En tiempos coloniales se popularizó la expresión “vale un Perú” para significar algo de gran valor. Las riquezas minerales que fluían en la región y que proveían al imperio español grandes ganancias, sustentaban el refrán. Cinco siglos después, la historia quiere repetirse.

Hoy Perú vive un boom en su economía y su crecimiento es el mayor entre los países latinoamericanos. La capacidad de producción mantiene optimista al país y ven lejos la crisis que padece Europa. Pero para “valer un Perú” en su totalidad hay que acortar ciertas brechas, como la alarmante desnutrición infantil, la hambruna en algunas regiones a niveles africanos según organizaciones y los conflictos generados por la minería informal (ver nota aparte), un sector que tiene mucho que ver en el andamiaje económico de la nación incaica.

Perú alcanzó su “milagro económico” tras haber concretado un crecimiento del 60,2% entre 2002 y 2009. El país crecerá un 5% en el primer semestre de 2012 tras haber alcanzado una expansión de 5,4% en el cuarto trimestre de 2011, con un incremento anual del PBI en torno al 5,7%, como ningún país de América Latina. En 2009, mientras la crisis pegaba en gran parte del mundo, la economía peruana creció un 0,9%. Además, durante la última década, hasta el año pasado, la inflación apenas llegó al 2,25% –gracias a una ajustada política monetaria, según analistas– y la deuda pública descendió al 20% del PIB.

El consumo privado se muestra fortísimo –la venta de autos 0 km aumentó un 41% en enero–, la confianza empresarial se mantiene firme en zona de optimismo, hay una acentuación de las órdenes de compras de bienes por parte de las empresas y como buena prueba del dinamismo, la fiebre constructora se hace notar en casi todas las ciudades, con un ascenso en el precio de entre el 20% y 30% de las propiedades inmobiliarias.

- ¿A qué se debe, entonces, este dulce momento peruano?

- Para Hugo Perea, economista jefe para Perú del BBVA Research, el crecimiento sostenido de los últimos 13 años se explica por dos factores.

En primer lugar, por el “fortalecimiento de la institucionalidad bajo la que operan las políticas monetaria y fiscal, lo que asegura la implementación de políticas económicas prudentes que contribuyen a generar un clima de estabilidad macroeconómica favorable para la inversión, la generación de empleo y las decisiones de gasto de las familias”.

En segundo lugar, indicó el experto a El Observador, están las “reformas estructurales para mejorar la eficiencia de la economía; la mayoría de estas reformas se implementaron desde inicios de los años de 1990, destacando la apertura comercial y la liberalización del sistema financiero. La apertura comercial, que se realizó mediante reducciones agresivas de aranceles y tratados de libre comercio, generó un entorno competitivo que ha inducido a las empresas locales a mejorar su manejo corporativo”.

Gianfranco Castagnola, presidente ejecutivo de Apoyo Consultoría, concuerda en que Perú cambió “radicalmente” su modelo económico en los últimos 20 años, ahora caracterizado por la libre competencia, la apertura comercial, la desregulación de mercados y una fuerte apuesta por la inversión privada como motor de crecimiento. “Todo ello, en el marco de una política macroeconómica prudente, con políticas fiscales y monetarias orientadas a mantener la estabilidad de precios. El haber persistido estas dos décadas por esta vía –a pesar de una crisis económica y política complicada entre 1998 y 2001- y haber hecho, en el camino, ajustes importantes y positivos, explican este crecimiento”, dijo a El Observador.

Perú goza de un superávit fiscal y el sector bancario luce saludable tras ser rescatado de las ruinas por la debacle financiera de la década de 1990; los tratados comerciales fluyen –con Estados Unidos mantiene uno desde 2009–, los shoppings en Lima y en las principales urbes nacen como hongos, el ingreso per cápita se triplicó en los últimos años hasta casi US$6.000. Todo ello beneficiado por los precios récord de las materias primas básicas, donde la minería –Perú es potencia mundial– es la estrella absoluta.

El riesgo está en qué sucederá si los precios de esas materias primas caen. Castagnola asegura que Perú depende mucho de esto, pero puede estar tranquilo ante una estructura “algo diversificada”. “Metales preciosos (oro, plata) y metales industriales (cobre, plomo, zinc), harina de pescado. No dependemos –como Venezuela, por ejemplo– de un solo producto. En la última década, las exportaciones no tradicionales han pasado de US$2.000 millones a US$10.000 millones, reduciendo esa dependencia. Pero el precio de los metales sí importa mucho en la recaudación fiscal (23% del impuesto a la renta empresarial lo proporciona el sector minero) y en la inversión privada”, explicó.

“Es indudable la importancia que tienen los precios de las materias primas para Perú”, aseveró, por su parte, Perea del BBVA Research. “La importancia de los minerales se aprecia en su alta participación dentro de la estructura de exportaciones (53%). Sin embargo, Perú es polimetálico (…). En diversas ocasiones los precios de los metales básicos se mueven en dirección distinta a los del oro y la plata”, agregó el economista que también cree en la diversidad de la oferta peruana. En este sentido, afirmó que la política fiscal será clave para utilizar los recursos con responsabilidad: ahorrar ahora para enfrentar un eventual “choque negativo sobre la economía”.

Desigualdades y desajustes. Pero el crecimiento no significa, necesariamente, desarrollo, y pese a ese boom económico sostenido de Perú en los últimos años, todavía queda mucho por hacer. Si bien la pobreza del país se ha reducido –hace dos décadas la mitad de los peruanos era pobre–, la desnutrición infantil, la falta de acceso a la salud, la mala educación son aún grandes escollos.

Perú logró crecer la torta debido a diversos factores, y ahora el problema es cómo repartirla para enfrentar esa desigualdad, pobreza y desnutrición. Desde que el presidente Ollanta Humala asumió en julio de 2011, ha reafirmado su objetivo de acortar las brechas al diseñar planes para incrementar el gasto social. Una prueba de ello

fue la creación del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (MIDIS) cuyo objetivo principal es la inserción de la población en tres dimensiones: económica, social y de ciudadanía. Pero esto no ha sido suficiente. El economista Santiago Roca, docente de la Universidad ESAN, piensa de este modo. Si bien hay “cambios por el lado de los programas sociales, en el modelo de crecimiento se sigue impulsando un crecimiento dispar”, aseguró.

La base de la desigualdad radica en el limitado acceso a servicios esenciales, como educación y salud. Si se toma el Índice de Oportunidades Humanas (IOH), un indicador que mide la cobertura de herramientas básicas y equidad de oportunidades, Perú es el país más desigual en la distribución de oportunidades en América Latina comparado con 18 países. Los números para Perú respecto a acceso a electricidad, agua potable, saneamiento básico y desnutrición son desalentadores, y el sistema de educación en el país es considerado uno de los peores de Latinoamérica.

La desnutrición infantil es un tema clave para Perú, tanto que el “gobierno se ha planteado reducir la pobreza a menos de 20% y la desnutrición crónica infantil a menos de 10% en 2016”. Hoy el 18% de los niños peruanos presenta desnutrición crónica; en las zonas alto andino y selvas el número alcanza a un 50%.

La ONG Save the children, en el documento “Una vida sin hambre: cómo combatir la desnutrición infantil”, señala que en Perú existen varias Áfricas. La comparación se debe a los altos porcentajes de pobreza y desnutrición infantil que presenta el país, los cuales se asemejan a ese continente. La directora de la ONG, Teresa Carpio, dijo a El Observador que la principal causa de esta problemática es que son zonas que siempre han sido excluidas. En estas aéreas los servicios de salud y educación no llegan o no son adecuados para la población; por ejemplo, los habitantes son analfabetos en castellano y los profesionales no hablan quechua o no comprenden su cultura, y esa falta de entendimiento termina provocando mortalidad materna y neonatal.

El estudio evidencia la mala alimentación de la sociedad peruana. Para el 68% de la población el alza de los precios es una preocupación grave, más del 50% declaró haber dejado de consumir un producto de primera necesidad y un 13% dijo que sus hijos dejaron de ir a las escuelas para trabajar. Esta mala alimentación no solo provoca la desnutrición sino también anemia (falta de hemoglobina en la sangre), retrasando el desarrollo de los niños a nivel físico e intelectual. La media nacional de anemia para los menores de 5 años es de 51,1% y en algunas zonas se llega al 70%.

Carpio cree que hay problemas que se pueden resolver de inmediato si se cuenta con personal capacitado y una verdadera política de descentralización donde los servicios básicos lleguen a las áreas más excluidas del país. También dijo que a veces el discurso político no coincide con la realidad. Si bien el presidente Humala estableció que la primera infancia es la prioridad del gobierno y el ministro de Economía y Finanzas, Luis Miguel Castilla, dijo que “su país está abocado a un crecimiento de calidad, con inclusión social y estabilidad macroeconómica”, solamente se adjudicó US$5 millones del presupuesto para ello y se dejó algunos distritos del país de lado. La realidad indica que los recursos están pero no se destinan apropiadamente. Ahí estará la clave para, definitivamente, “valer un Perú”.

Algunas cifras

-5% es la expectativa de crecimiento para el primer semestre de 2012

-2,25% fue la inflación en la última década

-23% de la recaudación fiscal proviene del sector minero

-60,2% creció Perú entre 2002 y 2009

-41% de niños peruanos vive en situación de pobreza

-23% de hogares rurales corresponde a pobres externos

-60% de los niños peruanos que vive en zonas rurales es pobre

-21,6% de los niños peruanos menores de 5 años sufre desnutrición crónica