Buenos Aires. El alza de precios en alimentos superó 15% en Argentina entre diciembre y marzo, en el mayor incremento sectorial desde el 2002, dijo este domingo una consultora privada.

Los rubros "carnes" y "lácteos" impulsaron la inflación en alimentos, reportó la consultora Ecolatina, en momentos en que los datos de alzas de precios manejados por analistas privados incluso cuadruplican las proyecciones oficiales.

"La carne fue el factor determinante de esta dinámica: en algunos casos puntuales, las subas alcanzaron 50%", dijo la consultora en su informe público semanal, en medio de problemas estructurales y conyunturales de oferta.

"En el primer trimestre de 2010 la faena y la producción (de carne) cayeron en torno de 17% interanual, retrocediendo casi 10 años en nivel. Esto tuvo efecto directo en los precios y en el consumo per cápita, que ajustó de 70 a 56 kilogramos anuales", agregó.

Según el índice de precios al consumidor (IPC) de Ecolatina, los productos lácteos acumulan un incremento del 13,7% en los primeros cuatro meses del año.

Los últimos sondeos de Reuters en torno a la inflación argentina ratificaron la desconfianza que generan las cifras divulgadas por el estatal Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), en un ambiente de deterioro del poder adquisitivo de los argentinos.

El IPC oficial de 2009 en Argentina fue de 7,7%, aunque analistas privados afirman que habría llegado a alrededor de 15%. Por ello, calculan un incremento real de precios de alrededor del doble para 2010.

La presión inflacionaria, que a criterio del gobierno es culpa de empresarios y comerciantes, se produce frente a reclamos de productores agropecuarios e industriales para una depreciación del peso en búsqueda de una mayor competitividad para las exportaciones.

Ante un mayor circulante de dólares por liquidaciones de agropecuarios, el Banco Central absorbe los sobrantes para evitar una mejora en los valores del peso.

Al mismo tiempo, tampoco permite una brusca caída de la moneda local para que su impacto no se traslade de inmediato a los precios finales y genere más inflación, cuando hay compras privadas de dólares por los temores que genera la crisis fiscal en Grecia y una potencial expansión al resto de Europa.