El acuerdo de fines del ejercicio anterior entre el gobierno y el Congreso de Estados Unidos, si bien calmó el tenso ambiente financiero de ese país y de la economía en general, todavía no se aprecia como la solución definitiva al problema del déficit fiscal, y menos como una convergencia de ideas entre las partes en cuestión, sobre todo porque las conversaciones recién comienzan y el futuro se ve más que complejo.

En este sentido, José Coutiño director de Moody’s Analytics para América Latina, afirmó que
con el acuerdo fiscal alcanzado, la economía de los Estados Unidos solo logró posponer el abismo al que se acercaba a principios del año, ya que la solución real al problema fiscal y sobre todo para la sustentabilidad de las finanzas públicas está todavía en entredicho. "Los dos primeros meses del año serán cruciales porque es donde realmente se va a dar la batalla entre Ejecutivo y Congreso para alcanzar un acuerdo tanto para los recortes al gasto como para el techo del endeudamiento, y en consecuencia consensuar las medidas de largo plazo para la
reducción del déficit público", dijo el economista.

Así las cosas, el país del norte no se ha librado, ni logrará escapar del ajuste fiscal necesario, el cual tendrá que darse tarde o temprano. "De la velocidad del ajuste dependerá el impacto en la economía y en el resto del mundo", agregó.

El acuerdo. El criterio alcanzado entre el presidente y el Congreso estadounidense básicamente se centró en el aumento de impuestos a los más ricos y en algunos ajustes al gasto. Las dos partes ganaron
tiempo por dos meses más, durante los cuales el debate va ser todavía más fuerte y con consecuencias de volatilidad para los mercados de todo el mundo.

Las medidas y acuerdos que se alcancen van a ser los determinantes del destino económico de los Estados Unidos no solo para el presente año, sino incluso para el resto de la década. "Al final de cuentas, los Estados Unidos no se va a librar del ajuste fiscal, el cual se tendrá que dar tarde o temprano, de manera gradual o acelerada, y con consecuencias para el crecimiento
económico del país", manifestó Coutiño.

Respecto de la negociación, el director de Moody’s para la región, dijo que "si el acuerdo al que se llegue plantéa un ajuste gradual, entonces la economía sufrirá menos en los próximos dos años, pero se impondrá una restricción importante al crecimiento en el mediano plazo", señaló.

Si se da de manera rápida, la economía sufrirá más en los primeros dos años, pero saldría fortalecida rápidamente y con un sufrimiento de más corta duración.

Efectos. Las consecuencias de una recesión derivada de un ajuste fiscal más rápido serían para todo el mundo, ya que los Estados Unidos continúa siendo la locomotora de la economía mundial. Sin embargo, los países más afectados serían aquellos cuyo mercado principal es la economía estadounidense, como es el caso de Centroamérica y México.

Por el contrario, los países sudamericanos que tienen un mercado exportador más diversificado hacia países asiáticos resentirían un efecto menor, aunque esto dependerá del grado de afectación que tengan las economías asiáticas como la china.

Dado que Latinoamérica tiene una base exportadora de productos primarios muy importante, los efectos negativos de una recesión estadounidense solo podrían compensarse si la economía china implementa políticas contracíclicas para aminorar el efecto externo y de esa manera continuar consumiendo materias primas latinoamericanas. "Al final, todo va a depender de que tan profunda sea la recesión en los Estados Unidos. Si el ajuste es rápido, la economía estadounidense podría caer entre un 2% y un 3% entre el 2013 y 2014, pero se recupería rápidamente para el 2015", enfatizó Coutiño.

Si el ajuste es gradual, la economía caería en alrededor de un 1% entre 2013 y 2014, pero se limitaría la recuperación en el 2015 y 2016.

Los Estados Unidos le enseñó y convenció a América Latina durante la década de los setenta y los ochenta que la única manera creible y confiable para acabar con las crisis recurrentes en la región era a través del regreso a la disciplina económica, la cual incluía como eje rector el ajuste fiscal. Latinoamérica salió adelante gracias a la receta impuesta y después de más de una década de sufrimiento. "Estados Unidos, al igual que Europa, ahora tienen que recetarse “una sopa de su propio chocolate” para salir adelante y dejar de ser el foco de inestabilidad económica y financiera en el mundo", concluyó el experto.