Santiago.  Chile prevé un alza del gasto fiscal del 5,5% en el presupuesto del 2011, poco más de la mitad de la expansión prevista este año, con lo que buscar evitar una mayor presión sobre el peso y la inflación, dijo este jueves el ministro de Hacienda, Felipe Larraín.

Al dar a conocer los lineamientos del proyecto de presupuesto del próximo año, Larraín dijo que se trata del mayor presupuesto en la historia del país, que estará marcado por las labores de reconstrucción tras el devastador terremoto de fines de febrero pasado.

El presupuesto del mayor productor mundial de cobre se apoya en un vigoroso crecimiento del país, el que en promedio se expandiría en torno a un 6% en los próximos cuatro años, según estimaciones del Gobierno.

En una cadena voluntaria de radio y televisión, Larraín dijo que el proyecto de Presupuesto contempla un gasto total de US$53.387 millones el próximo año. La iniciativa legal considera además un crecimiento del gasto social de 14,9%.

"Es un presupuesto responsable, que cuida los efectos sobre variables económicas claves que afectan la vida de los chilenos, como el tipo de cambio, la tasa de interés y la inflación", dijo Larraín.

El peso chileno ha sacado una fuerza insospechada a principios de año y actualmente se cotiza en máximos en más de dos años frente al dólar, lo que se ha transformado en un dolor de cabeza para los exportadores chilenos ante su pérdida de competitividad.

Conjuga Presiones. El economista jefe de Penta Capital, Matías Madrid, dijo que el proyecto conjuga las presiones políticas y del tipo de cambio.

"Existían presiones políticas para que creciera bastante más pero parece un presupuesto moderado y bajo el crecimiento del PIB, lo que debería, por ejemplo, quitar presiones para el tipo de cambio y la tasa de interés", dijo Madrid.

"Probablemente en términos de inflación debería haber sido un poco más bajo, pero en general no se encuentra muy lejos de lo esperado por el mercado, se encontró un equilibrio", agregó.

Con el proyecto de Presupuesto del 2011, Larraín aseguró que también "se retoma el camino para volver al equilibrio fiscal estructural que se perdió en los últimos dos años".

El balance estructural es una política implementada en el 2001 que apunta a mostrar la situación del Fisco en una perspectiva de mediano plazo y que hasta fines de la década pasada se ubicó en terreno positivo, apoyado en la bonanza del cobre, principal exportación del país.

En la práctica, el balance estructural significa ahorrar en tiempos de bonanza cuando se reciben ingresos que se sabe sólo son transitorios, justamente para poder gastarlos cuando se enfrentan coyunturas que hacen caer los ingresos o aumentan las necesidades de gasto.