Universia Knowledge Wharton. La última cumbre del Mercosur –bloque integrado por Brasil, Paraguay, Uruguay y Argentina- realizada en la ciudad paraguaya de Asunción, el pasado 29 de junio, fue una de las más apagadas de las que se tenga memoria.

Si bien se registró un avance en materia energética, ya que los presidentes que asistieron al encuentro manifestaron su respaldo al avance de la integración energética regional, la ausencia de la Presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, quien al parecer prefirió quedarse en Buenos Aires organizando su próxima campaña electoral, y la partida de la mandataria brasileña, Dilma Rousseff, antes de que culminara oficialmente el debate, contribuyeron a opacar el encuentro.

A lo anterior hay que sumar que los temas analizados fueron prácticamente copiados de citas anteriores y que todos los discursos de los mandatarios no pasaron de ser meros anuncios, un fiel reflejo de que las reuniones del Mercosur, que se realizan cada seis meses desde hace 20 años, cada vez despiertan menos interés y no concretan avances de importancia.
Pese al evidente desgano que se vivió en esta última cumbre, cada uno de los países que conforman el bloque atraviesa por un excelente momento económico sin excepción, aspecto que fue destacado por el Banco Mundial, quien recientemente previó que las economías sudamericanas van a crecer, de promedio, sobre el 5% este año.

¿Está el Mercosur atravesando por una crisis, mientras las naciones que lo integran están dando prioridad a sus propias metas de desarrollo económico? Quizás la palabra crisis es muy amplia para ilustrar el actual momento, comenta Janina Onuki, profesora del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad de São Paulo. En su opinión, lo que está aconteciendo hoy con el Mercosur es que literalmente "está estancado, paralizado, vale decir, no va a desaparecer pero tampoco avanza hacia la profundización de la integración regional".

Y advierte que actualmente el bloque está siendo utilizado más bien para negociar acuerdos internacionales con la Unión Europea (UE). Desde hace más de un año se están llevando adelante negociaciones entre ambas partes, que estaban estancadas desde 2004, a objeto de lograr la cooperación política y económica, además de reforzar el intercambio del libre comercio. De momento, no se han producido avances en el intercambio de bienes y servicios debido, sobre todo, a las preocupaciones de los productores europeos sobre el posible impacto negativo del tratado en la agricultura comunitaria.


Abulia participativa. No obstante, hay expertos que identifican un claro desinterés de los respectivos países por participar en el Mercosur, tal y como plantea Raúl Bernal-Meza, profesor del Departamento de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires. "En el caso de Argentina", explica, "se trata de una expresión del desapego general que la Presidenta Cristina tiene respecto del contexto internacional, como así también lo tuvo su esposo, el ex primer mandatario trasandino Néstor Kirchner". Esto resulta paradójico, dice, porque en un comienzo Argentina apostó por el Mercosur como un camino para lograr su inserción estratégica en la escena internacional.
En el caso de Brasil, el Gobierno de Luís Inácio Lula da Silva introdujo cambios en su política internacional, asevera Bernal-Meza, y a su juicio, hoy esta nación ha perdido inclinación por los bloques regionales y la búsqueda de acuerdos comerciales. A su vez, las relaciones comerciales entre Brasil y China se han intensificado.

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Pero el hecho de que no concurran todos los presidentes a la cumbre del Mercosur, no significa necesariamente que haya desinterés por parte de las naciones, aclara Gabriel Foglia, profesor de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Palermo. Es más, en su opinión, el bloque regional cuenta con lazos comerciales muy sólidos y estables entre sus miembros y "en el caso de Argentina, el Mercado Común del Sur es su primer socio comercial, siendo ésta una realidad inobjetable y contundente".

El profesor reconoce que el Mercosur atraviesa por un momento tenso, pero esto es, hasta cierto punto, natural dentro de un proceso de integración económica. Él cree que si estas instancias de tensión son aprovechadas para avanzar en reformas estructurales clave, la integración puede consolidarse aún más beneficiando a todo el bloque.

No hay que olvidar que el Mercosur es "joven", dice Foglia, sólo tiene 20 años de existencia en comparación con otras alianzas regionales, como la UE, que data de 1957, por lo que es lógico que el bloque latinoamericano pase por ciertos procesos de ajustes. "Además, hay que considerar que estamos en presencia de una integración entre países en desarrollo, que viven al vaivén de sus propias dinámicas políticas, institucionales y económicas".
Sin embargo, si se retrocede en el tiempo y se observa el esplendoroso comienzo que tuvo Mercosur (1991), en esa época se vaticinaba que este proyecto de integración regional podría llegar a tener un desarrollo tan promisorio como el que ha experimentado la UE y se un aporte para la lucha contra la pobreza, y el desarrollo económico y social de las naciones sudamericanas, con equidad.

En cambio hoy, afirma Onuki, vemos que el bloque no ha sido capaz de cumplir con su promesa de afianzar la integración entre los países miembros y sus asociados, "por lo cual los países se han volcado a atender sus propios intereses nacionales, en detrimento de la integración regional".

Los conflictos y las asimetrías. Más allá de su instrumentalización para negociar el acceso a otros mercados en condiciones más ventajosas, lo cierto es que el Mercosur además ha sido escenario de varios conflictos internos, lo que ha entorpecido su propósito de aunar a los Estados miembros en torno a objetivos comunes.
De hecho, "permanentemente vemos conflictos de índole mercantil y tarifario entre Brasil y Argentina", dice Carlos Malamud, investigador principal para América Latina del Real Instituto Elcano. Sin duda, acota, "estos dos países tratan de imponer su visión para defender los intereses de sus sectores productivos".
Incluso, la previa de esta última cumbre del Mercosur estuvo marcada por notas de prensa regionales, que hacían mención al tenso clima entre Cristina Kirchner y Dilma Rousseff, luego de los duros choques bilaterales por ciertas trabas que aplicaron ambos países a sus respectivas importaciones. El conflicto sigue latente aunque tanto el Gobierno argentino como el brasileño acordaron levantar los castigos para los sectores comprometidos, junto con hacer un seguimiento recíproco de las importaciones.

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Justamente, la falta de un mecanismo expedito para resolver este tipo de problemas, asevera Cristián Garay, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Andrés Bello de Chile, "sumado a la ausencia de una especie de colchón de apoyo, como los fondos de estabilización de la Unión Europea, incrementan el desequilibrio y la asimetría entre los dos grandes países frente a Uruguay y Paraguay". En mayo de 2010, la UE creó un fondo de estabilización de aproximadamente 500.000 millones de euros, a objeto de detener la propagación de los problemas derivados de la deuda soberana de algunos de sus países miembros y evitar la crisis del Euro.

Y aunque históricamente Brasil y Argentina han rivalizado tratando de imponer sus criterios económicos, ninguna de las dos naciones está completamente satisfecha con el desarrollo que ha registrado el Mercosur en sus respectivas economías, recalca Malamud, "pero tampoco les interesa poner punto final al bloque, y mucho menos, aparecer como los responsables de desencadenar su desaparición".
 

Falta de institucionalidad. Otro gran problema que hoy presenta el bloque, añade Garay, es que los miembros asociados –Bolivia, Chile, Perú, Colombia y Ecuador- no tienen los mismos derechos políticos que sus fundadores, por lo que sólo pueden participar de algunas instancias. En este punto, Malamud comenta que después de que los cuatro países miembros aprobaran la incorporación de Venezuela, ésta aún no se concreta a raíz de la falta la ratificación del parlamento paraguayo, siendo esto un ejemplo emblemático "de las deficiencias institucionales que presenta Mercosur".

Al parecer, la falta de una institucionalidad es una de las principales debilidades del bloque y uno de los principales blancos a los que apuntan los académicos. Por ejemplo, aún no se cuenta con organismos que reglen el espacio económico ampliado -en lo referido a la unificación de normas técnicas-, describe Foglia, o que coordinen las diferentes políticas macroeconómicas, o bien, que se encarguen de materializar la anhelada unificación monetaria. "En otras palabras, falta una burocracia supranacional con poder para crear reglas y velar porque éstas se cumplan".
Esto último acontece porque aún no se han resuelto las asimetrías entre los países que lo integran, insiste Onuki, y tampoco se ha dotado de mayor representatividad a su institucionalidad, por lo tanto, "el Mercosur sufre de falta de transparencia".
 

Los grandes avances. Pese a que hoy Mercosur está en una fase de estancamiento y no prospera al ritmo que quisieran sus estados miembros, sí lo ha hecho en el pasado obteniendo importantes conquistas en el plano del crecimiento del comercio intrarregional y la inversión extranjera directa, indica Foglia.
Daniel Chudnovsky y Andrés López señalan en el estudio "Inversión extranjera directa y Desarrollo: la experiencia del Mercosur", publicado en 2007 en la revista número 92 de la Cepal, que "desde que se creó el Mercosur éste ha sido uno de los principales focos de atracción de inversión extranjera directa (IED) de los países en desarrollo. Entre 1990 y 2004 este bloque recibió casi 300.000 millones de dólares por concepto de IED", precisan.
De igual forma, el Mercosur ha implementado grandes avances en el plano de la integración física, comenta Garay, con una variada gama de iniciativas para establecer puntos de conexión entre los territorios del Pacífico y el Atlántico. En este sentido, el programa de Hidrovía Paraguay-Paraná es una de los proyectos más relevantes que hoy impulsa el bloque regional, destaca María Monserrat Llairo, directora del Centro de investigación de Estudios Latinoamericanos para la integración y el Desarrollo, Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, en su informe "Los grandes proyectos de Infraestructura del Mercosur", publicado en 2009. De concretarse, el proyecto tendrá un alto impacto en la integración física y económica de Brasil, Paraguay y Uruguay.

Garay destaca asimismo el desarrollo que han registrado los protocolos de seguridad de mercaderías, la cooperación en la lucha contra el crimen organizado y la integración energética. Quizás este último punto es uno de los más valiosos a destacar, considerando que actualmente Paraguay y Argentina comparten el suministro energético de la Central Hidroeléctrica de Yacyretá, mientras que Paraguay y Brasil hacen lo suyo con la Central Hidroeléctrica de Itaipú.

¿Qué podemos esperar a futuro del Mercorsur?, todo dependerá esencialmente de los planes de Brasil, prevé Bernal-Meza, dado que esta nación modificó su estrategia respecto de la regionalización y su inserción global. Y advierte que "cualquier organismo regional que prescinda de Brasil o Argentina es irrelevante en el mediano plazo".
Lo más probable es que el bloque no avance ni en un sentido ni en otro durante bastante tiempo, opina Malamud. "Se hará un esfuerzo por mantener la unidad y forzar acuerdos globales, pero habrá que ver en qué medida la propia realidad impondrá los límites al proyecto".

En opinión de Foglia, el comercio intra Mercosur es muy importante para todos sus miembros, por lo que el bloque debería, a pesar de los roces políticos, avanzar a su propio ritmo a un comercio más libre. "Hay mucho en juego -inversiones en infraestructura, acuerdos arancelarios, cadenas de suministro- para aventurar de la noche a la mañana que Mercosur es sólo un sueño".