Washington. El presidente Barack Obama, que trata de recuperar a la atribulada economía de Estados Unidos y a sus propias opciones de ser reelecto, se embarcó este viernes en una batalla cuesta arriba para obtener el apoyo republicano a un decisivo plan de empleo de US$447.000 millones.

Las propuestas, basadas principalmente en recortes tributarios para trabajadores y empresas, se elaboraron cuidadosamente para atraer a los votantes de clase media que se sitúan en el centro del espectro político.

Al día siguiente de revelar sus ideas en una sesión conjunta de las dos cámaras del Congreso en Capitol Hill, Obama presentará su plan directamente a los ciudadanos en una visita a una universidad de Virginia, dando el pistoletazo de salida a una larga campaña para promover el plan.

La Casa Blanca considera esta propuesta, que mezcla recortes fiscales a las nóminas de las empresas e inversiones en carreteras, puentes y colegios, como la mejor esperanza para reducir la tasa de desempleo, situado en el 9,1% y que pone en peligro la presidencia de Obama, así como de afrontar lo que el presidente ha calificado de "crisis nacional".

Obama espera obtener suficiente apoyo popular con el que presionar a los republicanos para que apoyen el plan, a pesar de la fuerte oposición a todas sus propuestas.

El vicepresidente Joe Biden dijo en la mañana de este viernes que los fondos del plan de empleo se inyectarán a la economía en tres a seis meses después de que se apruebe y podrían ayudar a alentar a las empresas que han sido reacias a invertir su dinero.

"Las próximas elecciones están a 14 meses de distancia", dijo a los congresistas. "Y la gente que nos ha puesto aquí -la gente que nos ha contratado para trabajar para ellos- no puede permitirse el lujo de esperar 14 meses", agregó.

Bajas de impuesto sí, infraestructura no. Pero los analistas se han mostrado cautos, a pesar de algunas muestras iniciales el jueves por la noche de líderes republicanos en el Congreso de una disposición favorable a encontrar puntos en común.

"Es factible (alcanzar) un acuerdo con algunas bajadas de impuestos", dijo Greg Valliere, analista de Potomac Research Group, que asesora a inversores sobre política. Pero ve pocas posibilidades de que los republicanos apoyen inversiones significativas en infraestructura.

Con la reducción de la deuda y del déficit como prioridades, los republicanos ridiculizaron el plan de estímulo de Obama del 2009, calificándolo de derrochador y rechazando medidas fiscales "keynesianas" a corto plazo para impulsar la economía.

Los mercados financieros respondieron con frialdad al nuevo plan.

En el centro del plan se encuentra la propuesta de extender y aumentar una rebaja de impuestos a los trabajadores que se aprobó en diciembre. Además, se reducirían los impuestos para las empresas, sobre todo para las pequeñas y para aquellas que hagan contrataciones.

Obama también dijo que está intentando reanimar el mercado de la vivienda aumentando el acceso a la refinanciación para los propietarios.

Un suspiro de alivio podría venir de los comunicados que sacaron el presidente de la Cámara de Representantes, el republicano John Boehner, y su compañero de partido y líder de los suyos en el Senado, Eric Cantor, que pasaron gran parte del año pasado inmersos en un amargo enfrentamiento con la Casa Blanca.

Temor a una recesión. Boehner dijo que las ideas de Obama "merecen ser abordadas". Cantor, cuyo estado visitará Obama el viernes próximo, dijo que las rebajas de impuestos a los trabajadores son "algo que formará parte de las negociaciones".

No son un apoyo, pero al menos no son el claro rechazo que muchos esperaban.

Los malos datos de empleo y otros conocidos recientemente han aumentado el temor a que la economía vuelva a hundirse en una recesión.

Aunque la mala situación económica ha perjudicado notablemente los índices de popularidad del presidente, los republicanos son muy conscientes de que podrían verse afectados también si la situación empeora. Obama ha tenido éxito en mostrarles como unos obstruccionistas.

El vicepresidente Joe Biden dijo en la mañana de este viernes que los fondos del plan de empleo se inyectarán a la economía en tres a seis meses después de que se apruebe y podrían ayudar a alentar a las empresas que han sido reacias a invertir su dinero.

"Todo esto está diseñado para modificar el nivel de confianza y la actitud de la gente", agregó al canal NBC.

Christopher Arterton, profesor de ciencia política en la Universidad George Washington, dijo que Obama ha tenido éxito a la hora de "volver a situarse en el centro del debate sobre el futuro del país", uno de sus principales retos.

Los republicanos le han criticado duramente desde hace meses por lo que dicen es un liderazgo económico débil, y una mala señal para sus posibilidades de reelección es que algunos demócratas también han empezado a criticarle por su gestión económica.

El paquete de medidas y el tono enérgico del discurso de Obama fueron bienvenidos por el presidente de la confederación sindical AFL-CIO, Richard Trumka, quien se sentó junto a la primera dama Michelle Obama durante el discurso.

Dijo que Obama está "dispuesto a poner en el tapete la creación de nuevos empleos a un nivel sustancial".