Sala de Inversión. El tema de la información y los datos que se manejan en el sistema bursátil, son de gran interés para quienes ahí se desempeñan, ya que gracias a estos flujos el precio de los papeles sube o baja.

En este sentido, la hipótesis del mercado eficiente afirma que las bolsas son "informativamente eficientes", o que los precios de las acciones, bonos u otros activos operados ya reflejan todas las noticias conocidas. Es decir que la competencia entre quienes intervienen conduce a una situación de equilibrio en la que su valor constituye una buena estimación de la cotización teórica o intrínseca.

Pero esta cambia al instante para reflejar los nuevos datos que va llegando, lo que lleva a que aumenten si es positiva y bajen si es negativa, en especial, si se trata de un activo de riesgo.

La información nueva es por definición cualquier noticia o anuncio que pueda afectar a los precios que es imposible de saber en el presente y aparece por azar en el futuro. Por eso, de aplicarse los conceptos de la eficiencia de mercado, sería imposible obtener una rentabilidad mejor mediante el uso de cualquier dato que ya se conoce.

Esta hipótesis fue desarrollada por el profesor Eugene Fama de la Universidad de Chicago como un concepto de estudio académico en los ‘60. Pero también hay que sumarle lo que escribió el matemático francés Louis Bachelier en su ensayo de 1900, "La teoría de la especulación."

Allí, comprobó que los precios de valores de los EE.UU. y las series financieras relacionadas siguen un modelo de un “paseo aleatorio”, sin una tendencia determinada si no siguiendo a la nueva información que va llegando al mercado.

Por otro lado, una investigación por Alfred Cowles en los años ‘30 y ‘40 afirmaba que los inversores profesionales, en general, fueron incapaces de superar el rendimiento del mercado.

El economista Paul Samuelson en los ‘60 había comenzado a difundir los trabajos de Bachelier entre sus pares. En 1965, Eugene Fama publicó su tesis defendiendo la hipótesis de paseo aleatorio, y Samuelson hizo lo propio con una prueba de su versión del mercado eficiente.

En 1970, Fama revisó su teoría y la evidencia de la hipótesis incluían las definiciones de las tres formas de eficiencia del mercado financiero: débil, semi-sólida y fuerte. La primera supone que la cotización de los títulos refleja la información pasada, obtenida de las series históricas de precios.

La segunda entiende que ocurre cuando las cotizaciones incluyen la información pasada y también toda la pública acerca de sus fundamentals. Y la última incorpora además, todos los datos y nadie puede obtener un rendimiento superior.

Las noticias no divulgadas aún son las que van a ser incorporadas en el precio pronto y la expectativa se traslada a su valor. En ese con texto, los mercados son eficientes en sentido fuerte o pleno.

Llevada al extremo, esta teoría dice que si se da esta situación todos los títulos estarán perfectamente valorados y reflejarán todos los datos, estimaciones y expectativas futuras conocidas por los agentes económicos.

Pero los inversores incorporan la nueva información en la cotización con el tiempo, como lo muestra el economista David Dreman. Una “respuesta inmediata no es necesariamente eficiente”, sostiene y destaca que después de un anuncio de un recorte de dividendos las acciones tienen un rendimiento por debajo del mercado y luego vuelven a acomodarse.

Las pruebas empíricas de la eficiencia de las Bolsas han demostrado problemas. Por eso, se han propuesto teorías alternativas según las que los elementos subjetivos (o sesgos cognitivos) causan estas ineficiencias.

Esto implica que no es posible superar de forma consistente los resultados del mercado excepto a través de la suerte, o de información privilegiada. Es decir que, salvo que se dé un factor azaroso, la única manera de ganarle es contar con datos que no tenga nadie, lo que implicará una ventaja sobre los demás.

Ese es el mundo real, porque todos los inversores salen a buscar esos datos, no captados por el modelo de eficiencia. Bajo esa hipótesis, el tiempo, el dinero y el esfuerzo gastados en el análisis del valor intrínseco de los títulos serán inútiles.

Si existiese efectivamente, de un día para el otro, todos los equipos y analistas de research de los bancos serían despedidos, porque “el precio de las acciones es aleatorio y que no es posible conocerlo por adelantado”.

La hipótesis de eficiencia no implica que los inversores se comporten racionalmente: puede permitirse que algunos sobre-reaccionen ante las noticias y que otros no le den importancia, aunque es condición necesaria que sean suficientemente aleatorias para que no sea posible obtener un beneficio que supere al mercado.

En la realidad, en todo momento hay millones de personas que intentan comprar a valores bajos y vender más caro, por lo que necesitan informarse. Por más de que sepan que llegan tarde a obtener lo que otros ya conocen, necesitan saberlos.

Por eso, consumen informes de research y compra diarios o suscripciones a newsletter de inversiones: todas las noticias disponibles públicamente o pagando por ella es susceptible de ser usada para pronosticar las cotizaciones.

Este proceso se hace masivo y ocurre con mucha velocidad y es esa dinámica la que termina haciendo eficientes a los mercados. Es como un perro que se muerde la cola, dado que se asume que los mismos participantes son los que lo perfeccionan. La eficiencia per se no existe, sino que es una tarea diaria, descentralizada y que le cabe a millones de personas alrededor del mundo.