Ni siquiera había asumido como ministro de Hacienda de Chile y Felipe Larraín ya estaba con metas que ni siquiera se había imaginado durante la campaña de Sebastián Piñera. El terremoto y maremoto que destruyeron gran parte del país el 27 de febrero, a pocos días del cambio de mando, pusieron de cabeza al economista a pensar en cómo financiar la reconstrucción. El resultado, un alza de impuestos que nadie se esperaba de un gobierno de derecha. Lo paradójico es que la reconstrucción , junto a la recuperación post crisis y a un alto precio del cobre,– está llevando a Chile a crecer a tasas en torno al 6% este año. Algo que tampoco se esperaba. En conversación con Juan Pablo Rioseco, Editor Ejecutivo de AméricaEconomía, Larraín habla de sus perspectivas para Chile y la región.

¿Qué pasará con la economía global este año?

En Estados Unidos hay un crecimiento lento, con baja recuperación de empleo. No espero mucho de la economía estadounidense para tirar el carro de la economía mundial. Y veo más debilidad aún en Europa, porque hay una cantidad de economías que tienen problemas macro y microeconómicos, de regulación y rigideces de mercados. EE.UU., en cambio, al menos tiene una microeconomía muy flexible y adaptable. Pero es el crecimiento de las economías emergentes lo que está impulsando el crecimiento de la economía mundial. Casi la mitad del producto mundial a paridad de poder de compra (48%) viene de ellas. Y espero que eso se mantenga.

¿Por cuánto tiempo?

Tenemos por lo menos dos a tres años de buen crecimiento de las economías emergentes. Hay un reequilibrio en el crecimiento económico mundial.
¿Es de largo plazo?
Yo lo veo de largo plazo, aunque puede haber ciclos involucrados.

¿Y qué rol tiene América Latina?

Antes era parte del problema y hoy es parte de la solución. Las economías están en mucho mejor pie, tienen sus cuentas públicas en orden, una política económica más sana y ordenada. Y además, muchos países que son productores de commodities hoy tienen una gran ventaja porque los precios de las materias primas han mejorado mucho.

¿Hay una convergencia macro en América Latina y una estabilidad mayor?

Hay una convergencia fuerte hacia la responsabilidad de las políticas macroeconómicas y reformas pro crecimiento en la generalidad de los países. Pero no en todos. Algunos tienen otras preocupaciones.

¿Como Venezuela?

Yo veo en un mismo carro a economías que pueden tener un gobierno de centroizquierda o centroderecha, pero que persiguen las mismas políticas responsables. Por ejemplo, Brasil y Chile. En el mismo carro también están México, Colombia y Perú, por hablar de los países más grandes. Y tenemos algunas diferencias, que respetamos, en políticas con países como Venezuela, Ecuador, Argentina.

¿Cuál es la importancia de las instancias de colaboración entre los países?

Los ministros de Hacienda nos reunimos en varias instancias formales, como las reuniones anuales del FMI, del Banco Mundial o el BID. Pero hay otras. A mediados de diciembre, por ejemplo, tuvimos una reunión en Santiago con los ministros de Hacienda de Colombia y Perú que vinieron a discutir problemas comunes, como guerras cambiarias, o el relajamiento cuantitativo de EE.UU. Tenemos formas similares de ver los problemas. Tenemos autonomía, obviamente, pero generamos instancias de diálogo y estamos en contacto fluido. Tengo alguna comunicación con el ministro Mantega, el ministro Echeverry, el ministro Cordero, de México, y el ministro Benavides, de Perú.

¿Hay espacios para la integración?
Sin duda. Hay espacios para que trabajemos en conjunto, nos potenciemos y nos ayudemos. La interacción es generar análisis conjuntos, sacar lecciones conjuntas y aprender de la experiencia de otros países.

¿Cómo ha sentido su primer año como ministro?
Cuando nosotros estábamos en campaña jamás pensamos que íbamos a tener que enfrentar lo que tuvimos que enfrentar. Pero nosotros ideamos un programa y la economía está creciendo, en los últimos seis meses, más del 6%. Para 2014, que es el fin de este periodo de gobierno, ya habremos sentado las bases para llegar a ser un país desarrollado sin pobreza en 2018. Los objetivos son muy ambiciosos, pasar a otro estadio de desarrollo, otro nivel de ingreso per cápita.
El crecimiento de este año está muy alimentado por la reconstrucción…

Hay efecto reconstrucción, pero hay otro efecto que estuvo presente en 2010 y tiene que ver con las políticas económicas que ha aplicado este gobierno. Hay una sostenida mejoría en la percepción del consumidor y en las perspectivas empresariales. Y esas expectativas no ocurren en el vacío. La tasa de desempleo llegó casi al 11% en 2009 y en 2010 ya cayó a 7,6%. A eso se suma un aumento de los salarios. Todo eso tiene que ver con lo que hemos sido capaces de transmitir como gobierno.

¿Y esto va a seguir empujando la economía en los próximos años?

Hay medidas concretas, aparte de las expectativas pro inversión y pro empleo. Se ha reducido el impuesto a la renta para pymes en la medida que reinviertan las utilidades, lo que afecta a más de 800.000 empresas en Chile. En segundo lugar, la reducción del impuesto al crédito, que era de 1,2% en julio la redujimos a 0,6%. Ésa fue una medida que estimula la inversión y el consumo.

Una de las principales críticas que se ha hecho a los gobiernos pasados es la caída en la productividad ¿Se puede revertir?

Aspiramos a cifras positivas, porque han sido negativas en los últimos cuatro años. Esperamos que haya un crecimiento en la productividad en 2010, y generar un cambio después para aspirar a crecimientos del 1% o superiores al 1%. Eso sería un cambio importante.

Pero es un cambio profundo, que no se hace de un día para otro…

Hay que llevar adelante una reforma de modernización del Estado orientada a mejorar los recursos públicos, a crear mejores instituciones, generar una agencia para monitorear las políticas públicas y los programas del sector público también. Se trata de gestionar mejor los recursos del Estado. Estamos trabajando también en la reforma del mercado de capitales, y en mejorar el proceso de innovación, incentivando la investigación y desarrollo con medidas tributarias. No hay una sola medida, sino una cantidad enorme que confluyen a mejorar la productividad.