Universia Knowledge Wharton. El microcrédito, estrategia para hacer frente a la pobreza, basado en la concesión de pequeños préstamos y otros servicios financieros a los pobres, sobre todo a mujeres, ha inspirado muchos reportajes en la prensa y le valió un premio Nobel de la Paz a Muhammad Yunus, fundador en 1976 de Grameen Bank, institución que ha sido objeto de numerosas investigaciones en las décadas posteriores a su nacimiento.

Buena parte de la investigación sobre microcréditos gira en torno a la eficacia de los préstamos y su efecto sobre los prestatarios, en otras palabras, sobre los aspectos financieros y económicos del microcrédito. Pero al ignorar los aspectos culturales del microcrédito —entre ellos la influencia de las actitudes patriarcales sobre las prácticas de concesión de préstamos— la posibilidad de conceder préstamos a las mujeres a quienes el microcrédito pretendía ayudar originalmente puede verse seriamente comprometida, observa Tyler Wry.

Wry y Eric Yanfei Zhao, de la Escuela de Negocios de la Universidad de Alberta, analizaron las políticas puestas en marcha por las Naciones Unidas, Banco Mundial y otras agencias de desarrollo cuyo objetivo es la creación de infraestructuras estables para las instituciones de microcrédito (MFIs, según sus siglas en inglés), usando datos recopilados por Microfinance Information Exchange en más de 1.800 MFIs en 168 países. "Constatamos que los países en que los mercados están más liberalizados, en que hay, inclusive, un flujo mayor de capital, la capacidad de generar un volumen de préstamos también es mayor, pudiendo soportar una cantidad mayor de actividades propias del microcrédito, lo que es bueno", dice Wry. "Pero observamos también que esos mismos factores que podrían convertir a un país atractivo para las MFIs pueden también hacer que sea menos proclive a conceder préstamos a mujeres".

Wry y Zhao presentaron sus descubrimientos preliminares en un estudio titulado "Cultura, economía y variación transnacional en la creación y en el alcance social de las organizaciones de microcrédito".

En el estudio, los autores dicen que la "desigualdad de género es una consideración importante para la comprensión del [...] objetivo de las MFIs. Nuestros resultados muestran que un clima favorable para los negocios puede minar" el objetivo del microcrédito, que es el de delegar poderes a las mujeres, y que ese efecto "aumenta en los países patriarcales, en que la necesidad de conceder préstamos a las mujeres es mayor".

De hecho, cuanto mayor es el grado de patriarcado, más barreras habrá para dificultar la participación de las mujeres en la economía, dicen los autores, que definen el patriarcado como sistemas de creencias que enfatizan el papel de la mujer en el hogar, menosprecian la educación y prohíben la herencia de propiedades "que podrían ser usadas como garantía de préstamo".

El patriarcado puede también repercutir en el ámbito de las propias MFIs: como un 70% de los préstamos son concedidos a mujeres, que se permita el acceso de mujeres al equipo de trabajadores de las MFIs es fundamental. Esas empleadas "son una inspiración para las mujeres en los grupos de préstamos y sirven de ejemplo tangible de poder para el sexo femenino", dicen los autores. Además, "ellas interaccionan de forma más fácil con las clientas, ya que pueden visitar las casas con facilidad para recoger las prestaciones". Además, "las relaciones de mismo género facilitan el diálogo franco sobre las cuestiones financieras y los problemas domésticos".

Pero en los países patriarcales, no se invierte en la educación femenina, añaden los autores. Esa situación —junto a las barreras que impiden a las mujeres prepararse para actuar en áreas importantes como el derecho, la contabilidad y las finanzas— hace que la mayor parte de los empleados de las instituciones sean hombres. "Dadas las dificultades comunes a la concesión de préstamos a las mujeres y a la falta de empleadas que interaccionen con ellas, las desigualdades en el entrenamiento profesional pueden también crear barreras a la concesión de préstamos a mujeres en los países de cultura patriarcal", observan los investigadores.

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Más MIFs, menos resultados

La ironía de esa discusión, según observan los autores, está en la inmensa dificultad de reconciliar los objetivos del microcrédito. "Aunque el crecimiento de la inversión extranjera, los bajos impuestos y las regulaciones favorables creen, desde varios puntos de vista, un ambiente positivo para las MFIs", esto se aplica, sobre todo, a las MFIs que "enfatizan la sostenibilidad financiera en detrimento de la acción social", señalan los autores. En otras palabras, aunque los inversores extranjeros digan que quieren promover un estilo de vida de mejor calidad para las mujeres y sus familias, ellos también esperan obtener retornos financieros positivos. Sin embargo, la motivación para los préstamos concedidos a las mujeres es "crear beneficios sociales sirviendo a una población excluida de los canales financieros tradicionales exactamente porque estos no tienen nada que ganar al atenderla".

Diversos estudios demostraron que las MFIs que se dedican a hacer préstamos a mujeres "tienen menos posibilidades de volverse autosostenibles financieramente y dependen más de los subsidios del Gobierno que sus equivalentes comerciales". En consecuencia, tales MFIs "no constituyen objetivos atractivos de inversiones", según el estudio.

En opinión de Wry, "las mujeres, en general, son clientes muy pobres. Por ese motivo, sobre todo, se sintieron atraídas por el microcrédito, porque les ofrecía la oportunidad de acceder a canales normales de préstamos". En el momento, sin embargo, en que el capital entra en escena, con su énfasis sobre la generación de retornos sobre los pagos de los préstamos, las mujeres tienden a ser "alejadas del mercado de microcrédito", añade Wry.

"La conclusión es que si se toman medidas para promover la actividad emprendedora, su efecto es contraproducente en los países donde es muy necesario que las MFIs concedan préstamos a las mujeres", dice Wry. La investigación, dice él, "muestra que si se analiza sólo el lado económico de la cuestión, se tomarán decisiones de consecuencias imprevistas [...] Si estamos de acuerdo en que la función del microcrédito es ayudar a las mujeres pobres a romper con los ciclos de desesperanza, es preciso entonces discutir qué sucede si se introducen políticas económicas respaldadas por el Banco Mundial y por otras instituciones. Esas políticas tienen, sin duda alguna, consecuencias positivas, pero pueden presentar igualmente desventajas en lo que se refiere a su impacto sobre la vida de las mujeres".

La evaluación académica del microcrédito en micro niveles, por ejemplo, muestra que las mujeres que contratan préstamos tienen más posibilidades de "generar retornos financieros, invertirlos en sus familias y pagar los préstamos contraídos por sus compañeros". Pero en el nivel macro, "la posibilidad de generar tales beneficios depende de la prevalencia de las organizaciones de microcrédito en un determinado país y del grado de dedicación del préstamo a mujeres, áreas en que los estudios actuales ofrecen conocimiento limitado", dicen los autores.

Los investigadores observan que "factores económicos y culturales son importantes para la comprensión tanto del surgimiento de las MFIs como de su compromiso con la concesión de préstamos a las mujeres, sin embargo su impacto sobre tales ítems es diferente". Los autores observan, en especial, que "un ambiente económico favorable producirá tasas de creación de MFI más elevadas debido a condiciones fértiles para la creación de empresas". Al mismo tiempo, sin embargo, ellos añaden que "niveles acentuados de patriarcado suprimirán tanto la creación de MFIs como la concesión de préstamos a mujeres, ya que factores asociados a la desigualdad de géneros pueden limitar el acceso a recursos tales como capital financiero, empleados y clientes".

Los autores prevén también que un clima económico favorable ayude a compensar algunas de las restricciones a los recursos que el patriarcado crea en lo tocante a la creación de MFIs, sin embargo "aumentará la supresión de los préstamos a las mujeres al crear estímulos de préstamos a los clientes del sexo masculino menos pobres".

El patriarcado, dice Wry, cambia realmente el resultado cuando se analizan los factores económicos y culturales. "Es preciso tomar en cuenta los dos lados de la ecuación. El patriarcado puede estar cambiando la naturaleza del microcrédito en varios países. Se observa un distanciamiento acelerado de ese servicio enfocado a las mujeres. Una cantidad mayor de MFIs ha generado un bien menor".

Las personas suelen imaginar que el capital es "neutro", observa Wry. "Sin embargo, si alguien quiere ganar dinero con el microcrédito, los efectos de esa decisión serán drásticos. El tiempo demostró que Grameen Bank era una organización híbrida. Era nueva e innovadora, sin embargo su misión se inclinaba mucho más hacia el lado social. Lo que vemos hoy en todo ese sector es que las MFIs aún son híbridas, pero el orden de la combinación se ha invertido. Al principio, se trataba de herramientas financieras usadas para fines sociales. Hoy se ha convertido cada vez más en una misión social usada como forma de generar dinero. Las organizaciones se encuentran entre esos dos polos. Eso minimiza los beneficios destinados a las mujeres, a menos que haya un país en que las mujeres no constituyan un porcentaje demasiado grande de los pobres".

Está claro que, en muchos países, las mujeres suelen ser el segmento más pobre de la población, condición que se ve acentuada por la existencia de actitudes patriarcales. Wry y Zhao citan, en cierto momento, una definición ampliamente utilizada de patriarcado como "sistema dividido de creencias en que la dominación masculina sirve de modelo para la estructuración de identidades individuales, relaciones interpersonales y acuerdos institucionales de amplia escala".

Wry dice que su investigación, en asociación con Zhao, presenta por primera vez un análisis sociológico a gran escala del tema. "Muchos estudios analizan países o casos individuales. Ellos tienen cosas interesantes que decir, pero ignoran las líneas generales. Estamos intentando llevar el debate a un nivel más elevado". El diálogo interdisciplinar es importante, dice, "principalmente para que el debate llegue por el medio académico, donde muchos podrán entonces presentar herramientas diferentes, pero complementarias".

Además, añade, "creo que es importante que haya una reflexión sobria sobre lo que el microcrédito —como campo— puede realizar. Buena parte del debate se atasca por perogrulladas sobre sostenibilidad y situaciones en que ninguna de las partes pierde nada cuando el sector social es tratado de forma perspicaz y con conocimiento empresarial. Sí, es verdad que eso podrá tener algunos efectos positivos. Es lo que vemos con el predominio creciente de las MFIs en todo el mundo. Pero tales superficialidades enmascaran una tensión fundamental, como la existencia de límites a lo que las empresas pueden hacer en el sector social, y puede ser que no puedan, o no deban, intentar ganar dinero con la generación de bienes sociales".

Hay "muchas personas y problemas con los que no se puede hacer negocios, y ahí es donde los gobiernos y las políticas públicas necesitan entrar y hacer que se escuchen sus voces”, dice Wry. “El objetivo no debería ser atenuar la innovación o la estructura empresarial, sino ofrecer ayuda y estabilidad. Esto es lo que dice básicamente Yunus, I creo que acierta”.