Asunción. “Ojalá, algún día, tengamos la grandeza y la sabiduría de integrarnos energéticamente, como ya lo hizo Europa desde Noruega hasta Portugal, o América del Norte, de Canadá hasta México. En América Latina estamos lejos de esa integración...”, afirma el presidente de Chile, Sebastián Piñera, como un lamento pero también como una llamada de atención a la avaricia de algunos vecinos que no ceden un ápice para avanzar en la integración. En una pausa de su participación en la Cumbre Iberoamericana, Piñera se refiere a las dificultades que encuentra Paraguay en Argentina para vender su energía a Chile y Uruguay.

–La energía eléctrica. ¿Hay forma de convencer a Argentina que facilite el paso de nuestra energía eléctrica hacia Chile?

–Paraguay es un país con un potencial de generación de energía inmenso, y puede ser un gran exportador. Chile ha llegado a un principio de acuerdo con Paraguay, pero está todavía pendiente el traslado de esa energía por territorio argentino. Yo sé que tanto Paraguay como Uruguay y Chile estamos haciendo ese esfuerzo (de integración efectiva). Ojalá, algún día, tengamos la grandeza y la sabiduría de integrarnos energéticamente, como ya lo hizo Europa desde Noruega hasta Portugal, como lo ha hecho América del Norte, desde Canadá hasta México. En América Latina estamos lejos de esa integración. Tiene que haber integración energética, física, construcción de corredores bioceánicos, hacer de América del Sur una unidad y una fuerza para enfrentar los desafíos.

–¿Qué puntos de interés ve usted para la inversión chilena en Paraguay?

–Ya existen muchas inversiones chilenas en Paraguay y también inversiones paraguayas en Chile, pero esto es recién el comienzo. Tenemos que unir nuestra fuerza. Nuestros antepasados tienen lazos de sangre.

–¿Quién?

–¿Usted sabe que Fulgencio Yegros tenía un lazo de sangre con Bernardo O’Higgins (el prócer chileno)?, porque eran parientes. Además, muchos patriotas paraguayos cruzaron con el Ejército Libertador la Cordillera de los Andes para contribuir a la Independencia de nuestro país. Y por lo tanto son muchos los lazos que unen a nuestros pueblos.

–¿Qué grado de participación en el cimiento de la economía de Chile tuvo Pinochet?

–El sistema económico que tenemos en Chile está basado en la iniciativa privada, en la creatividad del emprendimiento, en la iniciativa de las personas. No se inventó durante el gobierno militar. Sí es cierto que el gobierno militar hizo grandes reformas económicas que permitieron a este sistema desplegarse y desarrollarse en plenitud. Chile tiene tratados de comercio con 58 países que representan más del 80% del producto nacional bruto de la población mundial.

–¿Cómo es su plan para combatir la pobreza?

–La meta es grande, noble y ambiciosa: lograr, antes de terminar la década, que Chile logre derrotar el subdesarrollo y superar la pobreza, atacando básicamente la mala calidad de la educación de los sectores más vulnerables, las pocas oportunidades de buenos empleos de los sectores más vulnerables y la debilidad de la familia de los más vulnerables.

–Chile progresa, reduce el desempleo, pero su popularidad disminuye, según encuestas. ¿A qué atribuye la contradicción?

–Es una paradoja, sin duda, porque en estos primeros 20 meses de gobierno hemos logrado multiplicar por 4 nuestra capacidad de crecimiento, por 4 la creación de empleo. Simultáneamente estamos enfrentando con decisión y voluntad el tema de la pobreza. Estamos haciendo las grandes reformas pendientes en materia de salud y educación, y sin embargo, estamos enfrentando, como ocurre en el mundo entero, una ciudadanía que es mucho más exigente, que está mucho más empoderada, más consciente de sus derechos, –y me gustaría también que sea consciente de sus deberes–, que es mucho más impaciente, quiere soluciones inmediatas. Pero para leer bien lo que pasa con la opinión pública chilena, hay que tener claro que nuestro gobierno, si bien ha perdido apoyo, la oposición lo ha perdido con más fuerza... Es una rebelión de los ciudadanos que están exigiendo a los políticos una nueva conducta. Estamos en la senda de recuperar la capacidad de crecer, de crear trabajo, de luchar con mayor eficacia contra la delincuencia y contra la pobreza.

–¿Cómo enfrenta Chile la amenaza comercial china?

–Nosotros vemos en China no solamente una amenaza, sino que también una tremenda oportunidad, y Chile es un país que no le tiene miedo ni a la libertad, ni a la integración ni a la competencia. Por eso, lejos de protegernos de los chinos, firmamos un tratado de libre comercio con ellos. De hecho, hoy día, China es por lejos el mayor socio comercial de Chile.

–Usted habló de la necesidad de la renovación de las instituciones a nivel mundial y regional. ¿Qué implica eso?

–Toda la institucionalidad internacional es fruto de la posguerra. En Breton Woods, en 1945, se creó Naciones Unidas, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y muchas otras organizaciones. Pero ellas no están preparadas para enfrentar los desafíos del presente. Los problemas de hoy día son de naturaleza mundial. No se pueden resolver solo con políticas nacionales. Y tenemos que darnos cuenta de que tenemos que fortalecer la gobernanza mundial para enfrentar este tipo de desafíos, y eso significa que los países van a tener que darle más atribuciones a organismos que los propios países acuerden, para que puedan ser más eficaces en la protección del medioambiente, en la lucha contra el calentamiento global y el cambio climático, coordinar mejor a los países frente a las crisis financieras, combatir con mayor eficacia al terrorismo y el narcotráfico. Todo eso no existía en el año 45 y, por tanto, las instituciones de hoy día son instituciones viejas que no responden ni son eficaces para enfrentar los problemas nuevos que son los que afectan a la humanidad.

–¿Agregaría al Mercosur, a la Unasur, a los otros bloques sudamericanos?

–Además de las grandes organizaciones mundiales, por supuesto que también yo pienso que tenemos que modernizar profundamente nuestras organizaciones regionales... Tenemos demasiadas organizaciones regionales: Unasur, Mercosur, ALADI, Pacto Andino, Comunidad Andina de Naciones.

–¿Nota hipocresía en estos encuentros de integración?

–Mire, Europa tuvo dos guerras en el siglo pasado, 50, 60 millones de muertos. Apenas terminó la Segunda Guerra Mundial abandonó la lógica de las líneas Maginot, las líneas Sigfrido, que era una lógica de cañones, trincheras, y las reemplazó por la lógica de la integración. Así se formó la Comunidad Europea.

En América Latina no hemos tenido estas guerras ni en el siglo pasado ni en este siglo, pero todavía no logramos la verdadera integración. Falta el gran esfuerzo de integración. Una vez escuché a un presidente de Estados Unidos plantear hacer una zona de libre comercio, de integración, desde Alaska hasta Tierra del Fuego. En esa misión no hemos avanzado ni con fuerza ni con velocidad.

–Hace un tiempo, el presidente Alan García, refiriéndose a estas reuniones, preguntaba a sus demás colegas de la región: “Si son tan amigos, ¿para qué compran tantas armas?”. ¿Dónde está Chile, ahí?

–Es una muy buena reflexión. Nosotros somos partidarios del “sistema de homologación” porque gran parte de nuestro problema radica en la desconfianza, la falta de certeza... Con Argentina, por ejemplo, tenemos un acta de homologación. Sabemos exactamente cuál es el potencial militar de Argentina y de Chile. Lo mismo le hemos propuesto a Perú. Ojalá en América Latina, y especialmente América del Sur, podamos avanzar en un sistema de transparencia en nuestras potencialidades militares para generar ese clima de confianza que nos permita reducir el gasto de defensa en todo el continente.

–En vista del fracaso visible de la guerra contra las drogas, ¿qué opina de esa corriente que promueve Fernando Henrique Cardoso para legalizar la droga bajo control médico?

–Debe analizarse. Yo hago una sola pregunta antes de tomar una determinación. ¿Qué pasaría con el consumo de drogas en nuestros países si las legalizáramos? Habría menos narcotráfico porque sería legal. Pero si eso significa un aumento en el consumo de la droga, puede terminar siendo el remedio peor que la enfermedad. Por eso, primero tenemos que educar a nuestros pueblos, en el sentido de que la droga es muerte, es dolor, es sufrimiento...

–Usted es un empresario. Cuando deje la presidencia, ¿va a salir con más o menos fortuna que cuando entró?

–No le puedo contestar esa pregunta, porque yo, antes de asumir la presidencia, entregué mis bienes a un fideicomiso ciego, y por tanto estoy desligado de la administración de los bienes. Estoy ejerciendo en cuerpo y alma mi labor de presidente. No tengo tiempo para ninguna preocupación de interés privado. A partir del 12 de marzo del 2014, cuando deje el gobierno, ahí le puedo responder esa pregunta...

El jefe de Estado chileno ha caído constantemente en las encuestas, aunque en apenas un año y medio de gobierno, Sebastián Piñera logró reducir más de 7% el desempleo.

El año pasado la economía chilena creó medio millón de nuevos empleos. Al mismo tiempo atacó visceralmente la extrema pobreza con un sistema ético familiar que busca complementar los ingresos de las personas para que superen su condición de pobreza.

Son tres pilares: un pilar de dignidad, que es una transferencia monetaria por el solo hecho de vivir en pobreza; un pilar de deberes, que significa transferencias, si la familia cumple deberes, como que sus hijos asistan con regularidad a la escuela, que los controles de salud estén al día. El tercer pilar es de logros. Si los hijos logran mejorar el resultado de su educación, si la familia logra incorporar más miembros a la fuerza de trabajo, en vez de castigar, el programa los premia. La meta es superar la pobreza extrema antes del 2014.

Con todo, una encuesta de Latinbarómetro reportó esta semana que es el más impopular de los presidentes (28% contra 75% de Juan Manuel Santos de Colombia, el más popular).

Piñera dice tener esperanzas en que ese concepto cambie con el tiempo, cuando la opinión pública de su país “termine de darse cuenta de que hicimos lo que teníamos que hacer”.