Sala de Inversión. Como todo proyecto, las empresas comienzan como entes económicos deficitarios, por lo que necesitan de grandes ideas, y por supuesto, de una interesante propuesta de valor que pueda atraer la mayor cantidad de inversores con el objetivo de poder captar fondos. 

Una vez que los han atraído, deben, por lo tanto, maximizar el valor de aquellos de largo plazo, concretando proyectos de inversión en donde éstos reciban un rendimiento superior al costo de capital invertido, y así, permanezcan invirtiendo. 

De esta manera, si pretenden seguir creciendo, las empresas tienen una difícil tarea. Por un lado, deben decidir cuáles son las mejores oportunidades para llevar a cabo, y a la vez, deben elegir la mejor opción de financiamiento adecuada para cada caso. 

Según Gustavo Neffa de Sala de Inversión América, los empresarios, accionistas e inversores deben considerar el ciclo de vida de las compañías, en qué etapa evolutiva se encuentran. No es lo mismo ser una recién formada que una madura y con un flujo de caja constante para seleccionar entre una u otra alternativa de fondeo.

Las decisiones sobre financiamiento de largo plazo se ven determinadas por atributos asociados a cada una de las etapas identificables en el ciclo de vida de las empresas: En sus comienzos, el perfil de riesgo es muy elevado ya que existen posibles pérdidas y flujos negativos. 

Allí, los Instrumentos financieros típicos son el capital propio, el de familiares y de amigos. Ni bien comienza a funcionar y requiere de efectivo en serio para concretar las primeras inversiones, que es cuando aparece el dinero más profesional, ya sea el denominado “inversor ángel” o Venture Capital. Es en ese momento cuando las áreas relevantes - además de la financiación - son el management, el producto y el mercado.

La segunda etapa es la de crecimiento, en la que el riesgo es más moderado. Además de sus directores, la relevancia está en el financiamiento. Todavía el cash flow es muy pobre y el crecimiento se debe dar sobre la base de una inversión creciente.

Allí es donde aparece el crédito bancario con algunas garantías. Es importante la calidad y cantidad de alianzas estratégicas que pueda llevar a cabo y que le permitan alcanzar el crecimiento. La emisión de acciones aparece como alternativa para permitir el crecimiento.

La etapa siguiente es la de la madurez, donde la firma profesionaliza todas sus áreas. A pesar de que el riesgo es muy inferior al de las dos anteriores, la competencia aumenta y trata de adueñarse de sus ideas y mercados.

Allí el financiamiento proviene de préstamos bancarios, alquileres, participaciones privadas y públicas, alianzas estratégicas, así como Private Equity y la emisión de instrumentos en el mercado de capitales como Obligaciones Negociables o bonos corporativos, y acciones.

El fondeo puede ser una mezcla de diversas fuentes en función de una arquitectura adecuada al plan empresario: la decisión de financiamiento propia de esta instancia está referida a la elección de una combinación (o relación) entre pasivo (deudas) y capital propio (patrimonio neto). O sea, entre costos fijos y variables.

Finalmente, la última etapa es la de declinación o reingeniería, que es en la que la compañía puede caer, o no, pero tarde o temprano puede correr el riesgo de hacerlo si no toma las medidas adecuadas. Tiene un riesgo elevado, y el financiamiento así como el management siguen teniendo un papel importantísimo, además de la estrategia con visión a mediano plazo para sortear los problemas de la mejor manera.

Allí la rentabilidad está en baja y los instrumentos financieros típicos en la etapa de declinación es la apertura del capital mediante emisión de acciones y la obtención de dinero de reconversión, es decir líneas de préstamos destinadas a reestructurar la empresa. De salir mal la combinación de herramientas empleadas para volver a la etapa de madurez, la empresa puede quebrar.

La existencia de un momento óptimo para la decisión de endeudarse está más que analizada por Solomon (1963), Robicheck-Myers (1966), Brealey-Myers (1993), en el que se plantea un trade off o una combinación de ventajas debido a beneficios fiscales y de apalancamiento por un lado vs. el costo de dificultades financieras crecientes por el otro. Pero si bien existe, se cumple para un determinado rango de relaciones entre endeudamiento y capital propio.