% de su matriz proviene de hidroeléctricas, consideradas más limpias y baratas.

La presidenta Dilma Rousseff anunció también hace apenas unos días una importante rebaja en la tarifa a partir de 2013 para estimular la producción y la industria.

Un estudio realizado por la Federación de las Industrias de Río de Janeiro (Fierj) el año pasado mostró que el coste medio de la energía en Brasil es 50% superior a la media global y más del doble de las otras economías emergentes.

Otro grave problema es la falta de obra especializada, que impide la ejecución de tareas esenciales para el crecimiento del país. Según un estudio de la consultora Manpower en 41 países, Brasil es el segundo país que tiene más dificultades para encontrar profesionales calificados, apenas detrás de Japón, que tiene problemas debido al envejecimiento de su población.

En 2010, el gobierno brasileño destinaba apenas el 5% del Producto Interior Bruto (PIB) a educación, ante el 7% de media mundial. Apenas el 7% de los trabajadores brasileños tiene un diploma universitario, ante el 9% en Sudáfrica o el 23% en Rusia.

Otro grave problema al que Brasil se enfrenta es un sistema tributario muy complejo.

El Banco Mundial calculó en un estudio que las empresas brasileñas medias tienen que destinar 2.600 horas anuales solamente para pagar impuestos, ante las 415 de Argentina, 398 de China o 254 de la India.

El propio Lacerda comentó que "ya es hora que Brasil simplifique su sistema tributario".

Uno de los problemas es que cada uno de los 27 estados del país tiene su propia legislación, además de haber tasas diferentes para cada producto, lo que dificulta la vida del empresario brasileño.

El resultado de la carga tributaria y su amplitud son productos menos competitivos, que llegan más caros a las tiendas y que sufren con la competencia de los productos extranjeros.

A todo ello se le suma la baja capacidad de inversiones públicas y privadas. Históricamente, la tasa de inversiones siempre ha sido muy baja en Brasil, alrededor de 18% del PIB.

Muchos analistas consideran que se debería elevar hasta un mínimo de 25% del PIB, para permitir así un crecimiento sostenible de la economía. Sin inversiones para la compra de nuevas máquinas o para la construcción, hay una menor eficiencia productiva, lo que encarece y disminuye la competitividad de los productos brasileños.

"Es necesario que el gobierno haga ajustes para aumentar la confianza del empresario, y así, incentivar la inversión", dice Jesús Barboza, del departamento de economía de la Fundación Getúlio Vargas.

Por último, la temida burocracia brasileña es un via-crucis que deben superar todas las empresas y personas en el país.

Según el Banco Mundial, Brasil ocupa el puesto número 126 entre 183 países en las facilidades para hacer negocios, muy por debajo de la media de América Latina (95) y de países como Argentina (115), México (53), Chile (39) y Japón (22).

Por ejemplo, hasta tener un retorno de sus inversiones, los empresarios brasileños tienen que pasar por 13 procedimientos para apenas abrir un negocio, tales como la homologación de la empresa en diferentes órganos de supervisión, el registro de los trabajadores y las licencias ambientales.

"Al final, el coste de las empresas es extremadamente alto, incluso antes de que empiecen a producir cualquier centavo de beneficio", concluyó Barboza.