De acuerdo con el informe de Saxo Bank y sus perspectivas para el tercer trimestre, la entidad sitúa a Europa en situación de insolvencia, en una fase de negación de los problemas reales y sin un camino viable que seguir en adelante.

En este mismo sentido, los analistas prevén que una rebaja del crecimiento de China hasta el 6,5% y sitúan en el próximo trimestre el suelo chino y del crecimiento global en general.

En cuanto a la actual coyuntura económica, la entidad aplica un modelo de tres fases que incluye: la negación (en la que se requiere a las autoridades políticas y a los bancos centrales que confíen en los planes de relajación cuantitativa y en el estímulo financiero); la protesta (en la que los electores eligen nuevos gobernantes que tampoco son capaces de abordar los problemas reales) y el mandato por el cambio (en la que los líderes políticos se ven obligados a acometer una acción real).

Con arreglo al Banco, la UE permanece anclada en la primera y en la segunda fase y todavía no ha llegado al mandato por el cambio. Los expertos estiman que es muy probable que se llegue antes de finales de este año. No obstante, emanará del quebrantamiento del sistema y no de manos del progreso.

Los analistas también prevén que la combinación actual de estímulo fiscal, expansión de los balances de los bancos centrales y recorte de los tipos de interés pueda llevar a la conclusión de que esta política no va a funcionar, preparando así el camino para una nueva agenda política que se centre en el lado fuerte de la economía: la microeconomía.

El experto en de renta variable Peter Garnry, señala que: “el mandato por el cambio debería ser algo bueno, ya que probablemente traería consigo una recuperación sólida y sostenible partiendo de mínimos. Los grandes protagonistas de esta crisis, Asia, Europa y EE.UU., siguen haciendo gala de una inactividad total que, en última instancia, aumenta las posibilidades de que todo esto ocurra, dado que la apuesta a doble o nada fruto de alargar y disimular se agotará pronto”.

Desde una perspectiva macroeconómica, la solución a la crisis es sencilla: dotar a la microeconomía de incentivos para invertir y producir y aceptar que un plan de crecimiento tiene que estar necesariamente respaldado por programas de seguridad y educativos, un sistema sanitario justo, mercados de capitales con liquidez e impuestos razonables. Hasta ahora, los políticos están haciendo lo contrario: incrementar la regulación, los impuestos y la austeridad y reducir el gasto en sanidad y educación. Espero que el mandato por el cambio llegue pronto a nuestras maltrechas economías y sociedades, ya que atrasarlo sería la forma definitiva de negación.”