En las últimas semanas, la caída de los precios del petróleo, tienen a varias economías con el alma pendiente de un hilo. Un caso claro es Venezuela.

En este sentido, el desplome en los precios dañará a los exportadores netos y beneficiará a los
importadores netos. "Entre los exportadores, los más afectados serán los que presenten rigidez de precios, pues tendrán que absorber la mayor parte del choque petrolero a través del PIB real, ante la ausencia de ajuste en la inflación", dice Alfredo Coutiño, director para América Latina de Moody’s Analytics.

Al mismo tiempo, los importadores netos con inflación flexible amplificarán el impacto positivo del descenso en los precios del petróleo, beneficiando en gran medida su crecimiento económico. En América Latina, México enfrentará pérdidas, mientras que Chile registrará ganancias, afirma el experto.

El enfoque del PIB. Ante una caída en los precios del petróleo, un país puede ser beneficiado o perjudicado dependiendo de su papel en el mercado petrolero ya sea como productor o como consumidor. La intensidad del impacto depende de su cuenta comercial petrolera, pues un exportador neto tendrá una cuenta positiva mientras que un importado neto tendrá una cuenta
negativa.

"De aquí resulta obvio quiénes son ganadores y quiénes perdedores. Sin embargo, no todos los exportadores e importadores netos sufrirán daños o beneficios en la misma magnitud, pues dependerá del grado de flexibilidad de los precios internos", afirma Coutiño, agregando que "el impacto sobre la producción y el crecimiento real variarán dependiendo de qué tan flexible o rígida sea la inflación interna".

Una manera simple de ver tanto a ganadores como a perdedores es a través de la utilización de la identidad del PIB real definido como el cociente entre el PIB nominal, que incluye las exportaciones netas, y el índice de precios.

En términos relativos, el cambio porcentual en el PIB real es igual al cambio porcentual del PIB nominal menos la tasa de inflación. Si un país es exportador neto con precios rígidos, la disminución de los precios del petróleo se reflejará en una reducción del PIB nominal y, dado que la inflación no cambia, entonces la reducción total en el PIB nominal se traducirá en una contracción similar en el PIB real. De manera similar, un importador neto con inflación rígida se beneficiará, pues la reducción en el valor de las importaciones aumentará el PIB nominal.

Sin embargo, todo cambia cuando la inflación es flexible. Si la inflación disminuye como resultado de menores precios de los combustibles, entonces ambos países se benefician. El descenso en el producto se modera para el exportador neto y la producción aumenta más para el importador neto.

El caso de América Latina. En América Latina, México representa al exportador neto y Chile al importador neto. México es un importante productor y exportador de petróleo crudo, con ingresos petroleros que representan alrededor de 12% de las exportaciones totales.

Aunque el país gasta una cantidad importante de recursos en la importación de productos petroleros, el precio interno del combustible es fijado por el gobierno sin posibilidad de fluctuar de acuerdo con los precios internacionales, lo cual ejemplifica el caso de inflación
rígida.

En este caso, dado a que el descenso en los precios del petróleo no se reflejará en una menor inflación interna, el ajuste total en el PIB nominal será absorbido por el PIB real.

Sin una inflación flexible, México no podrá moderar el impacto de los menores precios del petróleo sobre el PIB.

En cambio, Chile es una economía que depende por completo de las importaciones petroleras, pero los precios internos si responden a los precios internacionales, un caso de inflación flexible.

La economía chilena –dado que es una importadora neta de petróleo– se beneficiará de los menores precios internacionales del crudo y de los combustibles.

Primero, el valor de su PIB nominal aumentará como resultado de la reducción en el valor de sus importaciones petrolíferas.

Segundo, dado que la inflación interna disminuirá automáticamente con los menores precios del
combustible, el PIB real recibirá un impulso adicional. Chile recibirá un doble beneficio del descenso en los precios del petróleo.

La existencia de un sistema de tipo de cambio flexible también tiene implicaciones, pero no cambia la dirección del impacto total, pues reduce ligeramente la pérdida para el exportador neto y modera el beneficio para el importador neto.

Para un exportador neto, el descenso en los precios del petróleo depreciará su moneda, lo que compensará en parte la reducción en el PIB nominal.

Si la inflación sigue siendo rígida o el traspaso de la depreciación cambiaria es reducida, como en el caso de México, el descenso en el PIB sólo se moderará un poco pero seguirá siendo significativa.

Para el importador neto con tipo de cambio e inflación flexibles, como en el caso de Chile, la cuenta comercial mejorará con la disminución en los precios del petróleo, aunque la mejoría no sería mucha debido a la apreciación de la moneda. Sin embargo, dado que la inflación disminuirá, el aumento en el PIB real será positivo aunque en menor
medida.

La lección que se desprende de la caída actual en los precios del petróleo es la siguiente: cuanto menor sea la intervención gubernamental y mayor desregulación exista, mejor preparada estará una economía para lidiar con el choque externo.

Si México tuviera inflación flexible, la economía estaría en posibilidad de enfrentar mejor el desplome en los precios del petróleo al permitir que la inflación compensara parte de la pérdida ocasionada por el choque petrolero.