En el primer semestre de este año, el gobierno colombiano podría finalizar con el conflicto interno armado más antiguo del hemisferio occidental que, en los últimos 50 años, ha costado la vida a más de 220.000 personas y representado el desplazamiento de más de seis millones de ciudadanos. Si todo sale como se espera, en los próximos días se alcanzará el acuerdo final de paz con la guerrilla Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Después de cuatro años de negociaciones en La Habana (Cuba), los integrantes del grupo revolucionario se comprometerán a dejar sus armas para reincorporarse a la vida civil. Con este hecho también abandonarán aquellas actividades criminales que utilizaban para financiarse o para presionar a los gobiernos de turno, las cuales incluyen secuestros, extorsiones, tráfico de drogas y actos de terrorismo (ver recuadro: “¿Qué son las FARC?”). 

A su vez, el gobierno colombiano les garantizará un espacio para que se transformen en un partido político, al tiempo que realizará trabajos para impulsar la integración y el desarrollo social y económico de las regiones. Asimismo, creará condiciones especiales para que los delitos políticos sean amnistiados, mientras que los crímenes comunes tendrán penas alternativas para quienes los confiesen.

Más allá del cambio positivo que tendrá sobre la sociedad el fin de una guerra que afectó a cuatro generaciones de colombianos, el gobierno también espera que el  acuerdo se refleje en crecimiento económico y en el aumento en la calidad de vida de todos los ciudadanos. 

Para Simón Gaviria, director del Departamento Nacional de Planeación (DNP), la etapa que llegará una vez se firme el acuerdo (conocida como ‘posconflicto’) traerá un aumento en la inversión en aquellas regiones que se han visto afectadas por la violencia guerrillera. Esto collevará un aumento de la productividad y un crecimiento económico superior al que tenían históricamente.

“El proceso ayudará a reducir las brechas que existen en las diferentes regiones, lo que traerá un aumento significativo en sus ingresos. Esto, en últimas, permitirá realizar inversiones en bienes públicos que aceleren el surgimiento de cadenas productivas, así como la especialización de las regiones en diferentes productos”, comenta Gaviria.

De acuerdo con un estudio adelantado por el DNP, el crecimiento potencial del Producto Interno Bruto (PIB) de Colombia podría alcanzar tasas de 5,9% anual, cifra superior al nivel de crecimiento potencial actual de 4%.

Para Gaviria, el mayor dividendo que traerá la firma del tratado de paz será el incremento en la confianza en el país. Esta tendrá impactos internos y externos, que influirán positivamente en toda la economía. “En primer lugar habrá un efecto interno, con un aumento de la tasa de inversión y el consumo de los hogares. Estos factores impulsan el crecimiento de la economía, con un mayor aporte en los primeros años después de la firma del acuerdo”, dice.

En este caso, la tasa de inversión es la variable que más impacto positivo tendría y que se convertiría en el motor del crecimiento económico. El DNP espera un crecimiento de 5,5 puntos en la tasa de inversión, y con ello Colombia llegaría a una tasa de inversión cercana al 35% del PIB en el largo plazo.
Para el organismo, la paz, además, permitiría duplicar el PIB per cápita en menos de diez años, con lo cual Colombia se consolidaría como un país de ingreso medio-alto y pasaría de un ingreso per cápita de US$6.800 a US$12.000 en el largo plazo.

En segundo lugar, el impacto externo de la confianza en el país se reflejaría en un incremento en la inversión extranjera y en una mejora en el comercio, en la medida que se incrementen las exportaciones.

“Esperamos un alza de la Inversión Extranjera Directa (IED), con un dividendo que se refleja en un aumento de 3,3 puntos del PIB. Esto permitiría llegar a US$36.000 millones de IED en el largo plazo, frente a US$12.000 millones de hoy”, comenta Gaviria.

En este caso el gobierno espera un incremento de la apertura y dinamización de las exportaciones, con una mayor oferta de bienes y servicios para el comercio internacional. Para el DNP, este dividendo sería de 6,4 puntos del PIB adicionales de exportaciones, lo que le permitiría alcanzar US$65.000 millones sostenidos en el largo plazo.

Voces moderadas

A diferencia del gobierno, los analistas económicos son cautos a la hora de predecir el verdadero impacto que tendría este acuerdo sobre la economia colombiana, aunque conservan el optimismo por sus efectos sociales y morales. Los expertos concuerdan en que la influencia de esta guerrilla sobre los diferentes sectores económicos se encontraba en franco retroceso y estaba limitada a zonas alejadas de las centros urbanos.

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Leonardo Villar, director ejecutivo de Fedesarrollo, cree que la mayor parte del país no verá grandes beneficios económicos, más allá del repunte en la confianza para hacer negocios entre consumidores e inversionistas. “Buena parte del impacto de la paz en las regiones ya se ha visto a lo largo de los ultimos diez a quince años, en los cuales se ha reducido de manera muy importante la violencia y el gobierno ha recobrado control sobre el territorio nacional”, dice.

Cabe recordar que las FARC habían visto decrecer rápidamente a sus adeptos en los últimos años. Según cifras de inteligencia militar, pasaron de tener 20.766 miembros en 2002 a cerca de 6.700 combatientes en 2014. Ahora, el gobierno espera que solo 6.000 guerrilleros se beneficien de los programas sociales asociados con el proceso.

Una investigación adelantada por Bank of America y Merrill Lynch Global Research estima que el conflicto armado con las FARC le restó 0,96 puntos porcentuales anuales a la tasa de crecimiento de Colombia en su momento de mayor intensidad, entre 2000 y 2005.

Sin embargo, su estudio estima que el crecimiento económico en el posconflicto apenas llegaría al 0,27% del PIB, pues la guerrilla ha perdido influencia sobre actividades claves de la economía local. Esta sería una cifra baja si se considra que adelantar los programas sociales y económicos del posconflicto le costaría a Colombia entre 1,1% y 3,8% del PIB de los próximos diez años (ver recuadro).

“En terminos netos, el impacto del acuerdo sobre la capacidad de crecimiento del PIB puede ser del orden de 0,3 puntos porcentuales por año. No se trata de algo despreciable, pero claramente los beneficios serán muy superiores para las zonas marginadas del país donde aún hay conflicto. Mas importante será el impacto social y ético, que permitirá mejores condiciones de bienestar a los colombianos por el sólo hecho de vivir en paz”, dice Leonardo Villar.

Regresar al campo

Los expertos coinciden en que el sector agrícola sería el más beneficiado por el fin del conflicto. Las FARC han concentrado sus actividades claves en zonas rurales, como los departamentos de Meta, Tolima, Guaviare y Casanare.
Para Juan José Perfetti, ex viceministro de Agricultura, la presencia de diversos factores de violencia, como el secuestro o la extorsión, ha limitado la inversión privada nacional y extranjera en las actividades agrícolas, lo que se ha reflejado en una menor menor producción, pocos empleos y una baja oferta de alimentos.

“La firma de un acuerdo de paz podría significar que la inversión privada se sienta más atraída a dirigir sus recursos hacia al campo, lo que dinamizaría el crecimiento agrícola y el desarrollo de los territorios rurales, de contar con las políticas y las inversiones públicas requeridas”, dice Perfetti.

Cabe señalar que el primer punto del acuerdo propuso una transformación de la política agraria, para brindar a los campesinos acceso a estímulos para la producción, subsidios y asistencia técnica. Aunque se habla de una posible reforma agraria, lo cierto es que los costos alejan esa posibilidad.
Según Bloomberg Briefs, el gobierno cuenta con 10,5 millones de hectáreas útiles que podría usar para ese fin, pero igual tendría que comprar 13,9 millones de hectáreas adicionales para llegar hasta el 79% de la población que vive en zonas rurales. Eso costaría US$82.400 millones, más del 20% del PIB. 

Si bien las opiniones acerca de las implicancias sobre la economía colombiana del fin del conflicto armado pueden diferir, lo cierto es que la paz traerá una mayor tranquilidad a la sociedad del país, y eso no tiene precio.

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