Ginebra. Sin una base ancha de empleo formal los países nunca podrán ser desarrollados, por lo que se requieren incentivos para hacer "emerger" empleos y empresas de la economía sumergida, dijo el presidente de la conferencia anual de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Daniel Funes de Rioja.

Ese es uno de los mayores desafíos que destaca Funes (Argentina, 1946) en una entrevista con Efe, durante una pausa de las sesiones de la conferencia que se celebra en Ginebra con participación de 4.000 delegados de gobiernos, sindicatos y del sector empresarial de 185 países.

Líder del empresariado argentino, Funes también es desde hace catorce años el máximo representante de los empleadores en la OIT, una organización única por su composición tripartita.

Estas obligaciones las compagina desde hace una semana con la de presidencia de la Organización Internacional de Empleadores, un mandato que ejercerá durante los próximos tres años.

En treinta y cinco años de trayectoria como delegado en la OIT, Funes, abogado de profesión, ha sido testigo de los cambios impresionantes de las últimas décadas en el mundo del trabajo, así como de la capacidad que ha tenido la organización para adaptarse a ellos.

Desde su perspectiva, estos cambios han hecho que actualmente sean dos los mayores desafíos que enfrentan los países en el ámbito del empleo: la brecha educativa-formativa y la brecha entre economía formal e informal.

"Ambas son insuperables si no se ponen remedios", sentencia el presidente de la conferencia de la OIT.

"Un joven necesita hoy competencias y entrenamiento en el trabajo. Uno solo no basta, se necesitan los dos. La tecnología sin experiencia no es suficiente, y viceversa", explica.

El segundo gran tema por resolver, el de la informalidad, es uno de los temas centrales que aborda este año la conferencia de la OIT, que se ha planteado el objetivo de aprobar antes de concluir -el próximo día 12- una "recomendación" a los países para promover una transición hacia la formalidad laboral.

"Esta es la primera vez que se aborda un tema de este tipo. La OIT era una institución para 'insiders', es decir producía normas para los que estaban dentro del sistema, fueran empresas o trabajadores", explica Funes.

Ahora, la OIT quiere atajar un gran problema que involucra a "outsiders", es decir a ese inmenso sector de economía informal que no responde a sus reglas para proteger a los trabajadores.

El primer gran paso dado en ese sentido fue la aprobación en la conferencia de la OIT de 2011 de la Convención Internacional sobre el Trabajo Doméstico, una actividad en la que abunda el empleo informal.

"De esta conferencia debe salir una decisión de transición, pero no de persecución de la informalidad. Se trata de hacer emerger los empleos y a las empresas hacia la formalización", comenta el líder empresarial.

De su experiencia como empleador y líder de la patronal internacional, Funes considera que "en el camino al desarrollo, la informalidad es un obstáculo esencial, se puede tener tecnología de punta, tener el mejor país del mundo, pero con un 50 por ciento, y en algunos casos hasta 80 por ciento, de informalidad, nunca se podrá tener un país desarrollado".

El presidente de la conferencia se refiere en este caso concreto a la realidad de América Latina, donde piensa que se debe aprovechar la "onda favorable" que está atravesando la región "para dar el gran empuje hacia modelos productivos y sociales como los europeos".

Para ello se necesitan -entre otros- incentivos para la formalización, a través de facilidades desde el punto de vista burocrático y fiscal.

"El proceso de transformación hay que impulsarlo, con facilidades para el registro (de pequeñas empresas), con impuestos razonables que no opriman ni obliguen a nadie a ir por el otro sendero, además de acceso a la tecnología y financiación", detalla.

"Con visión de libre empresa tengo que decir que en esto el rol del Estado es esencial (...) Hay que promover que los microemprendedores informales con potencial se transformen en pequeña empresa, concluye.