Roma. Nubes de tormenta se ciernen sobre los esfuerzos de Mario Monti por transformar la economía italiana debido a una caída de sus índices de aprobación, protestas contra sus reformas y una disputa con los partidos que lo apoyan en el Parlamento.

Monti, que fue nombrado primer ministro italiano en noviembre, rápidamente implementó fuertes medidas de austeridad para defender a Italia de la crisis de deuda.

Sin embargo, ahora corre el riesgo de toparse con arenas movedizas políticas que ralentizarán y debilitarán la dura tarea de revivir una economía notablemente estancada.

Una reforma laboral que está en el centro del programa de Monti ha originado una fuerte oposición, lo que le obligó a abandonar la aplicación inmediata de la iniciativa y aceptar un debate parlamentario que retrasará la ley durante meses y podría llevar a que se diluya.

La reforma también ha causado divisiones en el Partido Demócrático de centroizquierda, el segundo de mayor representación parlamentaria, desestabilizando una alianza de la que depende para gobernar.

Los costos de endeudamiento de Italia, que cayeron bruscamente después de que Monti asumió el poder, también han empezado a aumentar en el último tiempo, debido en parte al incremento de la incertidumbre política.

El tecnócrata Monti fue ampliamente criticado el jueves por políticos y analistas en Italia por expresarse contra los partidos en Japón, donde se encontraba en una gira por Asia destinada a reunir inversión extranjera.

"El Gobierno cuenta con el apoyo en las encuestas de opinión, los partidos no", dijo Monti a periodistas. Esto siguió a comentarios realizados en Corea del Sur, donde amenazó con renunciar si a los partidos y los sindicatos no les gusta el trabajo que su Gobierno está haciendo.

Ambas observaciones revelan la irritación de Monti por las críticas a sus medidas, en particular a la reforma laboral clave. También marca un alejamiento de la conducta de estadista que adoptó a principios de año, cuando alabó en repetidas ocasiones el sentido de responsabilidad de los partidos.

A juzgar por la reacción del jueves, el enfoque anterior era más prudente, y el ex comisario europeo puede haber exagerado su carta de triunfo: la extrema resistencia de los partidos para liderar un Gobierno que debe tomar medidas dolorosas e impopulares para evitar el desastre financiero.

"Esta exhibición arriesga comprometer las cosas buenas alcanzadas hasta ahora por este Gobierno, respaldado por responsables de los partidos políticos", dijo el analista Pierluigi Battista en un editorial de primera página del diario Corriere della Sera.

El líder del Partido Democrático (PD), Pier Luigi Bersani, bajo una fuerte presión del ala izquierda del partido por la reforma laboral, rápidamente atacó a Monti, lo que subraya la interdependencia entre los tecnócratas y los políticos.


Monti asumió el liderazgo en momentos en que Italia se tambaleaba al borde de una crisis de deuda al estilo griego y los políticos sufrían de un generalizado desprecio por no impedirlo.

Sin embargo, para gobernar, depende de una gran coalición política que se extiende desde la centroizquierda a la centroderecha.

La irritabilidad de Monti puede reflejar una baja en sus índices de aprobación a causa de la reforma laboral, destinada a liberar un sistema que protege a los trabajadores de edad avanzada con contratos permanentes, mientras que condena a muchos jóvenes a un sinfín de contratos temporales, sin beneficios.

La mayoría de los italianos no parece creer que la afirmación de Monti de que una reforma con la que es más fácil despedir a la gente vaya a crear un mercado más justo de puestos de trabajo. Una encuesta realizada el domingo mostró que el 67 por ciento de las personas se oponía a la medida.

La misma encuesta mostró que el apoyo a Monti cayó a un 44 por ciento la semana pasada desde el 62 por ciento de principios de marzo, aunque otro sondeo difundido el miércoles registró una caída más modesta a un 55 por ciento este mes desde el 59 por ciento de febrero.

No obstante, su aprobación supera la de los principales partidos, cuyo respaldo está todavía por debajo del 30 por ciento.

HUELGA GENERAL

El mayor sindicato del país, la izquierdista CGIL, amenazó con una huelga general contra las reformas laborales y las tres principales confederaciones sindicales anunciaron una manifestación conjunta el 13 de abril para oponerse a una reforma de pensiones aprobada en diciembre y que es vista por muchos como el mayor logro de Monti.

El problema de Monti es que la disminución de la presión de la deuda y su propio tropiezo con la reforma ha dejado espacio para un renacimiento de la disputa política, lo que que dificultará futuras reformas y revivirá la ansiedad en los mercados financieros.

En el debate parlamentario sobre la reforma laboral es probable que el PD trate de debilitar los cambios y que El Pueblo de la Libertad (PDL, por sus siglas en italiano), el partido de centro derecha de Sivio Berlusconi, tire en la dirección opuesta.

El PDL, respaldando la posición de los empleadores, se opone a cualquier cambio y dice que la ley debería haberse aplicado de inmediato. Pero si hay modificaciones sostiene que deben ser equilibradas entre derecha e izquierda, con el riesgo de un prolongado debate.

Nada de esto sugiere que los días de Monti estén contados, sólo muestra que serán mucho más difíciles de ahora en adelante.

A un año de las elecciones generales, los partidos que luchan por superar su baja estima pública y una crisis de identidad causada por los vientos de cambio de Monti no quieren correr el riesgo de hacer caer al primer ministro y provocar una nueva tormenta en los mercados.

De esta manera, Monti deberá afrontar que el peligro constante originado por su dificultad para aprobar una reforma profunda pueda volver a inquietar a los mercados y revierta los avances que ha logrado en la restauración de la imagen de Italia.