Santiago. En medio de la crisis que vive Chile en la última semana, el empresariado del país hizo una suerte de autocrítica y se abrió a la posibilidad de deshechar la reintegración tributaria contemplada en la reforma.

En parte, obligados por las consignas de estallido social de los últimos días, que ha sido empujado por la profunda desigualdad en el país, empezaron a dejar de lado la iniciativa que en la práctica les iba a permitir ahorrarse US$800 millones al año en impuestos: una de las tantas injusticias por las que reclama la ciudadanía.

Ante ello, los empresarios, agrupados en la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC), se reunieron para abordar la crisis. Una especie de mea culpa que encabezó del presidente de la CPC, Alfonso Swett.

"Para nosotros es hora de escuchar con humildad para construir el Chile de todos y para todos (...) lo que estamos viendo ahora son consecuencias en la que todos tenemos responsabilidad", dijo Swett.

La reintegración tributaria ha sido uno de los temas que ha defendido el empresariado, que es el denominado corazón de la reforma tributaria, pero que no tiene piso político para ser aprobado.

Es por eso, y en medio de este contexto, en donde los empresarios manifestaron apertura a discutir otros mecanismos.

Así lo indicó el presidente de la Sociedad de Fomento Fabril (Sofofa), Bernardo Larraín Matte. "Hay que atener apertura, que estén todos los temas en la mesa. Nosotros no podemos abstenernos de ese proceso, tenemos que nutrir ese debate", señaló.

En medio de esta discusión, el multimillonario Andrónico Luksic abrió el debate en Twitter tras anunciar que a partir de 2020 ningún trabajador directo de sus empresas del Grupo Quiñenco ganará menos de 500 mil pesos mensuales.