La crisis del desempleo en el mundo se agudizará en los próximos cinco años, según un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que calcula que en 2019 serán más de 212 millones las personas que no tendrán trabajo frente a los 201 millones que están desempleados actualmente.

El informe Perspectivas sociales y del empleo en el mundo 2015, alerta de la posibilidad de que en los próximos años aumenten las desigualdades y la conflictividad social como consecuencia del crecimiento del desempleo.

"Más de 61 millones de puestos de trabajo se han perdido desde el comienzo de la crisis mundial en 2008 y nuestras previsiones muestran que el desempleo seguirá aumentando hasta finales de la década. Esto significa que la crisis del empleo dista mucho de haber terminado, de manera que no hay margen para la complacencia", señaló en rueda de prensa el director general de la OIT, Guy Ryder.

El informe estima que en 2015 el mundo generará 3 millones de desempleados más.

"Pero lo que es aún más desalentador es que en 2019 se estima que habrá 212 millones de desempleados", confesó Ryder.

Si se incluye a las personas que se incorporarán al mercado de trabajo durante los próximos cinco años, para colmar la brecha en el empleo que ha generado la crisis será preciso crear 280 millones de empleos nuevos para 2019, sostiene el texto.

Los jóvenes, en particular las mujeres jóvenes, siguen viéndose afectadas por el desempleo de manera desproporcionada.

Los trabajadores jóvenes de entre 15 y 24 años sufren una tasa mundial de desempleo de casi el 13 por ciento en 2014.

En 2014, cerca de 74 millones de personas de entre 15 y 24 años buscaban trabajo.

La tasa de desempleo de los jóvenes casi triplica la de los adultos, una situación que Ryder definió como "algo realmente sombrío".

El aumento del desempleo de los jóvenes es común a todas las regiones y prevalece a pesar de la mejora del nivel de educación, lo que fomenta el malestar social.

Raymond Torres, jefe del departamento de Investigación de la OIT, puntualizó que se ha demostrado que allí donde el desempleo juvenil aumenta, la conflictividad social se incrementa.

De hecho, en concordancia con la tasa de desempleo mundial, el malestar social se disparó desde el comienzo de la crisis en 2008, y en la actualidad sus niveles son casi 10 por ciento más altos que antes de la crisis.

En algunos países desarrollados el desempleo está disminuyendo y en ocasiones recupera los niveles anteriores a la crisis. En Europa meridional el desempleo decrece lentamente, aunque respecto de tasas excesivamente elevadas, puntualiza el informe.

En cambio, tras un período de mejores resultados en comparación con la media global, la situación se está deteriorando en algunas regiones y economías de ingresos medianos y en desarrollo, como América Latina y el Caribe, China, Federación de Rusia y algunos países árabes.

En América Latina, tras el repunte inicial después de la crisis, el ritmo de crecimiento ha disminuido considerablemente, con su correspondiente repercusión en los mercados laborales, especifica el texto.

El desempleo volvió a registrar una tendencia al alza en la región en su conjunto, sobre todo en los países que dependen de la exportación de recursos naturales.

Las perspectivas de reducir la incidencia del empleo informal se han deteriorado.

El desempleo de los hombres sigue siendo significativamente más bajo que el de las mujeres - 5,3 por ciento y 7,7 por ciento respectivamente en 2013 - si bien la diferencia se ha reducido desde comienzos de la década del 2000.

Respecto al empleo vulnerable (trabajadores por cuenta propia y empleadas del hogar no remuneradas) dos regiones, Asia Meridional y África Subsahariana, concentran tres cuartas partes de este tipo de trabajo.

El texto indica que la desigualdad de ingresos seguirá ampliándose, con el 10 por ciento más rico de la población que cobrará entre 30% y 40% del total de los ingresos, mientras que el 10% más pobre ganará entre 2% y 7% del total de los ingresos.

"Si los bajos salarios llevan a las personas a consumir menos y las inversiones siguen siendo débiles, esto tiene evidentemente un impacto negativo en el crecimiento", señaló Ryder, recordando que las desigualdades no sólo son un freno para el desarrollo económico, sino que bloquean la movilidad social, e incrementan el descontento social.

"Los gobernantes deben parar de lamentarse y actuar. Deben implementar políticas efectivas que reduzcan el desempleo y las desigualdades", concluyó.