Los precios de los alimentos subieron en 37,57% promedio a nivel mundial en los últimos tres años y medio, así lo aseguró un último documento creado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.

Si la medición se hace tomando al 2.000 como año base, entonces el valor de los alimentos trepó 140%, es decir, casi dos veces y media en 12 años.

Esto explica la preocupación del Gobierno por cuidar “la mesa de los argentinos” que llevó a las administraciones de Néstor Kirchner y Cristina Fernández a aplicar políticas a favor de evitar que esos bruscos incrementos se replicaran a nivel local con la misma fuerza.

Pero también explica que los países centrales, con un discurso en general centrado en rechazar la posibilidad de los Estados lleven adelante medidas destinadas a disciplinar a los mercados, propusieran en diversas ocasiones que se estableciera un tope al aumento de los alimentos, en lugar de apostar a una mayor producción y a las políticas internas de redistribución de la riqueza.

Los incrementos en los alimentos se dieron en forma importante tanto en carne, como en productos lácteos, cereales, aceites y grasas, y azúcar, aunque con mayores proporciones en algunos que en otros.

En el mismo período, los productos lácteos se encarecieron 32,39% y la carne 31,57%; al tiempo que el azúcar lo hizo en un 10%, porque ya había acumulado un fuerte aumento en los años previos, y llegó a caer 25% en los últimos doce meses.

En lo que respecta al período 2000-2012, los aceites y grasas, con la soja como punta de lanza, treparon 230,88%; seguidos no tan lejos por los cereales, con 209,41%.

Más atrás quedó el azúcar, con un incremento de 144,82%, los productos lácteos, con 97,89% y la carne con 82,89%.

Durante 2011, y a iniciativa del entonces presidente francés Nicolas Sarkozy, que fue inmediatamente apoyada por el Banco Mundial, dentro del Grupo de los Veinte (G-20) se planteó la posibilidad de ponerle un tope a los precios de los alimentos, ante la alarmante escalada de los mismos.

La Argentina, junto a Brasil y otras naciones emergentes, llevó una férrea posición de resistencia a la cumbre que se hizo a mediados de ese año, y lograron frenar la proposición europea.

Pero a fines de julio último, nuevamente el Banco Mundial advirtió sobre “los efectos” que estos fuertes incrementos tienen “en los pobres del mundo, que son sumamente vulnerables al alza de los precios de los alimentos”.

A través de un comunicado, el BM señaló que “la inestabilidad de los precios de los alimentos genera imprevisibilidad en el mercado y plantea riesgos fundamentales para los consumidores y los gobiernos con respecto a la seguridad alimentaria”.

Sostuvo que “la inestabilidad también desincentiva la inversiones agrícolas necesarias para el desarrollo, debido al aumento de los riesgos financieros y la incertidumbre para los productores y los comerciantes”.

La respuesta del lado argentino, en representación de los países productores que rechazan la imposición de topes a los precios, no se hizo esperar y de inmediato la presidenta Cristina Fernández remarcó que “ha retornado en Europa la idea de volver a poner un precio tope a los commodities, como si el problema fuera el precio”.

Desde la América del Sur les decimos que se queden tranquilos, que vamos a proveer seguridad alimentaria, y que el mundo no está así por ese precio, sino por la inseguridad financiera que ellos generaron”, remarcó la Presidenta durante el acto de ingreso de Venezuela como socio pleno del Mercosur, que se realizó en Brasilia.