Washington. La revisión más amplia de las regulaciones financieras estadounidenses desde la Gran Depresión, incluidas nuevas reglas estrictas para el mercado de derivados, se encamina este lunes a una prueba crucial en el Senado.

En momentos en que Wall Street se tambalea por más revelaciones provenientes del caso de fraude contra Goldman Sachs, los demócratas buscan tomar la iniciativa política para hacer avanzar su proyecto, que tardó meses en ser redactado y que tendría unas 1.340 páginas.

La forma futura y la rentabilidad de la industria bancaria están en juego, más de dos años después de que la peor crisis financiera en generaciones desencadenó reformas en todo el mundo.

Se trata de una apuesta fuerte para el presidente Barack Obama. Desde la reciente aprobación de su histórica reestructuración del sistema de salud, él ha criticado fuertemente a Wall Street en discursos para apoyar la iniciativa de regulación financiera de los demócratas.

El líder de la mayoría demócrata del Senado, Harry Reid, programó para este lunes en la tarde una votación de procedimiento para comenzar el debate sobre la iniciativa.

Los republicanos se han comprometido a votar para bloquear su consideración, aunque las negociaciones a puertas cerradas siguieron en busca de un acuerdo bipartidista.

Este domingo, fuentes dijeron a Reuters que la iniciativa tendrá previsiones que establecerían que los bancos deberán separarse de sus unidades de negocios involucradas en operaciones con swaps, un tipo de contrato financiero implicado en la caída de la rescatada aseguradora AIG.

Fuentes dijeron que la iniciativa contiene propuestas presentadas por la presidenta demócrata de la comisión de Agricultura del Senado, Blanche Lincoln, cuyo enfoque de nuevas reglas para el desregulado mercado de derivados de US$450 billones ha sido más criticado que propuestas anteriores.

Entre las partes controvertidas de la iniciativa demócrata se incluyen formar una nueva agencia de protección para los consumidores y concebir un nuevo proceso gubernamental para desmantelar las firmas financieras en problemas.

Buscando poner fin a los rescates de firmas "demasiado grandes para colapsar", como Goldman Sachs, los demócratas quieren un nuevo proceso de "liquidación ordenada".

Como se ha propuesto, la iniciativa busca proteger a los contribuyentes de costosos rescates como el de AIG, mientras que blinda a la economía de bancarrotas sorpresivas, como la quiebra de Lehman Brothers en 2008.

Los principales antagonistas en el debate -el presidente demócrata de la comisión bancaria del Senado, Christopher Dodd, y el senador republicano Richard Shelby- no se reunieron este domingo, dijeron asesores.

Ambos legisladores ofrecieron comentarios mesurados en domingo en el programa "Meet the Press" de la cadena NBC. "Tenemos más trabajo que hacer", dijo Dodd. "Espero que podamos conseguir los votos mañana para iniciar el debate", agregó.

Shelby, el republicano de mayor rango en la comisión bancaria, dijo: "Creo que estamos más cerca de lo que alguna vez hemos estado (...) ¿Tendremos un proyecto de ley para mañana? Lo dudo".

Los republicanos han dicho que se oponen a la iniciativa de los demócratas por varias razones, una de ellas que la ven como una costosa y desmedida ambición del Gobierno que podría reducir los flujos de crédito.

Cientos de cabilderos de bancos y Wall Street, que a veces operan de cerca con los republicanos, han estado trabajando desde hace meses para bloquear los planes de reforma, que amenazan las ganancias, particularmente en el lucrativo mercado de derivados.

Con 41 votos bajo su control en el Senado de 100 escaños, los republicanos pueden bloquear a los demócratas con la amenaza de un filibustero, maniobra tendiente a demorar o impedir la sanción de una ley.

Los demócratas sólo pueden detener la maniobra de procedimiento si tienen 60 votos. Para ello necesitan persuadir a un republicano de que vote para permitir que comience el debate formal sobre la iniciativa.

La Cámara de Representantes aprobó una iniciativa de reforma financiera en diciembre. Lo que produzca el Senado tendrá que ser fusionado con la iniciativa de la otra cámara antes de que una ley final pueda ser enviada a Obama para que el presidente la promulgue con su firma.

Analistas estiman que esto podría ocurrir para mediados de año.

La intensificación de los esfuerzos del Congreso y de Obama coincide con un importante caso de fraude presentado por la Comisión Nacional de Valores de Estados Unidos (SEC, por su sigla en inglés) contra Goldman Sachs, un titán de Wall Street con profundas conexiones políticas.