Universia Knowledge Wharton. Lo peor de la crisis financiera ya ha pasado. La economía americana está recuperándose poco a poco, los precios de los inmuebles residenciales están subiendo y el mercado bursátil está teniendo un buen rendimiento. Pero dos profesores de Wharton señalan que todavía hay mucho de qué preocuparse en EE.UU., Europa y los mercados emergentes.

Mauro F. Guillen, profesor de Gestión de Wharton, dice que la crisis de la deuda en Europa está lejos de llegar a su fin. Se trata de un problema que debería ahogar el crecimiento económico en todo el mundo. Además, los mercados emergentes de India, China y Brasil, dice Guillén, ya no son los motores de crecimiento que eran hace algunos años. El mundo, según Smetters y Guillén, está en una mejor situación hoy que en la época más terrible de la crisis financiera, pero no debería producirse ninguna recuperación espectacular en 2013.

Kent Smetters, profesor de Economía empresarial y Políticas públicas, dice que EE.UU. necesita lidiar con las dificultades inminentes de Medicare, de la Seguridad Social y otros derechos. El aumento de los impuestos a los ricos no producirá ingresos suficientes para resolver el problema, dice. Tampoco se debe contar con la recuperación económica. Por el contrario, EE.UU. tendrá que considerar las opciones dolorosas de aumentar los impuestos de la clase media o el recorte de beneficios, o ambos.

A continuación, una versión editada de las entrevistas.

Entrevista con Mauro Guillén:

Nos gustaría hablar de la situación de la economía y del mundo en 2013, empezando por los mercados emergentes. Parece que allí está el futuro y el gran potencial de crecimiento. Al mismo tiempo, para el inversor, hay mucha volatilidad, así como muchos altos y bajos en esos países. -¿Cuál es la situación de los mercados emergentes hoy en día?

-No es tan buena como nos gustaría aquí en EE.UU., en Europa, en Japón, o en otras partes del mundo que no están creciendo mucho. Me explico: creo que a la mayor parte de las personas les gustaría que las economías emergentes fueran las locomotoras de la economía mundial. Pero en los últimos meses —en casi todo el año 2011— las economías emergentes han empezado a desacelerarse un poco. Todavía están creciendo. China está creciendo un 6% o un 7%. India está creciendo tal vez un 5%. Brasil, sin embargo, está casi parado. El país ha crecido menos del 1%. Esa desaceleración en las economías emergentes llega en mal momento, porque nos gustaría que fueran un poco más dinámicas de lo que son actualmente.

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-¿Esto es resultado de lo que ha sucedido en el resto del mundo? ¿O esas economías cuentan con factores propios que están causando ese crecimiento?

-La respuesta es sí a las dos preguntas. Las economías emergentes exportan sus productos manufacturados y parte de su energía u otras commodities a Europa o a EE.UU. Si el crecimiento aquí o en España no es muy significativo, esas economías sufren. En segundo lugar, ellas también tienen problemas propios. Brasil tiene varios cuellos de botella que dificultan su desarrollo económico y el crecimiento del país desde hace tres o cuatro años. Las tasas de interés estaban demasiado altas porque era necesario mantener la inflación baja. Eso, en contrapartida, hizo que las empresas no tuvieran crédito suficiente a un precio adecuado para invertir y crear empleos y crecer. India también es famosa por sus incontables cuellos de botella en las infraestructuras, su sistema jurídico, etc. Factores domésticos y globales hacen que las diversas economías emergentes crezcan menos rápidamente que en el pasado.

-¿Qué está sucediendo en China, que ha sido una potencia por un tiempo? Parece que la economía china está desacelerándose.

-En China se ha producido una transición de liderazgo y todavía quedan por cubrir diversas posiciones en el gobierno. Por lo tanto, hay algo de incertidumbre en el aire. Está también el problema de las exportaciones a Europa y EE.UU., aunque la economía americana esté creciendo de forma más rápida que las economías de Europa, que no están creciendo de ninguna manera, con excepción de Alemania y de unos pocos países más. En tercer lugar, por supuesto, China se enfrenta al desafío de poner en práctica una transformación económica inmediata. Se trata de una economía que ha estado invirtiendo mucho en infraestructuras. El país ha crecido mucho gracias a las exportaciones. Sin embargo, la economía china necesita comenzar a dar prioridad a la creación y el desarrollo de un mercado de consumo doméstico. Todos sabemos que esas transformaciones, esas fases de transición, son difíciles. Creo que China está trabajando actualmente en esas dificultades.

-¿De qué manera eso afecta a los países desarrollados? ¿Los hace más competitivos o los está perjudicando? ¿Por qué deberíamos preocuparnos por ellos, excepto por el hecho de que son nuestros conciudadanos del mundo?

-Las economías emergentes son parte importante de la economía global. Ellas representan cerca de la mitad de la producción mundial y también, como mínimo, un 40% de los mercados globales de bienes de consumo. Por lo tanto, si las cosas no van bien en las economías emergentes, eso afecta a todos, y no sólo a ellas. Hace veinte años, las economías emergentes representaban, a lo sumo, entre un 15% y un 20% de la economía mundial. El grueso de la actividad económica y del consumo estaba en Europa, en EE.UU. y en Japón. Pero ese escenario ha cambiado. Hoy, no podemos darnos el lujo de no permitir que las economías emergentes desempeñen su papel en la economía global, que es crecer rápidamente. Lo que se espera de las economías prometedoras es que crezcan rápidamente. No están creciendo tan deprisa como en el pasado, lo que es muy malo.

-¿Ha mencionado las grandes economías —China, India y Brasil—, pero cuáles serían las otras? Hay otros países asiáticos que también eran prometedores. ¿Qué les sucedió?

-En el mundo emergente, hay nuevos países que hoy están de moda y son atractivos para la inversión. Son países que están creciendo rápidamente. En América Latina, por ejemplo, hay dos, Colombia y Perú, que actualmente están muy bien si los comparamos con hace diez, 15 o 20 años. Si fuéramos a África, nos encontraríamos allí también dos o tres economías que están mejor hoy en día que en el pasado, aunque existan, está claro, muchos problemas que limitan el crecimiento en el continente africano. En Oriente Medio, tenemos Turquía, que está muy bien. Muy cerca de Turquía tenemos Egipto que, tras la Primavera Árabe, ha atravesado por una serie de dificultades enormes desde el punto de vista económico y financiero por diversas razones.

En Asia, tenemos Pakistán, que hoy está muy bien. El país está creciendo casi al mismo ritmo que India, y también es muy grande. En el Sudeste Asiático, tenemos Indonesia con relativa prosperidad y Malasia, que parece haberse recuperado finalmente de las dificultades de hace cerca de diez años [...] Sin embargo, tenemos otras economías en la región cuyo rendimiento no ha sido bueno. Por lo tanto, se trata de un escenario heterogéneo, de un cuadro con diversos matices. En algunos países el rendimiento es mejor de lo que esperábamos, mientras que en otros el rendimiento no es muy bueno. En general, sin embargo, yo diría que estamos peor en lo referente al crecimiento en las economías emergentes que hace dos o tres años.

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-¿La comunidad internacional está haciendo algo para mejorar esa situación, o los países ricos de Occidente o agencias de gran tamaño, como el Banco Mundial u otras organizaciones parecidas?

-Son muchas los interrogantes que pesan sobre la economía mundial en este momento. No necesitamos ir muy lejos, tan solo hay que pensar en la crisis del euro en Europa. Parece que, en los últimos meses, el problema se ha contenido más o menos. Pero eso no significa que las cosas estén bien en Europa. En realidad, está teniendo lugar una recesión: una recaída de la recesión y otra más, según se ha informado hace seis semanas. Por lo tanto, tenemos problemas enormes en Europa. Vale la pena recordar que el continente europeo representa un 25% del mercado mundial.

Además, la crisis fiscal en EE.UU. continúa lo que, en gran parte, es consecuencia de los propios actos del país. Y tenemos, como es evidente, Japón, que no parece capaz de salir de una recesión de cerca de 20 años, aunque el nuevo primer ministro parezca dispuesto a cambiar las cosas. Habrá que esperar para ver qué pasa.

Esos son los problemas de mayor envergadura. Pero si cambiamos un poco el parámetro del análisis y si pensamos en la infraestructura económica y financiera mundial, lo que tenemos actualmente es muy poca colaboración entre los gobiernos respecto a lo que se debe hacer. En realidad, lo que tenemos son gobiernos intentando sacar ventaja uno del otro. Hay toda una manipulación de monedas. No hay nada nuevo en acusar a China de manipular su moneda, pero no sólo a ella. Hace cerca de un año, más o menos, Japón también fue acusado de intentar reducir el valor del yen para que sus exportaciones continuaran siendo competitivas. Suiza hizo lo mismo. Ídem con EE.UU. Aquí, imprimimos mucho dinero, lo que ha hecho que bajara el valor del dólar. Eso permitió la revitalización de las exportaciones de productos manufacturados.

Todo el mundo está preocupado por sus intereses. Veo poca colaboración entre los principales gobiernos del mundo. Creo que eso también es algo que hace aumentar las incertidumbres.

-¿Si hubiera una mayor colaboración, qué país o empresa sería más apto para liderarla?

-Hay tres o cuatro, tal vez cinco países en el mundo cuya importancia hoy es fundamental, que realmente tienen algo que decir sobre una posible salida para esa gran desaceleración mundial que nos cogió en una especie de trampa, ciertamente EE.UU. y China están entre ellos. Esas son las dos mayores economías, y son muy importantes desde el punto de vista financiero por varios motivos. Está también Alemania que, en mi opinión, debería ser la representante de Europa, en lugar de la Unión Europea. Alemania es la cuarta mayor economía del mundo, y la segunda potencia exportadora más importante. También está Japón y, posiblemente, Reino Unido, y ya está. No creo que países como México, Brasil, Argentina, Colombia, Indonesia o Turquía deban sentarse a la mesa y participar en las decisiones, porque la mesa sería demasiado grande. Hay mucha gente negociando. Creo que necesitamos cuatro o cinco países en la mesa ayudándonos a superar todas las complejidades que enfrentamos actualmente en la economía mundial.

-Hemos oído hablar también de desequilibrios fiscales. Hable un poco sobre lo que eso significa y por qué es un problema.

-Hay todo tipo de desequilibrios en el mundo. Ha comentado el desequilibrio fiscal, es decir, los gobiernos gastan más dinero del que recaudan en ingresos e impuestos [...] Hay también otros tipos de desequilibrio, desequilibrios comerciales, etc. Pero si nos centramos sólo en el desequilibrio fiscal, vemos que el problema es que los inversores ya no creen que algunos gobiernos del mundo sean capaces de pagarles lo que les deben. Por lo tanto, lo que hemos visto es la explosión de las tasas de interés de los títulos de la deuda de los países que perdieron la confianza de los inversores.

El otro lado de la ecuación es que hay otros países que prestan a tasas próximas a cero. Alemania ciertamente forma parte de ese grupo, pero también Suiza y, por lo menos hasta el momento, EE.UU. Estos son países que todavía se consideran sólidos y capaces de pagar el dinero que toman de los inversores.

En EE.UU., antes mencioné que la mayor parte del problema fiscal es del propio país, porque la próxima batalla del mes de febrero será el techo de la deuda. Está claro que eso es algo artificial. Sin lugar a dudas habrá mucha disputa política al respeto. Pero la economía global y los inversores saben que EEUU, por lo menos de momento, paga sus deudas, a diferencia de otros países del mundo que ya no pueden hacerlo.

-Recuerdo —creo que fue hace 18 meses— cuando EE.UU. perdió la calificación de crédito, que era la máxima posible, y todos dijeron que sería una catástrofe. Hoy, las tasas de interés son más bajas que antes.

-Creo que eso fue una señal para los políticos de Washington para que no hicieran ninguna locura, porque aunque EE.UU. todavía fuera la mayor economía y la mayor potencia financiera del mundo, su fuerza no era ilimitada. Pero el país tiene una gran ventaja: el dólar continúa siendo la reserva monetaria más importante del mundo, cerca de un 70% de todas las reservas asignadas en el mundo están denominadas en activos en dólares. Eso da a EE.UU. un gran margen de maniobra y mucho espacio para actuar porque, como se sabe, hay un gran apetito por el dólar americano. EE.UU., por lo tanto, pueden desempeñar un papel diferente en la economía global que no pueden desempeñar las economías que no tienen ese privilegio.

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-Parece que los inversores internacionales simplemente no creen que EE.UU. un día pueda incumplir el pago de la deuda. ¿Es eso lo que muestran las cifras?

-¿Yo no diría que jamás vaya a pasar eso, porque, obviamente, de cuánto tiempo estamos hablando aquí? ¿De 20 años, 50, 100 o 200 años? A juzgar por la historia, yo apostaría ahora mi jubilación diciendo que EE.UU. incumplirá el pago de su deuda en los próximos 500 años. No creo que eso suceda en los próximos cinco o diez, o 15 años, ni en el futuro próximo.

Muchas cosas dependen de lo que suceda con China, de si el país avanza más y si juega un papel más importante en las finanzas mundiales. Está claro que un elemento muy importante en todo eso será Pekín. ¿Qué está sucediendo con la moneda china? ¿Se convertirá en algún momento del futuro próximo en una moneda de reserva? Y cuando eso suceda, creo que se convertirá, probablemente, en una moneda de reserva muy importante. No creo que desbanque al dólar, pero será importante, tal vez al mismo nivel del euro, un 15% o un 20% de todas las reservas del mundo. Pero aún faltan, probablemente, como mínimo cinco, siete o diez años para que eso suceda.

Mientras, EE.UU. continúa siendo la economía más importante del mundo desde el punto de vista financiero, y continuará teniendo [...] la moneda de reserva más importante.

-Vamos a finalizar con la proyección para 2013. ¿Cree que las condiciones a finales de año serán muy diferentes a las actuales? ¿Serán mejores o peores?

-De aquí a 12 meses, si analizáramos región por región, creo que la situación será mucho mejor aquí en EEUU, a menos que, está claro, algo realmente fuera de lo común suceda en Washington en los próximos dos o tres meses en las negociaciones fiscales.

No habrá, de momento, ninguna luz al fin del túnel para Europa, tampoco a finales de 2013, porque la región parece limitada por una serie de medidas de austeridad. En algún momento, esas medidas podrán mostrarse eficaces, pero eso no sucederá a corto plazo. Si de esa manera ellos pretenden superar sus problemas, será preciso esperar un poco más. Está claro que, mientras tanto, el desempleo continuará en tasas muy elevadas. La gran duda aquí nos lleva de vuelta al punto donde comenzamos esta entrevista: las economías emergentes. ¿Las dos que más me preocupan —India y Brasil, debido a su tamaño y a algunos problemas a que se han enfrentado— conseguirán revertir el declive de sus tasas de crecimiento? Esta es una cuestión urgente, sobre todo en el caso de Brasil.

Creo que las economías emergentes, así lo espero —y son grandes las posibilidades de un desenlace positivo—, estarán en mejores condiciones a finales de este año, pero no será el caso de Europa. Espero que EE.UU. lo consiga.

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Entrevista con Kent Smetters:

-¿Cuál es la situación de la economía en EE.UU.? Parece que las cosas han mejorado un poco, pero nadie está presumiendo de ello. ¿Va a mejorar, avanzará de manera irregular o empeorar? ¿Cuál es su opinión?

-Más bien creo que avanzará de manera irregular. Creo que esa es nuestra situación desde hace algún tiempo. Muchas de las proyecciones sobre un vuelco de la situación en 2013 o 2014 son probablemente optimistas.

Históricamente, desde 1980 la inversión fija privada fue siempre del 16%, 17% o 18% del PIB. Ahora, ha disminuido. Cayó a cerca del 10%, a un 11% durante esta Gran Recesión. Está aumentando lentamente, pero no ha vuelto al nivel donde necesitamos que esté. El mercado laboral continúa siendo malo: la creación de empleos apenas sigue el ritmo de crecimiento de la población. Así no volveremos a la tasa normal de desempleo en los próximos cinco años, como mínimo. De hecho, la mayor parte de los cambios que hemos observado en la tasa de desempleo de forma reciente se debe únicamente a que las personas han dejado de buscar empleo, y no porque se hayan creado nuevos puestos de trabajo.

Básicamente, en EEUU —y esto es un tema importante, pero las personas no han hablado acerca de ello— tenemos un problema en la educación. Si analizáramos la tasa de desempleo en el segmento de los individuos con educación superior, veríamos que nunca fue muy alta, incluso durante esta última Gran Recesión. El problema está en el segmento de los que no tienen educación superior. La tasa de desempleo de este último grupo todavía ronda los dos dígitos. En el caso de afroamericanos y de minorías, la tasa continúa en los dos dígitos. Este es un problema enorme, el mundo está cambiando, y la educación ofrece grandes retornos. Mucha gente no tiene un buen nivel de educación. En eso tenemos que concentrarnos.

-Detesto ser pesimista, ¿pero existe alguna oportunidad real de que quien no tiene educación superior vuelva a estudiar? ¿Y los individuos en la franja de los 30, 40 o 50 años que no tienen un nivel de educación elevado?

-La verdad es que no hay mucha esperanza, a menos que esas personas adquieran nuevas habilidades. Por eso creo que la estrategia en el caso de la enseñanza tiene varias facetas. Necesitamos escuelas públicas de mejor calidad. Que se preocupen por la educación de los niños... Las escuelas deberían dar más autonomía a los niños y menos poder a los sindicatos de profesores. Está claro que hay muchas más cosas además de eso. Estamos gastando una fortuna per cápita en educación en los niños de este país. Estamos entre los primeros del mundo, pero el retorno es muy pequeño. Por eso es preciso reformar las escuelas públicas. Sin embargo, tenemos también que preparar a las personas en la franja de los 30 años. Ellas pueden adquirir nuevas habilidades, pero el diploma de la educación superior todavía es el gran factor diferencial en el mercado de trabajo actual.

-Por hablar de la escuela pública, uno de los problemas más evidentes es el abandono escolar. Los niños no están recibiendo educación alguna. Pero para aquellos que deciden estudiar, ¿cree que las escuelas están invirtiendo en las habilidades correctas, en los temas acertados?

-No, creo que no. Es preciso que haya un incentivo mayor para que las personas adquieran los fundamentos básicos de la lectura, escritura y aritmética. Aún hay una escasez de ingenieros y de profesionales del área de ciencias de la computación en el país. Hay niños acabando la enseñanza fundamental que no entienden lo que leen y que no saben escribir. Esas habilidades son ventajas enormes en el mercado laboral.

-Cuando usted analiza la economía, sin tener en cuenta las cosas que ha mencionado, ¿qué considera fundamental que todavía no se haya resuelto, y qué logrará que avance la economía o que entre de nuevo en una desaceleración aún mayor?

-Creo que la reforma de la enseñanza es una inversión de largo plazo. Otras inversiones de largo plazo que tenemos que hacer de forma inmediata es la reforma de los derechos. Existe una creencia, un mito, de que no hay que hacer ahora nada muy dramático, que es mejor esperar a que la economía se recupere. Algo más o menos del tipo "vamos a esperar al pleno empleo y ahí aplicaremos el remedio". Ese es el gran problema que tenemos que enfrentar actualmente, sobre todo porque no pasa de ser un mito. Jamás conseguiremos que las personas hagan grandes inversiones en la economía en un momento en que en el horizonte hay grandes incertidumbres, porque no saben si tendrán que pagar impuestos estratosféricos.

Es preciso resolver de una vez por todas el problema de largo plazo de la financiación. El Gobierno puede incentivar a las personas a hacer grandes apuestas. Ya vimos cómo sucedía eso en el área de la biología. La inversión en ese sector cayó de forma drástica, hay mucho menos inversión en fármacos, terapias de grandes y pequeñas moléculas, etc. Han disminuido con el tiempo porque son apuestas de largo plazo, y nadie sabe cómo quedará el mundo de aquí a diez años. Dada la poca probabilidad de éxito, las personas están comenzando a migrar a cosas menos arriesgadas. Ese es un problema enorme. El Gobierno necesita ser más transparente en el trato con los inversores y las personas que hacen grandes sacrificios, porque nadie sabe lo que será del mundo de aquí a diez años. Esto no se ha hecho.

-Buena parte de la discusión sobre derechos gira en torno, es evidente, a Medicare, que es, de hecho, un problema enorme. Se oyen comentarios aquí y allí sobre soluciones como la ampliación de la edad en un año o dos para disfrutar del derecho, o la reducción de los pagos hechos a médicos y hospitales. ¿Esas cosas bastan? ¿Es necesario algo más radical para que las cosas funcionen?

-La reforma necesita ser radical. Lo que se está haciendo no será suficiente. Ampliar la edad para el disfrute de los derechos, para la jubilación, no marcará una gran diferencia. La reducción de los pagos hechos a los médicos significa sólo que menos médicos trabajarán con Medicare. El cambio que necesitamos de hecho debe alejarse del modelo en que se paga una tarifa por el servicio prestado, que es el modelo que tenemos hoy, sustituyéndolo por el modelo per cápita, es decir, un modelo en que las personas puedan entender los costes marginales de la asistencia médica que están recibiendo. Varios planes propuestos, inclusive por los dos partidos, como el Ryan-Rivlin y otros planes que intentaron llevar el diálogo en esa dirección fueron objeto de demagogia generalizada. Pero ése es el tipo de conversación que tenemos que tener. Si arreglamos todo, pero dejamos intacto Medicare, estaremos arruinados. Y si arruinamos una cantidad de cosas, pero reparamos Medicare y la Seguridad Social, estaremos en excelentes condiciones. Por lo tanto, esas son las cosas que realmente marcan la diferencia.

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-En cuanto a la Seguridad Social, tengo la impresión de que es un problema, pero no tan grande como Medicare. ¿Es así?

-Correcto. Es un problema mucho menor, tanto en tamaño como en lo que concierne a su naturaleza. Respecto al tamaño, es probablemente 1/6 del problema de Medicare. En lo que se refiere a la naturaleza del problema, por lo menos en el caso de la Seguridad Social, se trata de un beneficio en dinero, por lo tanto es posible decidir a quien dar menos dinero. Existen muchos planes por ahí que están sacando a los pobres de la pobreza, tal vez reduciendo algunos de los beneficios que van dirigidos a las clases más altas y demás. Con Medicare, el problema es mucho mayor y más complicado. ¿Qué sucede? Usted dice: "No vamos a pagar un 50% de esa cirugía de corazón abierto; usted paga el resto, ¿de acuerdo?" Ese es un problema mucho más difícil de resolver.

-Imagino que ampliar la edad para disfrutar de los derechos previstos o la edad inicial para hacer uso de Medicare no significa mucho, porque las personas de ese segmento están en la franja de los 60 años, y son más sanos.

-Correcto.

-Es el público en la franja de los 80 años el que cuesta una fortuna.

-Sí. Casi todo el gasto en Medicare —no diría todo, pero la mayor parte — ocurre en los últimos dos o tres años de vida. Por lo tanto, elevar la edad para hacer uso del derecho tiene un impacto muy limitado.

-Sobre ese escenario sobrevuela, naturalmente, la cuestión de la deuda, del déficit y del techo de la deuda. ¿Es muy importante conseguir una solución de largo plazo para esos problemas?

-Desde luego. Nadie va a invertir, ningún emprendedor va a sacrificarse si no sabe cuáles son las perspectivas de largo plazo. La señal que ha estado enviando Washington hasta ahora es que para solucionar esos problemas recurriremos a los emprendedores y las personas que invirtieron y fueron exitosas. Mientras no tengamos certeza sobre el tipo de política futura que tendremos como resultado de una larga trayectoria sostenible actual, no haremos ningún avance verdadero.

Creo que el mayor mito con que tenemos realmente que lidiar es esa idea de que podemos simplemente cargar todos esos problemas en la espalda de los ricos: a ese grupo recurrimos en el pasado, y sobre él cargaremos algunas cosas más. En este momento, tenemos un déficit nacional de US$ 9.000 por familia americana. Si los recortes de Bush hubieran expirado y los impuestos sobre todo hubieran subido, ese aumento sería sólo de US$2.000 por familia. Ese es el abismo fiscal. Está claro que eso no va a suceder.

Existe el punto de vista en Washington, tanto para los republicanos como los demócratas, de que no se debe penalizar a la clase media, ya sea con impuestos más altos, o con beneficios menores. Ella debería participar en ese debate, ya que es matemáticamente imposible hacer nada sin su participación, ya sea bajo la forma de impuestos más elevados, de una base más amplia o beneficios menores. El más reciente aumento de impuestos para los ricos será del 6% al 7% del déficit anual de este año, un montante trivial. Es preciso que haya una amplia discusión sobre el asunto.

-¿Habría una manera de lidiar con esos problemas sin presionar mucho a la clase media y al resto de clases? ¿Existe algún avance tecnológico o solución ideal en que aún no hayamos pensado o que pueda surgir más adelante?

-No. Solamente estamos consumiendo de forma exagerada en este momento. Nuestro apetito es enorme, y será doloroso para las personas imaginar que deben hacer recortes. Como país, estamos gastando mucho más de lo que podemos. En consecuencia, no estamos ahorrando para el futuro. Se trata de una opción totalmente insostenible. La clase media necesita formar parte de la solución del problema.

-Creo que si preguntáramos a la gente qué desea de la economía, mucha diría que desea un mejor nivel de vida, mejores perspectivas de empleo y una jubilación cómoda. A fin de cuentas, eso es lo que dice la mayoría. ¿Cuáles son las perspectivas de que consigamos todas esas cosas en los próximos diez, 15 o 20 años?

-No muy buenas, por lo menos de la manera en que discurren las cosas, porque ya consumimos buena parte de todo eso. Ahorramos muy poco para el futuro. En general, las familias americanas ahorran muy poco. Nuestro Gobierno ha gastado demasiado, por eso no vamos a crecer lo bastante deprisa para salir inmediatamente de esta situación. Es preciso tener en mente que ciertos beneficios como la Seguridad Social y Medicare, para que se mantengan actualizados con el avance tecnológico, deber acompañar la tasa media de los salarios. No es algo de lo que podamos librarnos fácilmente. Por lo tanto, será necesario hacer elecciones decisivas. Por eso es realmente importante que tomemos decisiones difíciles respecto a la necesidad de ahorrar más hoy en día.

Washington tiene que cambiar de tono. En este momento, el presidente está básicamente aprovechándose de la posición debilitada del Congreso, sobre todo ante el público, mientras que lo que necesita realmente es cambiar el enfoque y dejar claro que se trata de un problema nacional que afecta a ambos partidos. Estamos hoy en esta situación por culpa de ambos partidos. Por lo tanto, es preciso que haya una reforma radical de nuestro sistema tributario y de la cuestión de los derechos. Eso, sin embargo, exigirá la participación de todos. La idea de que podemos financiar todo eso recurriendo a unas pocas personas es matemáticamente imposible.