Ciudad de México. El 2017 fue un mal año para la industria mexicana, siendo varios los factores que se combinaron para lograr que este sector se debilitara. En el acumulado del año la producción industrial cayó 0,6% en cifras originales, la primera contracción en cuatro años y la más importante desde 2009.

Mientras la crisis en el sector minero se agudizó en el transcurso del año, otros sectores como la construcción y la generación y distribución de electricidad, gas y agua enfrentaron descensos en actividad. Sólo la industria manufacturera se mantuvo en expansión en el transcurso del año.

La mala racha para la minería se ha prolongado por los últimos cinco años. En 2017 la baja plataforma de producción y la caída en los precios del petróleo llevaron a esta industria a reducir en 9,8% la producción, cifra histórica en los registros del Inegi, disponibles a partir de 1994.

La extracción de petróleo y gas resaltó con un descenso acumulado de 10,3%, el más serio en los 24 años de la serie. Aunado a ello, por primera vez desde 2009 la minería de minerales metálicos y no metálicos -donde se incluye la extracción de minerales preciosos como el oro y la plata, y otros minerales industriales como el cobre-, reportó un descenso en producción de 1,0%.

Otro de los sectores que atravesó un año complicado fue la generación y distribución de electricidad, gas y agua. Esta rama se contrajo 0,2%, la primera variación negativa en 15 años. La generación y suministro de energía eléctrica fue la actividad que puso freno a la producción total, ya que se redujo por segundo año consecutivo a una tasa de 0,6%.

Aunque el suministro de agua y gas por ductos creció 1,2% en todo el año, su desempeño estuvo por debajo del incremento acumulado de casi 3,0% al cierre de 2016.

La mala racha para la minería se ha prolongado por los últimos cinco años. En 2017 la baja plataforma de producción y la caída en los precios del petróleo llevaron a esta industria a reducir en 9,8% la producción.

Presiones externas. La incertidumbre sobre el futuro de la relación comercial entre Estados Unidos y México actuó a favor y en contra de la industria mexicana.

Por una parte, el comercio con Estados Unidos, lejos de deprimirse, se dinamizó favoreciendo a la industria manufacturera. Por otra, las dudas sobre la renegociación del TLCAN trajeron los efectos contrarios sobre la construcción.

La construcción, golpeada por diferentes frentes en el transcurso del año, retrocedió 1,0% , resaltando como la primera variación en terreno negativo desde 2013.

El nerviosismo respecto a los nuevos términos del TLCAN y la postura proteccionista de la administración estadounidense provocó el aplazamiento y, en el peor de los casos, la cancelación de algunos proyectos de inversión en obras de edificación.

A este elemento se suma la estrategia de austeridad emprendida por la Secretaría de Hacienda, cuyos recortes al gasto público limitaron de forma significativa las obras de infraestructura.

Al cierre del año las obras de edificación moderaron su avance a 0,5%, por debajo del alza de 4,2% en 2016. La construcción de obras de ingeniería civil acumuló cuatro años de descensos; además, con una baja de 10% la obra pública expuso la mayor caída desde 1998, es decir, en 19 años.

Por el contrario, el sector manufacturero logró sacar provecho de las presiones externas que persistieron a lo largo del año. El comercio entre Estados Unidos y México tomó fuerza, logrando contagiar a la industria manufacturera, de la cual proceden la mayor parte de las exportaciones dirigidas hacia Estados Unidos.

Con un alza acumulada de 2,9% la industria manufacturera registró su mejor año desde 2014. A pesar de las pérdidas observadas en sectores como el de productos derivados del petróleo y la industria textil (sin vestido), estas bajas fueron compensadas por la expansión de otros. La fabricación de maquinaria y equipo, equipo de transporte y equipo de cómputo fueron las ramas de mayor crecimiento al cierre del año.