La economía brasileña se contrajo un 1,7% en el tercer trimestre, la peor recesión en 25 años que afecta duramente la recaudación impositiva que el Gobierno requiere para cubrir el creciente déficit fiscal.

La contracción, reportada el martes por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), fue mayor que la mediana del 1,2% de las estimaciones de 33 economistas consultados en un sondeo de Reuters.

En la comparación anual, el producto interno bruto (PIB) de Brasil bajó un 4,5% en el tercer trimestre, su declive más pronunciado desde el inicio de la serie, en 1996.

Las medidas de austeridad del Gobierno han tenido escaso éxito y la recesión merma los ingresos tributarios más rápidamente de lo que Brasilia puede reducir el gasto, lo que ha minado la credibilidad del ministro de Hacienda y llevó a Standard & Poor's a bajar la calificación de Brasil a terreno especulativo.

La inversión disminuyó un 15% con respecto al año previo, en baja por noveno trimestre seguido.

El consumo de los hogares se redujo un 1,5% con respecto del segundo trimestre, con el desempleo en un máximo de seis años y con un salto en los precios al consumidor de casi un 10% en 12 meses.

Frente a los problemas de la economía y el mal ambiente político, los índices de aprobación de la presidenta Dilma Rousseff han caído a un sólo dígito este año y el ambiente se ve agravado por la evidencia de un esquema de sobornos en las principales empresas controladas por el Estado.

El IBGE revisó además el crecimiento del segundo trimestre a una contracción de 2,1% respecto del 1,9% reportado inicialmente en agosto.