Cuando se habla del gasto público, los impuestos y el presupuesto de un país surge indudablemente la definición más conocida de ‘política fiscal’, siendo esta una de las políticas económicas más importantes para el buen funcionamiento de las naciones, especialmente en Venezuela por su gran exposición a los cambios en los precios del petróleo en los últimos años.

La política económica con carácter social es el argumento fundamental del Estado venezolano para justificar la función reguladora y estabilizadora que este cumple para el país, muchas veces planteándose metas que son difícil de alcanzar a corto y largo plazo, dejando como incógnita la efectividad de las mismas, pero ¿realmente se han logrado algunos de los objetivos finales de la política fiscal? ¿Se ha logrado crecimiento económico, ocupación plena de recursos productivos y estabilidad de los precios?

El crecimiento económico implica estabilidad, es decir, mayores ingresos, mayor inversión, más empleo y, por supuesto, mayor producción. En Venezuela éste siempre se ha visto comprometido, sobre todo desde el inicio de la explotación petrolera y si bien existieron períodos notables de bonanza, estos nunca estuvieron acompañados de políticas fiscales eficientes y la principal razón está en la falta de continuidad de las mismas, es decir, éstas fácilmente cambiaban dentro de un mismo periodo gubernamental o apenas llegaba un nuevo gobierno se sustituían. De esta manera solo se ha establecido un sistema inestable que no ha permitido para el país una estructura económica que genere crecimiento a largo plazo.

Así mismo, el gasto público siempre ha sido fundamental para la mayoría de los gobiernos y éste se ha podido mantener gracias a la extraordinaria renta que genera el petróleo. Un gran número de subsidios y transferencias son destinados a la nación ocasionando endeudamientos arriesgados, pero el problema más grave se evidencia cuando el surgimiento de las clases populares es casi nulo.

En el año 2012 Venezuela comenzó a importar grandes cantidades de productos manufacturados, triplicando de esta manera la cantidad de productos que el país compraba en años anteriores. La producción nacional, por ende, ha sido relegada a sólo unas pocas empresas/industrias que no se dan abasto con las pocas dividas que el gobierno les proporciona. La razón de todo esto se fundamenta en las políticas de carácter restrictivas implementadas; expropiaciones sin el debido trámite administrativo y la poca credibilidad en las instituciones son solo unas de las razones por las cuales la producción nacional se ha reducido a números preocupantes. Nadie quiere invertir sin asegurar estabilidad jurídica y esto ocurre en el país.

Finalmente, la política fiscal no ha logrado mucho por la plena estabilidad de los precios debido a los altos índices de inflación que el país viene presentando hace varios años, siendo ésta la más alta de Latinoamérica. Los constantes controles de precios y el posterior desabastecimiento de productos básicos han demostrado la poca efectividad de estas medidas aplicadas por el gobierno, generando un decrecimiento en el nivel de vida de los venezolanos.

Más allá de aplicar políticas con lineamientos ideológicos o partidistas, la sinceración económica es la única solución posible que necesita el país en cuanto a estrategias adecuadas para solucionar las problemáticas actuales y alcanzar la estabilidad económica de la sociedad venezolana.