El mundo afronta una nueva tormenta, distinta a la de 2008, y que es “más peligrosa” por la crisis de deuda en la eurozona, dijo la máxima autoridad del Banco Mundial, Robert Zoellick, en una entrevista con un medio australiano, publicada este último fin de semana en Sidney.

“Estamos en los primeros momentos de una tormenta nueva y diferente; no es la misma que en 2008”, reiteró Zoellick al rotativo “The Weekend Australian”.

El alto funcionario del BM agregó que en las últimas dos semanas el mundo pasó de una difícil recuperación, con varias velocidades, a una fase nueva y más peligrosa.

Margen fiscal, agotado. La mayoría de países desarrollados agotó el margen fiscal y sus políticas monetarias no pueden ser más flexibles, advirtió.

Zoellick reconoció que no conoce una fórmula para solucionar el problema, pero apuntó que “la lección de 2008 es que cuanto más tarde se actúe, más hay que hacer después”.

El titular del Banco Mundial instó a los dirigentes europeos a afrontar los problemas de la deuda soberana con un mayor sentido de urgencia, porque, en su opinión, este es un asunto “mucho más grave” que el que ha llevado a la rebaja de la calificación crediticia de Estados Unidos.

Otra preocupación. Otra preocupación de Zoellick son los disturbios en el Reino Unido y expresó su esperanza en que no descarrilen las políticas de austeridad que adoptó el Gobierno.

Zoellick llegó a principios de semana a Australia para participar en una serie de actos, entre ellos, la reunión anual que celebran los gobiernos de Washington y Canberra.

El termómetro. Las bolsas mundiales serán nuevamente hoy el gran termómetro de la economía global, luego de que la primera semana de agosto se mostrara negra y que la segunda resultara alucinante con la locura instalada en los mercados bursátiles en forma de altibajos insólitos.

Debe tenerse en cuenta que el lunes de la semana anterior las bolsas comenzaron a ser zarandeadas por un terremoto a partir del hundimiento de Wall Street, el mayor en tres años, influida por la histórica degradación de la calificación crediticia de EE.UU. por porte de la agencia Standard & Poor’s. El prestigio que representaba la calificación AAA en la deuda norteamericana bajó de una nota AA+, que siembra dudas.