Atenas. La eurozona no corre peligro de desintegrarse y Grecia permanecerá en ella, pero los políticos de la Unión Europea deben perder menos tiempo en debates que generan desconfianza y fomentar la cohesión interna si quieren evitar que el continente se quede atrás en la competencia global.

Estas fueron algunas de las conclusiones a las que políticos y empresarios helenos y europeos llegaron este lunes en Atenas durante los debates celebrados con motivo de la "Mesa redonda del The Economist" sobre el futuro de Grecia y la eurozona.

El ex comisario europeo y ex ministro laborista británico, Peter Mandelson, advirtió de que el reciente caso de Chipre ha demostrado que la crisis todavía no ha pasado y que "las llamas se pueden reavivar", por lo que es necesario, a su juicio, mantener el camino de la consolidación fiscal, aunque "mano a mano", con políticas que impulsen el crecimiento.

Mandelson opinó que ese ha sido precisamente un camino que ha seguido Estados Unidos, un país que, pese a sufrir también la crisis económica, ha sabido impulsar el crecimiento porque ha sido más flexible, hasta el punto de que, junto a China, se ha convertido en el motor de crecimiento económico del mundo.

Europa debe darse cuenta de que su hegemonía forma parte del pasado y de que el nuevo mundo es multipolar, con países emergentes que pujan con la misma fuerza y con los que tanto EE.UU. como la Unión Europea deben cooperar estrechamente, sostuvo Mandelson.

En los debates, centrados sobre todo en el problema griego, hubo coincidencia en que el mayor problema, fuera de la necesidad de acelerar algunas reformas, es el exceso de crítica y la falta de cohesión interna, que impiden que los inversores vuelvan a los mercados.

El representante del Fondo Monetario Internacional en las negociaciones de la troika, Poul Thomsen, criticó que en los últimos años los políticos han generado más desconfianza que otra cosa, dibujando escenarios negativos como que Grecia debería abandonar la eurozona, en lugar de reconocer los avances extraordinarios que ha dado este país.

No hay duda, recalcó, que Grecia ha hecho "un ajuste fiscal excepcional", para añadir que el país heleno recuperará la senda del crecimiento en los próximos 15 a 18 meses.

Thomsen, quien compareció junto al ministro de Finanzas griego, Yannis Sturnaras, aprovechó su intervención en este foro para anunciar un acuerdo de la troika con el Gobierno de Atenas sobre el próximo tramo del rescate.

El representante del FMI no quiso dejar lugar a dudas sobre que la troika no abandonará a Grecia y prometió que, además de los 185.000 millones de euros desembolsados ya en los dos programas de rescate, cuyo valor total asciende a 240.000 millones de euros, los socios harán "todo lo que sea necesario" para respaldar el programa de ajuste fiscal heleno.

Sturnaras tuvo que dibujar ya de oficio un panorama optimista sobre la evolución de Grecia y, entre otros logros, destacó que su Gobierno ha completado dos terceras partes del ajuste fiscal necesario y tres cuartas partes del programa de competitividad económica.

No obstante, reconoció que las negociaciones de la troika se han dilatado demasiado y han causado disputas innecesarias.

La mayoría de los empresarios y economistas que participaron en los debates coincidieron también en valorar como extraordinario el programa de ajuste griego, sobre todo las medidas que han llevado a flexibilizar el mercado laboral, a reducir los costes del trabajo y a recortar el nivel de las pensiones.

Sin embargo, el mundo empresarial considera que todavía hay mucho retraso en el programa de privatizaciones y en la reforma de la legislación empresarial.

"Se ha avanzado mucho" en la reducción de salarios y pensiones, valoró Themistoklis Fiotakis, representante de Goldman Sachs, quien consideró inaceptable que el programa de privatizaciones lleve "un retraso de 3 años".