El domingo recién pasado Nicolás Maduro, el candidato designado por Hugo Chávez, fue declarado ganador de la elección presidencial en Venezuela por un estrecho margen de 1,5 puntos porcentuales.

De esta manera, se cerró un ciclo que comenzó en octubre de 2012, cuando el fallecido Chávez llamó a votar por su delfín político. De acuerdo al Consejo Nacional Electoral, Maduro venció al candidato de la oposición, Henrique Capriles, por unos 250 mil votos.

Capriles ha demandado un reconteo manual de los votos, solicitud que ha sido negada por el CNE. La negativa del oficialismo y del organismo a un reconteo manual ha generado un clima de incertidumbre y crisis política que amenaza con prolongarse, poniendo la economía en riesgo de una nueva recesión.

"El ajustado resultado y la negación de la oposición a aceptarlo debilita el mandato del sucesor de Chávez en un momento en el que la economía está sufriendo un considerable deterioro", afirma Juán Pablo Fuentes, economista de Moody’s Analytics, agrehando que "la crisis generada por las elecciones hará difícil que Maduro reúna el apoyo político necesario para aplicar medidas económicas difíciles y generar la confianza necesaria para evitar una recesión".

Para el experto de la clasificadora, "tras años de políticas económicas intervencionistas, el gobierno enfrenta una crisis fiscal de proporciones mayores, la inflación más elevada del continente, gran escasez de bienes básicos, reservas internacionales en franca caída, y un ritmo de endeudamiento insostenible".

Lo anterior, sumando a que el país sufre de constantes fallas eléctricas que merman la producción, y las que podrían aumentar en los próximos meses si las condiciones climáticas se tornan adversas.

Así las cosas, el nuevo gobierno de Maduro se verá obligado a tomar algunas medidas correctivas
pero es poco probable que haga un giro importante en la conducción de la economía. Maduro no solo enfrentará una oposición más fuerte, si no también divisiones dentro de su propio partido político. La falta de capital político no permitirá que el gobierno de Maduro tome las
medidas fuertes que se requieren para enderezar el curso.

Sin corrección de rumbo se puede esperar un deterioro progresivo de la situación económica, la cual es ya bastante difícil. "Las recientes devaluaciones de la moneda serán insuficiente para cerrar el vacio fiscal y estimular la producción nacional. Más devaluaciones vendrán en los próximos meses a medida que la situación fiscal se mantenga crítica", advierte el economista.

Esto, aunado al gran exceso de liquidez monetaria existente, ocasionará que la inflación termine el año por encima del 30%. "El déficit fiscal se reducirá un poco en el 2013 gracias a las devaluaciones recientes, las cuales aumentan el valor en bolívares de la renta petrolera, y a la reducción gradual en el crecimiento del gasto público. Sin embargo el hueco fiscal del sector público se mantendrá cerca del 10% del PIB; un nivel insostenible para Venezuela", afirma el experto de Moody’s Analytics.

Para Fuentes, "mayores avances se podrían hacer en esta área si el gobierno decidiera reducir el subsidio a la gasolina, que alcanza casi el 10% del PIB. Esto luce poco probable dada la actual situación política".

Ajustes al sistema de otorgamiento de divisas y flexibilización de los controles de precios lucen impostergables dada la creciente escasez de bienes básicos. Maduro también se vería obligado a implementar ajustes en la política petrolera a fin de detener la caída que se viene registrando en la producción en los últimos años. "Sin embargo, es poco probable que el nuevo gobierno decida reducir el nivel de intervencionismo del estado en la economía", dice Fuentes.


En este sentido, Maduro podría aumentar la intervención del gobierno como una forma de controlar la crisis política y económica. Esto podría estabilizar la economía a corto plazo pero resultaría en una crisis mayor a mediano plazo. Un ejemplo de esto seria la intervención del sector bancario, el cual ha estado bajo amenaza del gobierno en los últimos años. La nacionalización de la banca podría traer beneficios al gobierno a corto plazo pero resultaría desastroso para la economía a mediano plazo.

El gobierno de Maduro no solo enfrenta una crisis política y de confianza sino también de caída en los ingresos petroleros. El precio de las cesta de petróleo venezolana cayo 7,3% en el primer trimestre del año. El petróleo genera 95% de las divisas de Venezuela y más del 50% de los recursos fiscales. En lo que va de abril, el precio internacional del petróleo ha caído en un 11% adicional. De mantenerse esta tendencia en los próximos meses, la situación económica se deterioraría mucho más rápido. En conclusion, el país es susceptible de una crisis fiscal y de balanza de pagos de magnitud importante, explica el economista.