¿Quién diría que justo cuando el mundo comenzaba a celebrar la salida -lenta- de la Gran Recesión y los indicadores mundiales comenzaban a retornar hacia la senda de crecimiento, Europa iba a estar al borde de una nueva crisis?

Pues eso es justamente lo que ha sucedido. Muchas personas se concentraron solo en lo que pasaba con la economía de Estados Unidos, y como se veían indicadores positivos, se atrevieron a decir que lo peor había pasado; que de aquí en adelante veríamos un crecimiento mundial más acelerado, un alza de los precios de las materias primas; que los precios del petróleo sólo podían ir al alza. Pues bien, al menos en lo que va del año, eso es justamente lo que no ha pasado.

Un actor inesperado, Grecia, nos ha puesto sobre aviso de los graves desequilibrios que existen hoy por hoy en la economía mundial, y específicamente en Europa. El problema radica, básicamente, en el endeudamiento temerario y descontrolado de algunos gobiernos.

¿Por qué se endeudaron tanto? Ahí es donde los gobiernos se parecen a las personas y a las empresas. Durante las épocas de bonanza crecen los presupuestos, tanto privados como públicos, y cuando estamos en medio de la fiesta a nadie le gusta ser el primero en salir (el aguafiestas). Pero para algunos gobiernos la fiesta se convirtió en parranda, fueron poco cautos y ampliaron su gasto en forma desmedida. Ese fue el primer error.

El segundo se dio una vez que ya estábamos en la Gran Recesión. Ahí sí era necesario que el gobierno aumentara el gasto e hiciera política contracíclica, pero dada la magnitud de la crisis, muchos países tuvieron que recurrir a un fuerte endeudamiento. En ese punto se dijo que el gigantesco déficit fiscal era el “mal menor”, pues se logró evitar una crisis al estilo de la Gran Depresión. Ahora nos queda claro que el costo de la política anticíclica, para algunos países, puede haber sido más alto de lo calculado inicialmente.

La señal de alarma comenzó en Grecia pero el problema se extendió en forma acelerada a Portugal, España e Irlanda (entre otros). Eso generó un nerviosismo generalizado que todavía no se ha disipado, que tiene y tendrá efectos directos sobre algunas variables importantes para el Ecuador y el mundo.

El efecto más evidente es sobre el tipo de cambio. El euro se deprecia o lo que es lo mismo, el dólar se aprecia. Para Europa esto es temporalmente bueno, pues permite que las exportaciones repunten y a su vez revitaliza el aparato productivo, pero lógicamente la inestabilidad de la moneda no es buena para los negocios en el mediano plazo.

Para el Ecuador, que el dólar se esté apreciando, es negativo, pues significa que las exportaciones se encarecen y las importaciones se abaratan, lo que va a presionar hacia el déficit la balanza comercial. Pero más grave aún es el efecto sobre los precios del petróleo. Cuando el dólar se aprecia, el precio del petróleo suele bajar (al menos temporalmente), eso a su vez hace que los precios de algunas materias primas exportadas (commodities) caigan.

¿Qué tan probable es esto? Lastimosamente, al cierre de esta edición ese escenario se estaba concretando. En menos de un mes (abril-mayo), el petróleo en el mercado internacional había caído de aproximadamente de 82 dólares/ barril a 65 dólares/barril.

El tipo de cambio dólar/euro había pasado de 1,35 a 1,20 en un solo mes (aun más impresionante es que en noviembre estuvo en 1,52). El índice Dow Jones perdió 1.000 puntos en ese mismo período y se acercaba peligrosamente a la barrera psicológica de los 10.000 puntos (que fue considerada por muchos como un signo del fin de la crisis cuando se sobrepasó en octubre del año pasado).

Y los precios del cacao, café, la soya, el maíz, el trigo… caían de precio.

No parece que todo esto vaya a desembocar en una crisis de la magnitud del 2009, pero si algo estamos aprendiendo de la Gran Recesión es que los mercados son muy impredecibles y que lo improbable puede pasar. ¿Quién diría que iban a quebrar los bancos de inversión más sólidos y antiguos del mundo? ¿Quién diría que la economía de Estados Unidos se iba a desplomar de tal forma?

Ante la incertidumbre, cautela y cabeza fría. Eso es válido no solo para las empresas, sino también para los gobiernos. Corrijo. Especialmente para los gobiernos.